Vie10192018

Últ. Act.Vie, 19 Oct 2018 8pm

Back Usted está aquí: Tapa | Cultura | Categorías | Personajes | Juan Oña: artista pigüense del tatoo

Personajes

Juan Oña: artista pigüense del tatoo

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter

El arte de tatuar se remonta en el tiempo más lejos de lo que la mayoría de la gente piensa. Los Egipcios ya conocían y practicaban la técnica del tatuaje hace 3000 años. Se sabe que ya que desde la XI dinastía egipcia se practicaba el arte del tatuaje. Uno de las más famosas momias tatuadas Amunet, una sacerdotisa de la diosa Hathor, en Tebas.


Hoy y desde hace varios años, se ha convertido en todo un fenómeno y en una filosofía de vida.
Juan Francisco Oña es un joven pigüense que realiza la actividad desde hace casi ocho años, reside en Avellaneda pero siempre vuelve a Pigüé donde atiende a clientes que deseen tatuarse.


Juan realizó su escuela primaria en la Escuela Nº5, continuó en la Escuela Técnica, y había comenzado el terciario para estudiar Profesorado de Educación Física, pero no pudo continuar.


Su padre trabajaba en Gatic hasta que cerró en Pigüé y se trasladó a trabajar a otra planta ubicada en Las Flores y su madre alquila disfraces en su domicilio sobre le final de calle Sadi Carnot y es nieto de Tito Armani.


Hoy, la profesión de Juan es la de tatuador, según contó asistió a la Escuela Técnica por que sus amigos se habían inscrito allí, decidió la orientación construcciones en la creencia que le resultaría fácil por su talento para el dibujo, pero no fue así, ya que no se trataba de dibujo artístico como lo que le gustaba.


" Yo vivía dibujando, desde chico, nunca fui a aprender, pero me hubiese venido bien, también me gustaba la música, estuve en la banda "Niña Calavera"; y me llamaban la atención las tapas de los discos, esa artística, todos me decían que tenía que tatuar, pero la verdad, no me llamaba la atención, un día me fui a Buenos Aires, quería vivir un poco allá, y, enfrente de mi casa, había un local de tatuajes"; comenzó relatando Juan Oña.


Claro, las casualidades no existen, ese local en Villa Crespo fue la señal, allí fue Juan a realizarse un tatuaje con su dibujo, indagó al tatuador sobre la técnica, le acercó sus dibujos y así se fue acercando.

«Me enseñaron el arte»

" Tuve suerte que me orientaran un poco porque el mundo del tatuaje es muy cerrado y nadie te explica nada, se guardan los secretos"; contó Juan y agregó que leyó mucho sobre el tema en revistas especializadas y, a través de la información del tatuador de enfrente, del que se fue haciendo amigo, supo sobre las herramientas que debía comprarse para comenzar a tatuar.


Sus amigos fueron los primeros es prestar una pierna o un brazo para que comience a ensayar, así comenzó un camino que continúa, siendo hoy un tatuador muy reconocido.


" Al primero que tatué fue a mi amigo Leandro, de acá, de Pigüé, le hice en el gemelo el símbolo de "Massacre", y enseguida le hice una estrella en la pierna a Lucas Sewald".

La técnica

El tatuaje, pigmentación o micro-pigmentación dérmica, bien sea reconstructiva, artística o estética, consiste en la implantación de microgránulos de pigmento de distintas tonalidades en el tejido dérmico, con la ayuda de unas agujas estériles muy finas conectadas a un dermógrafo, que realiza un movimiento de percusión sobre la piel, depositándose así este pigmento de manera permanente.


Juan Oña contó que no toda imagen es apta para reproducir en la piel y detalló la técnica que practica: " se calca en un papel, como un carbónico, de pega con un líquido y queda fijado para después empezar a tatuar, también se puede hacer a mano alzada, yo hago las dos cosas"


Luego se ese primer paso en el tatuaje, la cosa continuó hasta que la dedicación fue completa. Juan trabajaba en el Bingo Avellaneda, un compañero quiso un tatuaje de él, después otro y otro; así la mayoría está tatuado por Juan.


" Así se empezó a correr la bola, me traían al primo, después el primo me traía a la hermana, el de seguridad me traía a la hija, y así me largué, después me mudé con mi novia a Geli me adapté una habitación para hacer los tatuajes, después me echaron del bingo y pensé en buscar otro trabajo, pero la demanda seguía y entonces me dediqué a tatuar en casa".
Las recomendaciones del vecino tatuador fueron precisas en cuanto a la técnica y a las herramientas, así de a poco, fue comprando las mejores de modo de asegurar una mejor terminación en el trabajo más allá de su don en el dibujo.
" Hace cinco años que vivo del tatuaje, y venía a Pigüé cada tanto y tatuaba a mis amigos, al final las visitas se hicieron cada vez más largas porque no me alcanza el tiempo, allá hay que cuidarse por la inseguridad"; añadió Juan.
El costo de un tatuaje se cotiza según el tamaño, si es color o no o las sesiones que implica cuando es muy grande, además se cobra el insumo, diseño y las horas de trabajo.
"El tatuaje produce dolor, ese sufrimiento yo lo respeto, yo tatúo hasta que el cliente aguante, me dedico a pleno, el cuerpo avisa cuando hay que dejar, el tatuado empieza a temblar, se fastidia, y, a veces cuando ya no entra más sangre en la piel la sangre empieza a salir con más frecuencia, uno tiene que estar atento a esas cosas"; comentó el tatuador.

Los «No» del tatoo

No todas las partes es conveniente tatuarlas, Juan afirmó que él elige no tatuar los labios, el rostro, los dedos, la planta de los pies, las palmas de las manos: " a veces vienen con ideas que no están buenas, no son viables, hago recomendaciones, pregunto mucho, por ejemplo el rostro y las orejas lo evito también, y también sugiero porque hay cosas que quedan mal, uno tiene que ser responsable".


Más allá del tatuaje convencional que el cliente pueda elegir hay tatuajes que, podemos decir, llenan un hueco, como el dibujar pelos en cicatrices. «Me ha tocado de tatuar pelos para disimular cicatrices en las cabezas», recuerda.


También sucede que hay muchas personas acuden a borrarse un nombre de un ex o una ex que se han tatuado y luego vuelven a tatuarse el nombre de la actual pareja. Los tatuajes se borran mediante un láser, pero la piel queda resentida, además se trata de un tratamiento costoso, también se puede volver a tatuar.


" Me especializo en tatuajes grandes, para mí es más entretenido, se tiene que adaptar al cuerpo, fluir con él, acá, por ejemplo he tatuado dos espaldas, mangas, es decir desde el hombro hasta la muñeca, me faltaría hacer una pierna completa"; indicó el tatuador.


También aclaró que el tatuaje envejece con la persona.


Como en otras actividades, el tatuador debe capacitarse, y, especialmente tener ciertos conocimientos ya que actúa sobre la piel de una persona; advirtió también que se ofrecen ciertos cursos que son, simplemente, para sacarle dinero a la gente. Y añadió que hay tatuadores que a la hora de capacitar esconden información.
Con el tiempo el tema del tatuaje ha ido avanzando en el país y todo Latinoamérica y hoy se tatúan más las mujeres que los hombres; así lo aseguró Oña.


Finalmente al hablar de lo que más desea realizar como artista del tatú, señaló un body japonés en una mujer: " es tatuar desde el cuello hasta la cola, que puede estar incluida o no, todo con temática oriental me gustaría hacerlo en una mujer por las curvas, fluye mejor el tatu, estoy esperando que me lo pidan, sería lindo esa persona llevaría mi tatuaje durante toda la vida en casi todo el cuerpo"; contó Juan.


Lo complicado de la profesión y de vivir de la actividad es que es muy fluctuante, tal cual sucede con todas las disciplinas artísticas; el tatuador afirmó que a veces el trabajo es continuo y otras escaso. «Me va bien, no me puedo quejar. Porque la gente se tatúa cuando tiene plata..» reconoce Juan.


Para decir que «las redes sociales me sirven mucho para promocionar mi trabajo y conseguir clientes.. El proceso del tatuaje es largo, hablar con el cliente, preparar el diseño, ver si va bien el cuerpo. Tatuarte, hacerlo, curarlo, hacer la foto al book... Lleva un tiempo».


Al momento de nombrar un tatoo que lo enorgullezca más que otros, recordó «la primer manga que hice en Pigüé. Era un chico que me pidió un sol azteca, yo tenía miedo, pero me salió re bien. Luego, le chico se copió e hicimos toda la manga. El confió en mi para hacerlo a mi gusto... Es hasta el día de hoy que me siguen preguntando por ese tatoo y por eso sigo teniendo laburo».


El artista reconoce que mucha gente va solamente porque le gusta la imagen simplemente o cuando hay una historia te la cuentan y «lo que te cuentan lo querés reflejar en el tatoo».


Cuando se le pregunta a Juan si todavía lo miran raro por dedicarse al tatoo, responde que, «la gente se acostumbra, ya no hay tanto prejuicio..». «Es como el músico, esto es vivir de una arte. A mi se me fue dando, cuando vi la oportunidad yo le di para adelante porque es vivir de lo que uno soñó. Yo puedo estar tatuando 10 horas seguidas».


Y define el ser tatoo diciendo que, « si hace feliz a alguien y yo me siento feliz haciéndolo es lo mejor que te puede pasar».