Mié08152018

Últ. Act.Mié, 15 Ago 2018 8pm

Back Usted está aquí: Tapa | Cultura | Categorías | Personajes | Rodolfo Tisera: LAS VUELTAS DE LA VIDA

Personajes

Rodolfo Tisera: LAS VUELTAS DE LA VIDA

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to Twitter

Rodolfo Tisera nació en Saldungaray, a 8 km. De Sierra de la Ventana el 24 de octubre de 1952, es el mayor de los cuatro hermanos.


Sus padres se separaron cuando él tenía siete años y también fueron separados los hermanos, él se quedó viviendo solo con su padre en la Estancia Funke, donde cumplía tareas de alambrador. En ese bello lugar, en medio de la naturaleza con el paisaje de las sierras destacado por el cerro Tres Picos, y en una casilla de madera vivió hasta que se casó. Fue al colegio en la misma estancia, y, siendo adolescente, también, como su padre, trabajó como inseminador artificial en la estancia.


En nuestra comunidad, Rodolfo Tisera es conocido y reconocido como letrista y artista plástico, lo rodean los pinceles y los colores, pero, la vida misma, se encargó de pintarle ribetes únicos.


" Vivíamos en una casilla de madera que todavía está en la estancia, teníamos casa en el pueblo donde íbamos también, hasta los 21 años viví ahí, no había televisión, sólo una vieja radio, leía mucho, en esa época era el boom de las revistas comic, El Tony, Fantasía y D´artagnan, ahí salía los avisos para ser dibujante, hice una solicitud por correspondencia y a los dieciséis años me recibí de dibujante publicitario, la escuela era de Ramos Mejía, mi abuela paterna vivía en Buenos Aires con uno de mis hermanos, fuimos en tren con mi padre, fue toda una aventura para mí».


«Al instituto fui con mi hermano donde hice un ejercicio como examen, el profesor que trabajaba en la editorial Perfil, me invitó para ir al día siguiente, fuimos al salón de los dibujantes donde había 40 personas con su tablero dibujando para las historietas, me propuso trabajar ahí, pero mi padre me dijo que no"; relató Rodolfo.
Repasó que, por aquellos años se trabajaba muy duro en el campo, donde también trabajaba como alambrador, él no fue al colegio secundario.
Mientras tanto, poco y muy eventualmente, tuvo contacto con sus hermanos, sin saber ni averiguar nada sobre el paradero de su madre.


A los 20 años cumplió con el Servicio Militar Obligatorio en Bahía Blanca, con un mes de maniobras en Zapala, en pleno proceso militar, no fue convocado para la Guerra de Malvinas porque ya estaba casado.

Buena letra

Cumplido, comenzó a trabajar como camionero hasta 1977, a partir de la fecha fue que empezó su carrera de letrista. "Había conocido a un hombre de Olavarría, Osvaldo Malatea, era un excelente letrista, con la indemnización que me dieron por el cese de actividad con el camión, me compré una citroneta y me fui a Olavarría a trabajar con él, ahí empecé a trabajar con carteles, y aprendí mucho, en el año 1978 él tuvo a cargo la publicidad estática del estadio mundialista de Mendoza, se fue con dos letristas y más tarde fui yo también, conocí el estadio pero nunca con gente y fútbol; en ese tiempo todas las letras se hacían a mano, había mucho trabajo porque no había ploter, computadora, nada, se diseñaba y se dibujaba todo a mano, así que era un oficio muy buscado"; contó Rodolfo. Esta experiencia fue suficiente para iniciar su oficio solo, con la venia y la confianza proferida por de su empleador.


Respecto de su trabajo, Tisera refirió que cuando se adquiere agilidad y dominio de las técnicas, la actividad empieza a rendir. Él tenía 26 o 27 años cuando empezó a trabajar por cuenta propia.


Rodolfo se casó muy joven, la pareja tuvo tres hijos varones, Ignacio, Marcelo y Martín y se separó a los diez años, luego formó pareja con Olga con quien tiene dos hijos, Romina de 27 años y Matías de 26. Tiene once nietos, su hijo Martín, que vive en Tornquist, tiene siete niños.


Divorciado de su primer mujer, y, con la tenencia de sus dos hijos mayores, y su nueva pareja, Tisera se decidió a venir hacia Pigüé porque a raíz de la actividad automovilística en el autódromo local, tenía trabajo como letrista asegurado.


Posteriormente, a través, en principio de la Asociación de Artistas Plásticos locales, comenzó, de a poco, el desafío de la obra artística; él se define como autodidacta y prefiere la obra de elaboración, no así el arte efímero.
" Para mí el arte es eso que traemos de chicos, el jugar, y que después perdemos con el tiempo, los animales no pierden nunca, el arte te recupera, te da la posibilidad de la creación, te rescata del vivir diario, para mí, personalmente, va a ser el retiro, me imagino dibujando y pintando cuando ya no trabaje"; expresó Tisera.

Reencuentro
con la madre


" Uno de mis hermanos se crió con un tío que vivía en Coronel Pringles y los otros con mi abuela paterna, mi mamá, en ese momento, era un ente desaparecido, volví a verla después de 37 años de no verla, pero fui un chico felíz, criado en medio de la naturaleza y mi familia me trató tan bien que no sentí su falta, cuando nos reencontramos y ella me contó lo que había sufrido porque la habían separado de nosotros, me puse en el lugar de ella y, en verdad es una situación traumática para cualquier persona, ahora estamos en muy buena relación, mi vieja tiene 84 años, vive en Buenos Aires"; relató Tisera.


¿El reencuentro con su madre surgió a través de la casualidad?; él contó que un día, pintando un camión, un hombre le preguntó que vinculación tenía con el Tisera alambrador, el señor estaba casado con la hermana de su madre, es decir su tía, y vivía en Pigüé.


" Ahí se me abrió el mundo de mi madre, conocí a mi tía, yo tendría 35 años, un día me dijeron que mi mamá había pedido mi teléfono, supe que tenía dos hermanos más, y al tiempo iniciamos una relación de madre-hijo, el encuentro fue muy emotivo, ahí la memoria empezó a refrescarse, me trajo momentos y, supe que por una decisión de un juez ella no podía vernos, mi padre no era un hombre que hablaba así que yo no sabía nada, ella era muy joven entonces y fue muy traumático, a partir de ahí y desde hace como 25 años fueron muy buenas vivencias; todavía hoy al recordar el momento del reencuentro me emociono"; contó Rodolfo. Para agregar que sus hijos mayores recién conocieron a su abuela paterna ya casados y con hijos.


Otra parte curiosa de la historia tiene que ver con su hermano Sergio, quien vivía en Buenos Aires, trabajaba de mozo y alquilaba un departamento en calle Paraná, desde donde solía ver a la portera del edificio de enfrente barriendo la vereda, años más tarde, supo que la mujer, era nada más y nada menos, que su madre, ellos se cruzaban, prácticamente, todos los días.


Luego él fue a vivir a Pinamar y, en el reencuentro supieron de tal situación.
Finalmente Rodolfo Tisera expresó que tiene una vida muy grata, sin cuentas pendientes. Seguramente, su historia no sería la misma sin ese reencuentro con su madre que se produjo, 25 años después…las vueltas de la vida…