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Editorial

"La fiesta de la familia"

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fies famil

(por Walter Ditrich. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).- El cantor llega sorprendido. «No puedo creer esto, es una ciudad en el medio de la nada» dice al pisar del predio del Club de Pesca y Turismo de Pigüé. Como le pasó el que cantó antes que él, también se perdió en el camino. Desesperado, pensó que llegaría antes a la baja espalda del mundo que a un festival de doma y folklore.


El olor a carne asada invita al festín. Atado a un camión, un cordero llegó en pie, atado con una soga y ahora se desgrasa en un asador. Al lado, un lechón recién faenado cuelga de una planta para comer mañana. «Trucooo» grita un paisano en la rueda que apura un vino manso bajo las plantas.


Otro, rastrilla con cara pícara una cancha de taba para la noche, donde el «casino gaucho» traerá suerte a la paisanada si cae del lado bueno. En un parlante chillón, suenan décimas de un payador campero. Un muchachito revienta de un pelotazo el equipo de sonido y un gaucho gordo de patas blancas pasa, toallón el hombro, rumbo al baño. A juzgar por el rollo que le flamea en las manos, hará un uso completo del sanitario.


Lonas atadas a entre las ramas, camiones, tractores, acoplados, carpas, y colchones tirados en las cajas de las camionetas desvencijadas; son los «motor home» de los puesteros que poblaron el camping campero. En la cantina se apura otra copa y un cantor ronco recita versos sobre mujeres que se fueron y caballos que se mancaron a poco de andar.


Los pibes pasan con un melón cortado al medio lleno de bebida espirituosa y ensayan un piropo, de dudosa efectividad, a dos chicas que lucen sus boinas rojas con la cabellera al viento.


Las reposeras, atadas al alambrado, esperan otra emoción en el ruedo. Nadie se lleva lo que no le pertenece. Nadie desenvaina su cuchillo a no ser para alimentarse y cuando el animador grita que un jinete sale del palenque se paralizan los corazones. Como se si fuera a patear un penal en el minuto 90.
Si la monta sale buena, la gente se va parando como si hiciera la ola y aplaude de pie. Es como un grito de gol. Al rato, las carcajadas celebran las ocurrencias picarescas de quien relata.


Bajo las plantas, se habla de caballos, de tropillas, de recados y pilchas gauchas. A los puestos de pilcheros salen de shopping las mujeres para comprar ropa sin etiqueta original. Y los hombres gastan sus patacones en mejorar el recado.
Se corean zambas, chacareras, se gritan sapucay y las alpargatas, las botas y las rastras siguen siendo «la moda del verano».


El paisano se fue a mirar la jineteada, la patrona le ceba un mate en la reposera de al lado. Los gurises chapotean en la laguna y la nona recorre las ofertas. Los vagos preparan el jarrito con fernet para no pasar sed en la bailanta y las chicas visten las mejores pilchas para cosechar suspiros.

La familia está de fiesta. Todos fueron a la fiesta de la familia.