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Editorial

La voluntad docente

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profe

Por Walter Ditrich (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).- Soy  docente y tengo voluntad. Tengo la voluntad de levantarme cada mañana e intentar lo mejor, aunque paguen poco. Con voluntad, trato de proveer a mis alumnos de todo lo necesario, desde la cartulina hasta una computadora.

Porque el gobierno habla de revolucionar la educación, pero computadoras en las escuelas no hay mas. Como no puedo llevar todo lo que falta, tengo la voluntad de integrar cooperadoras para comprar útiles o mantener los edificios escolares.

Con voluntad junto a mis compañeros salimos a reclamar comida cuando se nos desmaya un pibe por hambre en la escuela y hasta me ha tocado negociar con gerentes de banco para que no desalojen familias con inexorable destino de calle.

La voluntad no nos falta en las escuelas. Es la que ponemos para pintar, reparar, acompañar a los alumnos víctimas de violencia familiar. O para intentar suplir las carencias del estado cuando las adiciones hacen estragos entre los jóvenes.

La voluntad hace que intentemos mejorar contenidos y buscamos estrategias nuevas para captar la atención de los pibes más apegados al celular que a los contenidos prescriptivos.

Por voluntad propia hasta nos juntamos los recursos vendiendo pizzas, cocinando empanadas o lavando autos cada vez que necesitamos hacer una salida educativa. Buscamos trabajo para nuestros alumnos que lo necesitan e intentamos acompañarlos en el camino hacia un futuro mejor en una sociedad que vive haciéndoles o haciéndonos  zancadillas.

Con pura voluntad también, soy delegado sindical en mi escuela. No cobro un peso por hacerlo, pero intento ayudar a mis compañeros de trabajo en trámites, cuestiones gremiales o de salud. Porque es sabido que el sistema público de salud se cae a pedazos y los docentes no pueden costearse prepagas o internarse en sanatorios privados. Quienes integramos los sindicatos docentes nos afiliamos voluntariamente y aportamos parte de nuestro sueldo,, solidariamente;  para que el sindicato nos atienda y nos defienda. Elegimos a nuestros representantes en elecciones libres y democráticas y opinamos sobre los caminos a seguir. Siempre voluntariamente.

Cuando decidimos una medida de fuerza, adherimos voluntariamente. No existen patotas sindicales entre los maestros. No hay docentes poniendo miguelitos en las puertas de las escuelas para que nadie vaya a trabajar. Los trabajadores de la educación que así lo desean, paran, porque comparten las razones de la protesta. Aunque nos descuenten el día.

Porque tenemos la voluntad de defendernos, ayudarnos y ser solidarios con nosotros y con los demás.

Muchos no lo ven, o no lo quisieron ver. Pero se realizaron decenas de marchas, protestas y diversas acciones por comedores escolares, transporte infraestuctura, recortes en políticas socioeducativas. pero nunca existió la voluntad de resolverlo.

Se necesita voluntad , también, para llevar ponerse el delantal por $9.800 por mes y estar, ahora «oficialmente» bajo la línea de pobreza. Y encima, soportar el dedo acusador de la sociedad y la clase dirigente responsabilizando al docente de todos los males de la educación.

No hay políticas educativas a largo plazo. Se recortan los presupuestos. Niingún político habla de educación en campaña. No se profesionaliza la carrera docente. Un pibe de provincia recibe $12 por día para comer en la escuela y cruzando la General Paz, en capital se paga $40. Se habla de entrar a la revolución educativa y ya se interrumpió la entrega de computadoras. Un tercio de la población está bajo el índice de pobreza y se pretende una escuela finlandesa en barriadas sitiadas por el hambre la exclusión y el narcotráfico. La escuela donde trabajamos los docentes está en este país, aunque muchos dirigentes - responsables de la situación argentina- parecen no haberse enterado.

A la mayoría de los docentes, no nos falta voluntad.

Voluntarios, parece que también sobran fuera de la escuela. Voluntariamente se han ofreció a reemplazarnos porque no aceptamos ser trabajadores pobres. Los «voluntarios» se unieron a la voluntad gubernamental para que  quien no acepte salarios indignos pueda ser reemplazado. A ellos los une la voluntad de someternos, humillarnos, culpabilizarnos.

Nunca, esos voluntarios se acercaron a las escuelas a mejorar la ración de los comedores, a  reparar los techos, a ayudar a las familias sin trabajo, sin casa o sin cobertura social. Los une la voluntad de demonizarnos y condenarnos a salarios indignos. Se unen, voluntariamente para «bajar los costos de la educación», que encima, pretenden sea de mayor calidad.

Ojalá sumaran buena voluntad. Ojalá el gobierno pusiera voluntad,. Ojalá todas las voluntades se unan voluntariamente por una educación mejor.

Podrán impedir un paro o no. Le podrán cortar el pelo a Baradel , amenazarle a su familia o declararlo persona  « menos grata que el hombre de la bolsa». Pero la educación no mejorará aunque desaparezcan los sindicatos,  los docentes acepten ser pobres; o sean reemplazados por la militancia digital PRO.

La voluntad es «la Capacidad humana para decidir con libertad lo que se desea y lo que no». Con libertad, la mayoría de los trabajadores docentes deseamos salarios dignos y una política de defensa de la escuela pública con calidad educativa e inclusión de todos nuestros compatriotas.

Reclamamos desde nuestra libertad. Lo deseamos con fervor.

No podrán doblegar nuestra voluntad de luchar  por un salario digno.

Porque somos docentes y nos impulsa la voluntad.