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Editorial

La alegría brasilera

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(POR WALTER DITRICH.- Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.), La alegría no es sólo brasilera, y la corrupción no es únicamente argentina. Los sucesos que sacuden Brasil, parecen tener un típico gustito criollo. Una empresa estatal como Petrobras, contratos con obras públicas, pago de coimas a empresarios amigos y luego lavado a través de hoteles, restaurante y firmas fantasmas.

Allá le llaman «Lava jato», acá podés llamarlos Lázaro, Cristóbal, Fariña y sigue la lista. «Para favorecer la contratación de ciertas empresas, la petrolera brasileña pedía sobornos que rondaban el 3% del presupuesto, que se repartía entre políticos y empresarios. El dinero era reintroducido al sistema a través de negocios de hoteles, lavanderías y estaciones de gasolina para ser blanqueado. Luego era transferido al extranjero, a través de empresas 'fachada', a cuentas en China y Hong Kong» dicen las crónicas cariocas. ¿Te suena?.


El Presidente grabado pautando coimas con un empresario para comprarle el silencio al Presidente de la Cámara de Diputados, que está preso. Casi todos los políticos salpicados y el pueblo caceroleando al ritmo de samba.


Parece Argentina. Pero es Brasil. Y en medio del escándalo, Brasil tiene una característica que nos super en calidad institucional. Aunque casi todos sus políticos estén en medio del Petro bao, el Mensalao o el Lava Jato. Es que la Justicia brasilera está funcionando con esos políticos en el poder. La independencia del poder judicial se está llevando puesto a todo el poder político, y las herramientas como la ley del arrepentido ayudan a la búsqueda de justicia.


Sergio Moro, el Juez Federal del que habla el mundo, es un brillante abogado que accedió a un Juzgado Federal con 26 años. ¿Cómo lo hizo?, no fue a través de un acuerdo político, no se enroló en la «Justicia Legítima» de Brasil, ni canjeó favores políticos a lo Oyarbide. Simplemente, accedió su cargo por concurso, Rindió y demostró ser el mejor.


Políticos y empresarios corruptos hay en todos los países del mundo. Los hay en el Primer Mundo, en el Segundo, en el Tercero. Hay ladrones de guante blanco que irradian pureza de blancura, los hay morochos, negros, amarillos y colorados.


Nunca podremos erradicar a los corruptos. El tema es que hacemos con ellos. Si los perseguimos, enjuiciamos y condenamos; o garantizamos la impunidad.
Mientras la corporación político empresaria siga dominando a nuestra dependiente justicia es más probable que la justicia siga sonando con ritmo de samba. Y nosotros, lamentemos el tango eterno cantando aquello de «en el mismo lodo, todos manoseaos...».