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Editorial

Los ismos y las ideologías

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(POR WALTER DITRICH.- Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.), Luego de que el General dijera aquello de que «el año 2000 nos encontrará unidos o dominados», podríamos parafrasearlos anticipando que el 2017 nos halló «unidos y amontonados».

Es que la vieja Argentina del bipartidismo, de aquellos «viejos adversarios que despedían a los amigos», hace rato quedó solamente en los libros de historia. Cada vez más, peronistas y radicales, conservadores y «progresistas» se entremezclan en la arena de la política. Y convierten esa arena en un lodazal donde en terminan todos manoseados.


Margarita, de origen radical y otrora abanderada del «progresismo», acaba de formar pareja con Massa. Un kirchnerista arrepentido que reclutó a ex pingüinos, peronistas, ex menemistas y fue sumando sectores del justicialismo residual que no quisieron mudar banderas a Santa Cruz.


Los radicales, le aportaron decenas de comités desperdigados desde Ushuaia a la Quiaca al partido vecinalista porteño de Macri para convertirlo en gobierno. Alfonsín, habría despotricado contra la nueva alianza de los radicales, por aquello de que «Si la sociedad se hubiese derechizado, lo que la UCR debe hacer en todo caso es prepararse para perder elecciones, pero nunca para hacerse conservadora». De todas formas, los correligionarios de Don Raúl recuerdan que en su centenario historia se juntaron con De Narváez o llevaron de candidato a presidente a un peronista como Lavagña, ahora uno de los «renovados» de Massa.


Los K se autoproclamaron como recién bajados de la «Sierra Maestra» y tuvieron un Vicepresidente de la Ucedé; se aliaron con Menem, Isfran, y los varones más feudales del Conurbano. La vieja Lista 2 de Perón y Evita, sirvió como sello para los menemistas, los duhaldistas, los sciolistas, los kichneristas y los más rústicos virages de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, sin que nadie se pusiera colorado.


¿Será que las categorías políticas de antaño atrasan?. ¿Que los principios son obsoletos?. ¿Las doctrinas no pueden reducirse a 140 caracteres?. ¿Habrán muerto las ideologías?.. ¿O las pisotearon tanto que donde hubo fuego, ni cenizas quedan?.


Todos dirán que la viejas estructuras ya fueron. Que se viene la épocas de los «ismos». Donde cada Fulano arma su «fulanismo» para obtener resultados porque «tenemos vocación de poder». Y en ese querer poder, el fulanismo de Fulano, se suma al menganismo de Mengano para juntos cantar victoria en el funamenganismo del futuro.
Dirán que no importan los nombres, que lo importante es que triunfe el proyecto .Mientas Fulano y Mengano proyectan como mantener sus nombres triunfantes.
El Fulanismo y el Menganismo, dicen que han muerto las ideologías.


Nada les conviene más que terminar de erradicar los pocos ideales que aún, aunque sea en voz baja, hay quienes se atreven a pronunciar. Aunque parezca fuera de moda.