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Editorial

Tiran desaparecidos

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(POR WALTER DITRICH.- «Soy Walter, estoy en la redacción de Reflejos, quiero saber dónde está Santiago Maldonado» escribí. Escribo. Como escribieron cientos, centenares, miles.  Y enseguida,  las réplicas. De  un lado al otro de la puta grieta, ya no  se tiran con corruptos. Ahora se tiran con desaparecidos.

«Yo quiero saber donde está Maldonado y también donde está Julio López!!!» gritan desde el teclado los indignados del ciber espacio. Y emparentan al artesano desaparecido tras un operativo de Gendarmería con la chiquita Sofia Herrera, quien desapareció de un camping en el sur cuando paseaba con sus padres. O con los casos de trata. El mismo lodo, todos los desaparecidos manoseados.

«Donde está Santiago Maldonado? Donde está Maria Cash? Donde está Julio López? Donde está Sofia Herrera? Qué pasó con Nisman? Y las tantas mujeres desaparecidas?

Quiero justicia por los que desaparecieron en dictadura, y quiero la aparición de aquellos prohibidos de su libertad en democracia, VIVOS, sin distinción, con objetividad» dicen ahora intentando tapar una desaparición con otra» vomitan los unos. Los otros responden: «Marci, basura, vos sos la dictadura!».

La verdad, es que a la mayoría no le preocupa Maldonado, como no les preocupó López, ni Bru, ni Marita Verón ni nadie. Les preocupa justificarse, excusarse, lavar y echar culpas.

Se tiran, nos tiran, con desaparecidos.

Dijo el hijo de Julio López, «Los que piden por mi viejo cuando se pregunta por Santiago Maldonado no se preocuparon en 11 años». Crudo, certero y real.

Si hasta en este rinconcito de la Provincia, catorce concejales no se pudieron poner de acuerdo para sancionar un repudio.  Una declamación que no aparecerá a Maldonado, pero es un símbolo. Casi un símbolo de paz. La mayoría votó por expresar su «preocupación», al tiempo que se esmeró en marcar la «preocupación» por Julio López, Nisman y el López de los bolsos.... Preocupación que contempla, pero no busca, no exige, no interpela. Y con un sesgo de oportunismo también recuerdan al joven pigüense Miguel Bru.

A Bru lo desapareció la política de Duhalde y quienes acompañaron ese proyecto político nada dijeron durante los años  en que se encubrió el crimen  en las épocas de Klodczyk y la maldita policía. Cuando Julio López desapareció por ser testigo  contra Etchecolaz el gobierno anterior no inundó las calles ni las redes con la búsqueda y la militancia K no hizo de esa causa SU causa.  De Marita Verón se acordaron cuando Susana Trimarco desenmascaró al poder político de buena parte del país que fue cómplice de las redes de trata. A Nissman lo matan o lo suicidan segun la conveniencia mediática o política;  como pisotean los escombros de la AMIA una y otra vez.

Ante tanta mezquindad y demagogia,  30 mil desaparecidos de nuestra noche más oscura no han podido alumbrar una Argentina más derecha y humana. Da pena. Dan pena.

Se tiran, nos tiran;  con desaparecidos.

Los organismos  deberían ser la reserva moral de la lucha por los derechos humanos. Pero, muchos estamparon partidismos en sus banderas. En nuestras banderas. Mancharon  las banderas de todos. Se cayeron o se empujaron hacia la grieta.

Los unos y los otros se tiran con desaparecidos.

Nadie parece estar buscando  a Santiago Maldonado.

Parece que nadie quisiera encontrarlo.

Lo condenan, ambos ejércitos de mezquinos, al destierro en el reino de la incertidumbre eterna. Del cual no se vuelve. Al cual volvemos una y otra vez los argentinos que no parecemos derechos y humanos.