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Editorial

Telegramas

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(Por Walter Ditrich- Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).- «Tengo 57 años, dos hijos.. Yo pensaba jubilarme en la fábrica», me dice una de las despedidas de DASS en Coronel Suárez. Las informaciones nos confirman que están lloviendo los telegramas de despedido.

Incluso, hasta a personas con certificados de discapacidad. Un telegrama, como el que se ve en la foto no es un certificado de defunción, pero casi. Al menos, te relega a ser un paria social. ¿Dónde vas?.. ¿Qué hacés?. Sobre todo cuando al lado tuyo hay decenas, y decenas de decenas despedidos como vos. Cientos de despedidos condenados a la indignidad. Porque si es cierto que el trabajo dignifica, la desocupación te condena social y económicamente a la nada, la desesperación y la exclusión más cruel.


Ya iban más de 600 retiros «voluntarios». Con la soga al cuello y el despido como una espada de Damocles sobre los trabajadores, sin otra opción no queda más que agarrar el salvavidas de un puñado de pesos. Como la PATRIA REMISERA de Menem, ¿Te acordás?.


«Yo no veo la solución, he visto pasar mucha gente hablando con cargos importantes, pero la solución no la tenemos». «En un mes todavía no se conectaron con los directivos de la empresa para saber qué pasará con la fábrica», me dice la trabajadora despedida, con la voz quebrada.


«Mi situación no es tan crítica, tengo casa propia y dos hijos adolescentes. Tengo compañeras con nenes de 4 y 6 años y un bebé de un año y medio, alquilan y tienen una situación compleja. Yo tengo 52 años y esperaba una jubilación en la fábrica», describe con amargura.


«Los tiempos de la política no es el mismo que el nuestro» diagnostica comprobando como la insensibilidad de los que deciden hace doler. «La obra social no funciona, cuando vas a comprar no funciona. Está cortada». Osea, un desocupado ya no tiene derecho ni a enfermarse.


« La ausencia del gremio fue fundamental en el este conflicto, nunca apoyaron al trabajador. Nunca dijeron de luchar. Hay mucha gente asustada haciendo el retiro voluntario» dice la mujer dejando en claro complicidades o las omisiones.


«Estamos desocupados, desesperados. ¿Qué pasa cuando se termine el dinero el retiro voluntario?. ¿Con qué pagás la luz, el gas, mandás tu hijo al colegio?.. Hay un montón de gente en la calle,...Confiamos únicamente en manos de Dios» se sincera.


No es 2001. Es 2018. No es Gatic. Es Dass. No son las Nike que promocionaba Jordan. Son los containers del otro lado del océano que siguen llegando. No es el neoliberalismo menemista, es la apertura económica y la inserción en el mundo de Cambiemos.


¡Te acordás de las épocas donde se compraban las Nike a 70 mangos?. Venían de China o de por allá. Estaban de moda. Eran las mismas de la publi, esas que usan los campeones. Yo me les compré. Todos las tenían. Nadie me dijo que la fabricaban obreros esclavizados que apenas cobraban un plato de arroz trabajando de sol a sol.¿ A quién le importa?. Quizás no eran chinos, eran coreanos, taiwaneses.... ¿Quién sabe?. Si son todos iguales.... Las Adidas acá costaban mucho más. Un ojo de la cara!... Si encima son nacionales, una berretada!. . «Encima te tenías que aguantar a los empleados de Gatic, que andaban todos en 0KM..» «¡Entramos al primer mundo y todo volvió a su lugar. Podíamos usar Nike y los obreros que vuelvan a la bicicleta!!!» Y claro. Como yo que me compré las Nike; todos compraron importado y barato. Nos hicieron creer que un peso valía un dólar. UN PESO IGUAL A UN DOLAR!!, ¿Parece joda, no?. Pero lo creímos y la economía del país soportó esa mentira una década hasta estallar.


Los laburantes comenzaron a cobrar atrasado o a no cobrar. Despedidos, suspendidos, con retiro «involuntario» con futuro de remisero, en el mejor de los casos. Unas 600 familias de aquí se quedaron sin trabajo. Abandonados. A la orilla de la dignidad. Eran tus vecinos, tu primo, tu hermano. Aprendimos la lección de que las Nike a 70 mangos terminaban saliendo caras. Carísimas. La deuda social, ésa deuda social, aún está sin saldar.


Pero parece que nos empeñamos en volver a tropezar con la misma piedra. Esa crónica de una muerte anunciada que informamos en los ' 90 comienza a escribirse de nuevo. Dicen que la historia se repite. Yo creo que continua.


En 2016 entró más calzado importado que en los años anteriores. En 2017 se volvió a romper el récord. El gobierno de Macri abrió las frontera para que en nombre del «libre mercado» los leones vuelvan a comerse a los corderos para cumplir la teoría del no intervencionismo. Cientos de familias en la región ya quedaron en la calle..
José Mercado, compra todo importado.. «Lleva colores, síndrome de Miami/ Alfombras persas y muñequitas de goma/ olor a Francia y los digitales.../José es licenciado en economía / pasa la vida comprando porquerías» cantaba Seru en la década del ‘ 80../José Mercado compró todo importado en la época del «déme dos».
Yo compré las Nike a 70 mangos en los ‘ 90. Ahora, José vuelve al libre mercado porque a la economía hay que «sincerarla».


Sinceramente, si las Nike vuelven a salir 70 mangos porque los trabajadores de mi país se quedan sin laburo, no las quiero. Son caras. Carísimas.
La historia no se repite. Continúa.