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Editorial

A SEIS AÑOS DE LA TRAGEDIA DE ONCE: "El tren del revés"

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(POR WALTER DITRICH.- Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.) La culpa es del chancho no del que le da de comer. La culpa de morirse, la tiene el asesinado por no evitar que el asesino lo mate. Enterate. En el reino del revés nada el pájaro y vuela el pez.


Qué culpa tiene el empresario si le dieron millones de pesos en subsidios y nadie lo controló?.... Quién es responsable por ganar dinero?.
A quién se le ocurre viajar en un tren repleto donde, si pasa algo, seguro termina en tragedia?... Por qué no viajaron un día antes que era feriado y lo usaba menos gente?.


Nunca se te ocurrió revisar que los frenos funcionen antes de subir a un tren?....¿Cómo confías en un máquina con más de 50 años de uso?.
Nada el pájaro y vuela el pez.

Tiene razón el Ministro Schiavi cuando dice que la gente se amontona demasiado en los primeros vagones. Si se hubieran apiñado en los últimos, habríamos contado menos víctimas.


Es cierto lo que dice la Ministra Garré. Lucas viajaba en un lugar prohibido. Si no había lugar en el vagón, ¿Por qué no se subió en el techo como hacen los africanos?... De ahí podría haber saltado sin problemas tras el choque.


El sistema de contención de víctimas no se equivocó. Tenían razón los que le decían a la familia de Lucas que su hijo no estaba en los hospitales ni en la morgue. Allí no estaba, de hecho. La estadística no es tan mala: de 50 víctimas fatales y de 700 heridos, sólo se olvidaron 1 cadáver en la formación. Ni siquiera llega al 1% de los involucrados.


Es cierto lo que dice Cristina. Antes los trenes no iban abarrotados porque no había trabajo y nadie los usaba. Pero, por suerte, desde 2003, los más humildes pueden disfrutar viajando como vacas al matadero .- nunca más literalmente dicho- en los trenes saqueados por los amigos del gobierno nacional y popular.

Historia no oficial

Cuando nuestros abuelos esperaban el tren en cada anden de los pueblos del interior. Cuando en Saavedra 300 obreros hacían grande una ciudad trabajando en los rieles, en la Argentina la red ferroviaria estatal tenía 40.000 kilómetros y 190.000 empleados. Era la más extensa de América Latina.


Hace veinte años, un presidente peronista decidió que su déficit de un millón de dólares diarios era demasiado y había que cerrarla casi toda –y malvender lo poco que quedara. Ahora, en plena prosperidad neoperonista, quedan 7.000 kilómetros de vías maltrechas donde los trenes no pueden ir a más de 40 kilómetros por hora y dan trabajo a menos de 20.000 personas. El déficit, mientras tanto, subió a unos tres millones y medio de dólares por día.

Es plata que el Estado entrega en subsidios a las empresas concesionarias que, con tanto dinero gratis, ni siquiera se esfuerzan por cobrar los boletos –pero tampoco hacen la menor inversión en mantener y actualizar sus equipos. La mayoría de los vagones tiene entre 40 y 50 años; las vías se ondulan, las ventanas se rompen, las puertas nunca cierran. Y el Estado paga y paga pero no exige nada –total, los que viajan en tren son, en general, ciudadanos de segunda.

Qué culpa tiene el empresario si todos le pagamos por robarnos?; que culpa tiene el gobierno si los usuarios de los trenes de porquería lo siguen votando?; por qué siempre los periodistas buscan culpables para todo?... Y si el maquinista empezaba a frenar 100 metros antes y no pasaba nada?... Y si los frenos zafaban ese día como casi todo los otros, ¿Qué iban a decir?, eh?...

Muertes que, para esta altura ya queda claro, no es culpa de nadie. O por lo menos, los 51 cadáveres bien deberían explicar por qué no se apiñaron en un lugar que les permitiera no ser aprisionados por los hierros ante la eventualidad de un choque.


« Y si sabían que en cualquier momento podrían morirse en un tren, para que los siguieron usando?, me pregunto yo.. Ahora seguro que la culpa es nuestra!», dirá en cualquier momento un ministro con la mejor cara de póker. 

En el reino del revés, los culpables están libres y los inocentes siguen presos esperando en una vía muerta que nunca los lleva a la justicia.

(*) sobre un artículo publicado el 28/02/12.