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Editorial

En contra del aborto. A favor de la ley.

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-         (Por Walter Ditrich. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.)  ¿QUIÈN PUEDE ESTAR A FAVOR DEL ABORTO?, se pregunta Pepe Mujica en un video que me acaban de pasar. "Nadie.." respondo. Nadie, se responde el lìder oriental. Yo tampoco estoy a favor del aborto. Pero sí apoyo la ley que se acaba de sancionar. Lo dije desde el primer momento. Con el máximo respeto. Escuché e hice escuchar a quienes se manifestaban en contra, sin intentar forzar a nadie para cambiar de opinión. Sin descalificar, sin agredir. Porque el aborto, creo, es indiscutible desde los principios.

-          Como dice Pepe, “es sentido común, hay un cuadro de mujeres en la sociedad que se ve en la amargura de tomar esa decisión, contra viento y marea…. Ese mundo vive en la clandestinidad, y la explotan, y se juega la vida. Y toma decisiones más allá de las discusiones de principios políticas y filosóficas. Y ahí hay vidas que se pierdan. Reconocer ese hecho poniéndolo arriba de la mesa, legalizándolo, nos da la posibilidad de obrar persuasivamente sobre la decisión de esa mujer…. Incluso, muchas mujeres retroceden y se puede salvar más vida. Lo otro, es dejarlas abandonadas en medio de su drama, me parece que es hipócrita. Tenemos que hacernos cargo!... No puedo discutirlo como cuestión de principios, lo discuto como una realidad”. Subrayo cada palabra. Lo dijo Pepe. Lo reafirmo, con respeto, pero con firmeza.

-          Ayer, como todos, esperé la votación de diputados como si se tratara de la final del Mundial. Fue media sanción. Falta Senadores. No es ley. Pero fue un día histórico.

-          Lo vi en una lugar público. Había más gente. Cuando se anunció la aprobación de la ley. Alguien dijo: “ es la ley que terminó con la grieta”. Me gustó la metáfora. Porque por primera vez en muchísimo tiempo, me sentí reconfortado por los representantes del pueblo. Más allá del resultado. Si hubiera salido al revès, mi sentimiento no hubiera variado.

-          Porque, salvando algunas excepciones, el debate a conciencia, con diputados del mismo bloque votando distinto, acordando, disintiendo, con respeto, sin chicanas; es lo deseable. Por momentos, el debate se pareciò a una democracia aspiracional a la que suscribimos la mayoría.

-          Casi al final, una diputada de Cambiemos defendió la ley entre lágrimas y el kircherismo la aplaudió de pie. Impensable. Saludable. Reconfortante.

-          Aunque la el tema se instaló como cortina de humo. Aunque pienso que un puñado de votos no son suficientes para que la ley se haga carne en la sociedad. Aunque me hubiera gustado un referéndum, o un mayor consenso. Es demasiado trascendente. Nos trasciende como para celebrar una escueta mayoría.

-          De todas formas, sentí que era posible evitar caer siempre en la grieta que nos separa, nos divide, nos aleja, nos enfrenta. Y no se acorta  nunca. Ni por la vida. Ni por la muerte.

-          Al atardecer, me avisan de una manifestación en favor de la ley en plaza. Fui. Eran decenas de pañuelos blancos en cuellos de mujeres jóvenes. Casi todas. Casi exclusivamente todas. Mujeres jóvenes. Fue la primer manifestación visible a nivel local de los pañuelos verdes. Nadie lo hizo antes. Por temor, por mezquindad, por la grieta, por el dedo acusador, por el comentario hablando haba favor de ley en Pigüé.  Anoche en el HCD, 14 concejales no dijeron nada. Callaron mientras  los diputados desarrollaban una sesión histórica.

-          Sentí que falta mucho. Que nos falta mucho.

-          Estoy mirando los comentarios en la nota que escribí sobre el encuentro de los pañuelos verdes. Es una crònica puramente informativa. Con la misma imparcialidad con que entreviste a los “pro vida” los ùltimos meses. La grieta volví a abrirse y parece tragarnos a todos. Agravios, insultos, dedos acusadores, descalificaciones y todo tipo de epítetos se vierten hacia las jóvenes que se manifestaron sentàndose en un circulo grande para hablar. Para hablarse.

-          Esta vez, pienso, los políticos nos están dando el ejemplo. Los jóvenes, o LAS jóvenes mejor dicho, que escuché en la plaza en ningún momento agredieron a nadie. Hablaron, se hablaron, de lo que sienten, piensan y desean. Exigieron o reclamaron. Pero respetando.

-          Quisiera ver esi en "la gran plaza pública” de Pigüé  somos capaces de escuchar a un vecino que piensa distinto. Como hicieron los diputados anoche.

-          No estoy de acuerdo con el aborto como principio. Pero, por una cuestión de principios también, apoyo la ley que no penaliza a las mujeres que abortaron, abortan y abortarán desde la desesperación o la determinaciòn más íntima. No las quiero clandestinas, condenadas o muertas. Las quiero legales, seguras y con la gratuidad que iguala derechos.

-          Anoche, la ley cerró la grieta entre los diputados. Al menos por un rato.

-          Nosotros, ¿Podremos tambièn ser democràticos  cuando los otros no piensan igual?