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Editorial

Lourdes y los caníbales

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(por Walter Ditrich.- Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).-La cara de Lourdes Espíndola mira desde la pantalla sensacionalista. Sus ojos exigen. Su voz quebrada por un balazo que la desangra penetra las entrañas del ciudadano común. Y lo subleva. Tenía 25 años. Era policía. Dicen que desde chiquita había soñado con el uniforme. O no. Poco importa. En su cara, veo a los miles de pibes y pibes que ingresaron a la fuerza casi por la fuerza. Buscan una salida, o la única salida posible.

El marido de Lourdes, también policía, re putea se desgarra en llanto. Está en vivo. Putea al Presidente y la Gobernadora. Pide que lo cuiden, que los cuiden. Ruega que las autoridades cuiden a la policía. Ironía de un país quebrado. La policía, que está para cuidarnos, se siente desprotegida.

Dicen que a Lourdes la mataron para robarle el arma. Parece que ya no es seguro que los policías estén armados. Los agentes están más inseguros si portan armas. Se convierten en blanco. Es todo tan loco que los uniformados tienen miedo. Son vulnerables. Igual que nosotros. O más.

Cada vez hay más policías en las calles. Pero la inseguridad aumenta. Las muertes aumentan. La selva pide sangre. Nunca está conforme. El chaleco y la placa no te garantizan sobrevida en la ley de la jungla.

El jefe de la Bonaerense, le pide al viudo – que es pertenece a su fuerza- que sea “hombre y buen policía”. Lo insta a seguir poniendo el pecho por dos pesos. O por dos pesos con cincuenta en un adicional. Pretende, que viaje seis horas por día, como su mujer ahora muerta, para comprar unas migas de dignidad. Y recibir violencia y desprecio al volver al barrio. El mismo barrio donde sobreviven los vecinos que mañana pueden ser sus asesinos. O nuevas víctimas. La vida es una ruleta rusa en las calles de la Argentina marginal.

La cara de Lourdes nos exige. Exige explicaciones; justicia, respuestas. Soluciones y culpables. Alguien tiene que tener la culpa. Hay dos detenidos, que no deberían haber estar del otro lado de las rejas. No son pibes. Tienen 30 y pico. Parce que viven del tráfico de armas y el delito. ¿Serán los únicos culpables?. Son vidas perdidas. Como la de Lourdes . Muertes sin sentido. O repetidas crónicas de más muertes anunciadas.

El Ministro Ritondo dice que quien mata a un policía debe sufrir reclusión perpetua. ¿Y el que mata a un kiosquero o balea y amputa a un colectivero?. ¿No merece perpetua?. Y aquel que envenena a los pibes con paco… ¿No tendría que pudrirse en la cárcel?. Cuando las celdas rebalsen, ¿Qué hacemos con esos pibes quemados de marginalidad y tóxicos?.   ¿Habrá suficientes alfombras para tirarlos debajo?. ¿Hasta cuándo la sociedad hipócrita seguirá expulsando víctimas sociales que se convierten en victimarios de la violencia?; para que, acto seguido, las nuevas víctimas de la violencia se erijan en victimarios de la dura …. Y así, en medio del far west; buscamos algo de paz a los garrotazos.

La cara de Lourdes nos exige respuestas que no tenemos. Nos hace preguntas. Busca culpables. Ante lo irreparable, desfilan vomitando excusas los políticos, los funcionarios que no funcionan y los jueces injustos. Los que zafamos por la mala puntería de un destino antojadizo, pululamos mendigando justicia tras nuestras pancartas amarillas.

Hay veces que la justicia deja de fallar con sus fallos y condena. Los culpables son condenados al tacho de basura de la sociedad. Los tiramos a la mierda. Y suponemos que sin hacer una mierda el encierro los devolverá a la vida reconvertidos en ejemplares ciudadanos arrepentidos.

Lourdes nos mira. Desde las redes sociales vomitan contra “esos de los derechos humanos y las feministas”. ¿Por qué no aparecen ahora?” increpan. Exigen. Condenan.

Como un pañuelo blanco, o verde; hubiera matado a Lourdes en la parada del micro. ¿Quién dijo que avalar los derechos humanos es defender a los asesinos?. ¿De dónde sacaron que quien lucha por no criminalizar a una madre desesperada que aborta; apretó el gatillo contra una joven policía?.

Tan la mierda nos fuimos, que hay quienes creen que suprimiendo los derechos humanos, terminando con las feministas o borrando las garantías constitucionales habrá menos víctimas de la inseguridad.

Lourdes nos mira. Y los mira.

Hay quienes piden más balas para terminar con la balacera

Mientras no puedo dejar de mirar a Lourdes, pienso que nunca podremos terminar con el canibalismo comiéndonos a los caníbales.