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Editorial

LA MESA

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(*) por WALTER DITRICH. (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).-«Nunca lo vi en Pigüé», nos dice un empleado municipal que llama a la radio. Nos describe, aún atónito, que en la planta de reciclado, o mejor dicho: el basurero local; cada vez va más gente a buscar comida o cirujear en la enorme cava repleta de basura. «Ayer había como diez personas esperando, hasta una mujer con una nenita» nos dice entre sorprendido e indignado el vecino.


El jueves, dimos a conocer en Cuarto Poder que se conformó una MESA SOCIAL donde iglesias y credos locales junto a Cáritas, están iniciando un banco de alimentos para intentar garantizar la seguridad alimentaria de nuestros vecinos. «Hay varios comedores en la ciudad donde van chicos, pero detrás de cada chico hay una familia que no come» dice Virginia Appathié de Cáritas. «Hemos detectado que hay muchos abuelos que tienen nietos a cargo, primero come el nieto y ellos se aguantan» dice otro de los pastores que se sumó a la mesa. Y un tercero agrega, «los abuelos primero pagan las cuenta y luego comen si pueden». Todos coinciden en que la pobreza, además de someter a las personas a la indignidad, genera vergüenza en quienes la están pasando mal. «La gente tiene vergüenza de pedir, tenemos que llegar para tenderle la mano», aclaran.


Y el Padre Guillermo, se encarga de remarcar que, «esto no es un reclamo a nadie, no va en contra de nadie. Es juntarnos para ayudar».
La política recogió el guante de manera bastante rápida. El sábado, el Intendente anunció en el acto del descubrimiento del busto de Evita, que ampliarán las cooperativas de trabajo para generar huertas. Dijo que trabajarán en conjunto con Textiles. Aún no se conoce si se dispondrá de recursos municipales, nacionales o se convocará a movimientos sociales que suelen trabajar en estas temáticas.


Las cooperativas de trabajo fueron un paliativo, que terminó siendo casi la única salida laboral para familias que eran asistidas en Desarrollo Social. Han demostrado con enorme esfuerzo, que dignifican su labor y se ganan el pan con el sudor de su frente. Pero es un parche. El programa nacional aporta unos $6.000 por mes de salario. Es un sueldo indigno. Un trabajo precario y no se trata de fuentes de trabajo genuinas. «Preferimos dar trabajo en lugar de repartir cada vez más bolsones de comida» me dice un funcionario cuando pido detalles acerca de las nuevas cooperativas. Así planteado, no puede no compartirse.
Pero no alcanza.


La dimensión de la situación requiere un abordaje más profundo. Es imprescindible sumar decenas de patas a esa MESA SOCIAL. Y para hacerlo, se debería comenzar por no realizar el anuncio de planes de empleo en un acto partidario. Es necesario sumar voluntades por fuera de las mezquindades que suele generar la política.
Sería deseable que el Estado, en este caso municipal; articulara a todos los actores que puedan aportar para paliar la crisis socioeconómica. Ya se sentaron las religiones y credos. Faltan actores económicos, productivos. Y toda la maquinaria estatal: Desarrollo Social, Salud, Educación, instituciones intermedias. Hay que aunar esfuerzos y no superponer voluntades.


Corvatta dijo en el acto del jueves que, «nadie se salva solo». Es cierto. Ningún partido, ni ningún político podrá solo tampoco.


Hay que sumar patas a la mesa. Sin importar quién ni por qué se siente. Sino somos capaces como sociedad de garantizar la seguridad alimentaria y las necesidades básicas de nuestros vecinos, habremos fracaso. Todos y todas, habremos fracasado.