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Editorial

Pronóstico de conflicto

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POR WALTER DITRICH. (Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).- Hace una semana, este espacio se titulaba «la salida al conflicto». En él, sugería humildemente que la única puerta para destrabar la situación generada entre el Sindicato de Trabajadores Municipales y el Ejecutivo, era la conciliación obligatoria. La misma se dictó el viernes y ayer los empleados volvieron al trabajo. Se salió del conflicto, es cierto.

Pero no hubo acuerdo. La instancia abierta por el Ministerio de Trabajo durará 15 días hábiles con posibilidad a prorrogar 5 más. Mientras tanto, no puede haber paro, retención de tareas, ni descuentos y mucho menos despedidos. Y se obliga a las partes a negociar.


Todo comenzó el 6 de Diciembre cuando aún Corvatta era intendente. Se profundizó con Notararigo y se llegó a que no se junten los residuos desde el 8 de Diciembre hasta anoche. Los reclamos sindicales fueron variando en algunos puntos, pero en lo sustancial, se reclama un 10% de incremento salarial y el Intendente ofreció un 5%. El viernes, en el Ministerio sede Coronel Suárez, durante cuatro horas negociaron partir las diferencias en un 7,5%, pero el flamante jefe comunal insiste en que no puede prometer plata que no tiene. Néstor Batista, del STM, aclaró que, en plata, esos 2,5 puntos ahora son $2 millones y que por ese dinero habrá un «estallido social». Osea, se salió del conflicto pateando la pelota para adelante por 20 días. Pero no se solucionó nada.


En medio, alrededor de 450 vecinos se manifestaron pacíficamente en contra de los paros. Desde el STM se habló de que los manifestantes son «oligarcas que pagaron a particulares para juntar la basura» y se fustigó a los referentes de esa movilización asegurando que detrás de la misma estuvo Juntos por el Cambio. En rigor, la única asistente a la plaza fue la primer concejal Ana García, pero Batista asegura que el oficialismo local fogoneó esa protesta. También, durante estos días hubo quienes arrojaron basura y desperdicios en la casa particular del titular del sindicato. Las redes hirvieron en agresiones verbales de todo tipo y el Intendente dijo que preocupado por el nivel de agresividad que se percibe en la sociedad pidió la conciliación al Ministerio.


En rigor, las partes nunca dejaron de dialogar. Ocurre que las posiciones son intransigentes.La sociedad se mostró ofuscada y muy molesta por la situación de la basura y los inconvenientes suscitados en la atención de la salud.
La situación de fondo no es sencilla de equilibrar. Está previsto que el presupuesto municipal 2020 ascienda a 1.100 millones. Pero según el Intendente el 75% de esos recursos se va en gastos de personal. Se preve un aumento de tasas del 55% y hoy la comuna necesita 2 millones de pesos diarios en sueldos, desde el Intendente hasta el último barrendero, para poder funcionar.


El Intendente dice que con el 5% ofrecido, que son 45 millones de pesos al año, los municipales llegan a un incremento acumulado del 55% en el año más un 10% que cobraron de un aumento acordado en 2018. Los trabajadores reclaman más para no perder frente a la inflación.


La ecuación es compleja. Con el Sindicato en pie de lucha y una gestión comenzando, sin poder lograr resultados aunque exista propensión al diálogo, el escenario amenaza con ser aún más conflictivo.


Económica y financieramente no hay mucho misterio: se achican los gastos o se aumentan los ingresos. O ambas. En el primer caso la variable de ajuste puede ser el personal y sería deseable que esa reducción pase por los planteles políticos que siguen incrementando su incidencia presupuestaria. En la segunda opción, se ven afectados los bolsillos de los contribuyentes,. Aunque es claro que se debe realizar una reingeniería de los servicios públicos que brinda la comuna. Pigüé a crecido, los costos también y la misma ecuación: tasas - costo del servicio; no parece estar destinada a durar.


Lo deseable sería llegar a un acuerdo dialogado, consensuado, con baja conflictividad. Pero una co-gestión amable, no parece ser el pronóstico más probable.
La virulencia verbal, los atentados en la casa de Batista, los dichos del STM hacia la población, los epítetos de la población hacia los manifestantes y el nerviosismo general no ayudan a encontrar el punto de equilibrio. Es necesario hallarlo. Todos los que tenemos responsabilidades públicas somos en parte responsables de contribuir. Los medios, los partidos políticos, el sindicato y sobre todos las autoridades, quienes son las máximas responsables de garantizar el bien común. QUE ASI SEA.