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Informe Especial

La industria del calzado atraviesa un camino lleno de obstáculos

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La industria del calzado en Coronel Suárez, en particular, y la región, en general, está pasando por uno de los momentos más complicados desde su creación. Tras la quiebra de la firma Gatic, de la familia Bakchellian, que no se vivía una situación similar, con despidos masivos y el cierre de talleres.

La coyuntura no es menor, dado que se trata de una región de jerarquizada calidad de empleo en la elaboración textil y de importante generación de recursos económicos que, finalmente, se derrama en la comunidad.

Fueron muchas las veces que, desde el gremio del calzado, la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA), se pidió por el cese de las importaciones y por políticas a favor de esta industria nacional, pero la falta de respuestas hizo que se perdieran cientos de puestos de trabajo. Incluso, lo más preocupante es que no se avizora un plan de reconversión a futuro.

La última semana, otros cinco trabajadores fueron despedidos de un taller con sede en la ciudad de Coronel Suárez y se suman a los muchos que, este año, ya se han quedado sin trabajo.

En el gremio mencionaron, incluso, que la merma se siente también en la obra social, ya que sólo se utiliza para casos de extrema necesidad.

Hubo intentos desde el área de Producción de la municipalidad de Coronel Suárez, encabezada por Juan Ignacio Fidelle pero, hasta ahora, la industria del calzado no se reactiva, tal es así que sólo quedan con trabajo menos de 100 personas repartidas en distintos talleres de la localidad cabecera.

Panorama en Puan

En la ciudad cabecera del distrito de Puan, el taller de aparado de calzado no funciona debido a la falta de producción. “Dos empresas siguen sin mandar trabajo y una, de Bahía Blanca, quedó en enviar", indicó el secretario de Producción, Celso Castillo. "Si llega lo que esperamos, se reactivará la producción en Puan y en Villa Iris; y si es una buena cantidad de trabajo, se distribuirá entre las cuatro cooperativas”, dijo.

También señaló que, en el municipio, hay optimismo de que la situación se va a revertir, ya que los talleres de Villa Iris, Darregueira y Felipe Solá trabajan normalmente. Castillo expresó que la difícil situación de los trabajos relacionados con los talleres de aparado es general y que, a nivel país, está muy complicado, ya que hay muchos productos que vienen de importación, como las capelladas, con un precio más barato.

"El calzado se consigue más barato en Chile, en Paraguay y en países limítrofe por la relación de cambio. Por eso se ha deprimido la compra en la Argentina y ésto repercute fuertemente sobre las industrias y los talleres”, argumentó el funcionario. “En Coronel Suárez varias empresas han cerrado. Hay personas desocupadas también en Pigüé; y Puan no es la excepción", señaló.

"Somos nosotros, como municipio, los primeros que estamos preocupados por la situación. Hasta el día de hoy, todos los operarios tienen los sueldos al día y están comprometidos”, sostuvo. Castillo dijo que las empresas valoran la relación que la municipalidad de Puan tiene con ellos y, también, el acompañamiento que hacen en este proceso, cuando son talleres independientes.

Textiles Pigüé no fabrica

Como corolario de la crisis que atraviesa el sector, la cooperativa Textiles Pigüé cesó --hace un mes-- la producción en la planta de aparado que empleaba a unos 17 operarios, quienes fueron reubicados en otros sectores de la planta fabril. En la planta textil, ubicada en la cabecera del distrito de Saavedra, se elaboraban 800 pares diarios de calzado; solamente se hacía la capellada, que es la parte de arriba, sin la suela, la que se colocaba en otro emprendimiento fabril.

Se trata de la firma Jaguar, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que por falta de ventas no renovó el contrato que tenía con la cooperativa pigüense que, actualmente, tiene este sector inactivo.

En su momento, el dirigente de la cooperativa, Francisco Martínez, había señalado que por “indicación del mercado, varias compañeras se quedaron sin tareas en su unidad productiva, una de las muchas que tiene Textiles Pigüé”. “Por indicación de la empresa autogestionada por sus trabajadores, ninguna fue excluida e inician tareas en otro sector aportando sus saberes. Jamás el mercado indicará la suerte de ningún compañero”, manifestó Martínez.

(*) LA NUEVA