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Informe Especial

Pedro Enriquez y Marcelo Rivero: dos estafadores que le hicieron el «cuento del tío» a Pigüé

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Hace unos días, Pedro Enríquez, apareció en Pigüé junto a su hijo de dos años, y apelando a la sensibilidad social, se presento en Canal 4, contó una triste historia y terminó llevándose dinero y varios recursos materiales.

Lo propio hizo luego en Pergamino y posteriormente, la noticia trascendió a nivel nacional dando cuenta de que se trataba de un ESTAFADOR con un moderno CUENTO DEL TIO que viene realizando defraudaciones similares hace tiempo. Pero la historia de Enriquez, nos remitió a otra GRAN ESTAFA que sufrió la comunidad pigüense en 2005 por un sujeto llamada MARCELO RIVERO. El sujeto, se presentó como «aventurero» y corresponsal de guerra, dio una charla presentado por la Secretaría de Cultura y terminó llevándose dinero, robando y estafando.


Nuestro archivo, nos remite a la crónica que fue publicada el 12 de Setiembre de 2005.


«De profesión: aventurero trucho "trucho" se titulaba la nota publicada en la página 9 de la edición 414 de REFLEJOS. «El aventurero que dio charlas en escuelas de nuestra ciudad resultó un fraude. Además de mentir, juntó dinero en las escuelas y hasta se lo acusa de algunos robos. Cuando se confirmaron las sospechas, ya era tarde porque huyó de nuestra ciudad» se resumía.


Marcelo Rivero, además de mentir, se alzó con buenas sumas de dinero pidiendo donaciones en los colegios "para comprar sueros antiofídicos para escuelas rurales" hasta se lo acusa de haberle robado a desprevenidos pigüenses que lo invitaron a comer o a su casa. «Casi nadie escapó al engaño, incluso los medios de comunicación fuimos víctimas del mentiroso que se aprovechó de nosotros para darse a conocer y tener más "chapa" para estafar a alumnos de diversas instituciones del distrito» dice la nota de la estafa realizada.


Incluso, se lo acusó de haber robado dinero. Una vecina comentó que, el hecho que tuvo lugar un domingo cuando un matrimonio pigüense, junto con otras dos parejas, invitaron al aventurero a compartir un asado al campo cerca de Pigüé. "Fuimos a mostrarle y pasear por el Monasterio Bizantino construido cerca de Pigüé, cuando regresábamos a dichos móviles, Marcelo se adelantó y subió primero para abrirle la puerta a los demás. Más tarde mi esposo comprobó que le faltaba la billetera que había dejado en el vehículo con todas las tarjetas y documentación de toda la familia. Llegada la noche una pareja nos contacta y nos trasmite que encontraron la billetera en la plaza del centro Pigüé cerca del Hotel Central donde se hospedaba el aventurero".


En otro suceso, después de dar una charla en la Escuela N5, una docente lo invitó a almorzar, y posteriormente comprobó que le faltaba dinero de su billetera.
Rivero, además, se presentó en varias escuelas para dar charlas a los alumnos y les pedía colaboración para comprar sueros antiofídicos para escuelas rurales de diversos puntos del país. Incluso, en el Colegio La Salle logró que un grupo de 9no año le donara todo el dinero que los chicos habían juntado y les había sobrado de un viaje a Cataratas. Se supone que en ese colegio solamente, se alzó con $500 (una cifra que representaba unos 172 dólares en esa época, es decir casi $3.450 de hoy).
Una de las primeras personas que sospechó de la falsedad del "aventurero" fue la docente Araceli Fogel. Puesto que cuando vio el audiovisual que presentó, comprobó gruesos errores geográficos. Y al interrogarlo sobre temas específicos, el estafador se contradijo de manera burda.


La docente, entonces, llamó a la Comisaría local para que se investigara los antecedentes del sujeto, pero según dijo indignada, no prestaron demasiada atención a sus dichos y la policía tardó cerca de una semana en brindarle una respuesta. Quien también solicitó que los hoteleros, por ejemplo, debería alertar sobre lo que consideren conductas extrañas, porque según se supone, Rivero pagaba su hospedaje con monedas (obviamente producto de lo que recolectaba en los colegios).
¿Cómo había llegado? Gerardo Notararigo, conductor de un programa televisivo local y secretario del Consejo Escolar por ese entonces, , fue el nexo que utilizó el supuesto aventurero para llegar a Pigüé. Pero Notararigo también fue defraudado en su buena fe. "Nos mandó un currículum, afiches de las charlas que daba. Lo acerqué a Jorge Capotosti, le conté que hacía la gira para ayudar a alguna institución... Cultura no tenía nada que ver… nadie tenía nada que ver, los primeros días de la historia los conozco a la perfección pero lo que no puedo decir es si estafó o no…", comenzó diciéndole Notararigo a LU 34.


Para explicar que un amigo suyo que apenas lo conocía lo contactó a él para que lo ayudara en su llegada a Pigüé. "El día en que llegó me mostró carpeta donde estaban todos los certificados de las escuelas… y no mostró un certificado, si no 50 o 60 certificados de otras escuelas, cartas de los chicos donde daba las charlas. Contó que era ex-alumno lasallano, me pidió que lo acompañe, se lo presenté a Raúl Kunz, en La Escuela La Salle. Hasta aquí llegó el contacto, fue con la única escuela que tuve el contacto».


Notararigo, agregó que, "pequé de buena fe… Lo que pasa es que si alguien te muestra una carpeta como la que tiene Marcelo Rivero (con firmas de instituciones, cartas de chicos y demás). No sé decir si sus documentos son reales o no, pero él para poder quedarse en el Hotel tuvo que presentar documentación. A mí lo que me hizo pecar de buena fe la carpeta que presentaba", reconoció otra de la víctima del estafador.


"Yo me siento estafado en el sentido de que le di una mano grande cuando llegó y lo invité al programa, me falló…", finalizó diciendo Notararigo en la nota publicada hace 13 años.


La misma buena fe de los pigüenses, estafó hace unos día Pedro Enríquez utilizando incluso a un menor de 11 años para genera la sensibilidad de la comunidad.
Historias, de CUENTOS DEL TIO, que han tenido lugar en Pigüé en los últimos años. Que nos enseñan a ser precavidos, pero que no tienen que limitar la solidaridad de una comunidad que siempre está dispuesta a darle una mano a quien verdaderamente lo necesita.