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Informe Especial

10 AÑOS DEL CONFLICTO DEL CAMPO

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CORTES, LOCK OUT Y DESABASTECIMIENTO: El conflicto por la 125, cuando el sector rural copó las rutas del país. El proyecto que impulsaba las retenciones móviles a los cereales movilizó a los chacareros y a buena parte de la población. Se cumplen 10 años del inicio.

 Fueron más que 129 días al borde de la ruta, sosteniendo una medida de fuerza que llegó a ser dura para los mismos manifestantes, soportando en nuestra zona las fríos de otoño e invierno, pero sosteniendo la convicción interna de que no había que ceder siquiera un centímetro.

   Fueron más que noches de heladas bajo una simple lona y a la orilla de un fuego improvisado; fueron más que días de tractores y cosechadoras sobre las rutas, de marchas y contramarchas, actos y contra actos, y de esperar pacientemente reuniones conciliatorias y sentir que -realmente- su reclamo no importaba para nada.

   El conflicto con el campo, del que HOY se cumplE una década de su inicio, fue un gran triunfo para el sector rural y la primera gran derrota del gobierno kirchnerista.

   La Resolución ministerial Nº 125, esa que fue anunciada el 11 de marzo de 2008 y que establecía un sistema de retenciones móviles al agro, logró algo prácticamente impensado por aquel entonces: puso de pie al campo y unió a las cuatro entidades madres, esas que siempre había parecido que tenían diferencias irreconciliables.

   La Sociedad Rural, Federación Agraria, Coninagro y CRA limaron desacuerdos y propusieron un cierre comercial, con corte de las principales rutas y movilizaciones. La medida se extendió -con alguna tregua entre las partes- hasta el 18 de julio de ese año, un día después del recordado “voto no positivo” en contra del proyecto por parte del vicepresidente Julio Cobos.

   El sudoeste bonaerense no fue ajeno a todo esto. Como ocurría en el resto del país, además del lock out, con el apoyo de gran parte de la población de localidades íntimamente ligadas al campo y que -en muchas ocasiones- dependen de él económicamente, hubo cortes de ruta y varias movilizaciones multitudinarias.

   Las rutas que atraviesan nuestra región se poblaron de chacareros pidiendo que deroguen la polémica resolución del por entonces ministro de Economía, Martín Lousteau. En la ruta 3 sur se hacían en la rotonda principal de ingreso a Carmen de Patagones y en los accesos a Stroeder, Villalonga y Mayor Buratovich. Sobre la ruta 22 se cortaba a la altura de Médanos.

 

  Pasando Bahía Blanca hacia el este, los cortes se daban en la rotonda de los molinos, sobre la 3 y el acceso a Punta Alta, y también en Pehuen Co; en Coronel Dorrego, en la 3 y 72; y en Tres Arroyos, en las rotondas de la 3 y la 228, y la 3 y la 85. En Coronel Pringles, el punto de encuentro fue en las rutas 51 y 85; y en Coronel Suárez, en la 67 y 85.

   La ruta nacional 33 también fue uno de los epicentros de la protesta. En Guaminí, los chacareros se manifestaban en la intersección con la 65; en Pigüé, en el cruce con la 67; sobre el acceso a Tornquist, y en Bahía Blanca en la rotonda del por entonces Camino Sequiscentenario.

   Los días efectivos de corte en esos poco más de cuatro meses no llegaron a 50, pero presencia de productores hubo siempre. La modalidad de corte fue similar en todos lados: se detenía el tránsito algunas horas, se entregaban folletos explicativos y se liberaba el paso durante unas horas. En algunos sitios, las filas alcanzaban los cinco kilómetros de extensión en ambos lados del piquete y hubo problemas con varios transportistas.

   Mientras tanto, los dirigentes nacionales buscaban un diálogo con el gobierno y dar por terminado el conflicto. Pero todo era en vano.

   “Fue una protesta histórica -contó Alcides Haure, de FAA Stroeder-. No recuerdo cuánto tiempo fue en forma exacta, pero estuvimos más de un mes permanentemente en la ruta, con el campamento armado. Allí vivimos momentos de tristeza, con un gobierno que no nos atenía y un diálogo que no lograba nada”, manifestó.

“Sabíamos que no iba a haber un cambio de política para el campo. Había muchas mentiras y soberbia, y el propio Néstor Kirchner decía que nos quería ver de rodillas”, añadió.

   Para Marcos Rebolini, de CARBAP y tesorero de la Sociedad Rural de Coronel Suárez, esos 129 días de paro agropecuario fueron mucho más que un lock out y un corte de las principales rutas del país: fue el comienzo de un cambio de actitud de la sociedad frente al kirchnerismo.

   “Fuimos los primeros que nos rebelamos ante el avasallamiento de los K. Por supuesto, después la pasamos muy mal hasta el año 2015, pero en esos meses de lucha se gestó la semilla que empezó una revolución, y me siento partícipe de ese cambio”, dijo.

   Todo lo ocurrido durante ese tiempo fue “impensado” para él: haber estado días y noches enteras en una casilla a la orilla de la ruta, deteniendo autos y haciendo un trabajo de concientización al común de la gente sobre lo que estaba ocurriendo.

 

  “Hoy parece una locura: cuando me cortan la ruta, me enojo; pero en ese momento lo justificábamos. No queríamos dar el brazo a torcer y sentíamos que teníamos que hacerlo así”, recordó.

El voto no positivo

   Para Rebolini, la noche del 17 de julio, la del recordado voto no positivo del entonces vicepresidente Julio Cobos, estaba todo casi perdido. Él mismo desde la Plaza de los Dos Congresos en Capital Federal, en diálogo con este medio, daba la votación por perdida.

   Un mes antes, la presidenta Cristina Kirchner había enviado el proyecto de ley que establecía las retenciones móviles al poder Legislativo, para evitar conflictividad y que fuera el mismo Congreso quien la avalara. Lousteau ya no era más el ministro de Economía.

   Por Diputados el proyecto había pasado tranquilamente y se esperaba que en la Cámara Alta ocurriera lo mismo, mientras miles de chacareros aguardaban el resultado fuera del Senado.

   “Estábamos las cuatro entidades del campo allá, en Capital Federal, palpitando y viendo en directo lo que pasaba. Fue increíble. Nosotros lo dábamos por perdido: teníamos gente que hacia lobby y hablaba con senadores, y siempre supimos que estábamos uno o dos votos abajo; pero llegamos al final empatados. Quién sabe la presión que tuvo que soportar Cobos ese día y los restantes como vicepresidente de Cristina”, contó.

Manuel Domínguez, de la Sociedad Rural de Coronel Pringles, también estuvo frente al Congreso ese largo día, noche incluída.

   “Era ganar la votación o nada. Yo tenía esperanzas, pero sabíamos que era muy difícil. No se podía congeniar. ¡Qué apretón le dieron a Cobos! Pero todo terminó con su voto no positivo. Esperamos que no tengamos que volver a vivir nunca más algo parecido a la Resolución 125”, dijo.

   Haure lo vio por televisión, haciendo fuerza con otros chacareros desde Stroeder, donde la sequía ya venía haciendo estragos. Él, como otros miles, aguardó pacientemente las largas horas de debate hasta las 4 de la mañana, el momento de Cobos.

   “Fue un momento histórico y medianamente positivo. De no haber ocurrido, o hubiésemos seguido manifestándonos -sabíamos que el gobierno no iba a dar un paso atrás- o lo que quedaba de la presidencia hubiese sido una catástrofe para nosotros. La protesta del campo puso el pie en el freno, porque nos estaban llevando por delante”, recordó.

   La derrota en el Congreso fue aceptada por el gobierno nacional, que el 18 de julio emitía un decreto en el que dejaba sin efecto la Resolución 125 y restablecía los porcentajes de retención anteriores, con tasas fijas: 35% para la soja, 10% para el girasol, 25% para el maíz y 28% para el trigo.

   El campo volvió a pedir la eliminación de las alícuotas, pero el gobierno no hizo caso. Hubo un nuevo paro en octubre, pero la idea de protestar en las rutas había quedado atrás. Un año después, se daría la primera gran derrota electoral del kirchnerismo, con muchos dirigentes rurales integrando las listas.

   "Fuimos conflictivos, pero con razón. La aplicación de esa resolución era algo inconcebible", cerró Domínguez.

Jorge Srodek: “Productores y vecinos peleaban por la misma causa”

   El hoy jefe de Gabinete del ministerio de Agroindustria de la provincia de Buenos Aires, Jorge Srodek, fue uno de los principales dirigentes involucrados en la protesta del campo. Por entonces secretario de CARBAP, en la actualidad recuerda aquellos meses como “un momento épico del federalismo, en el que el sector agropecuario y las localidades del interior hicieron causa común”.

   “En esos días se logró juntar el ruralismo y la ruralidad; había una verdadera entidad de comunidad agropecuaria, ya fueran productores o habitantes de los pueblos del interior. Todos peleaban por la misma causa”, recordó.

   “Muchas veces decimos que es clave tomar la identidad de país agropecuario: en esos días se puso de manifiesto”, agregó.

   Srodek afirmó que esa época también ayudó a muchos dirigentes agropecuarios que venían bregando por la participación en política, ya que a partir del conflicto muchos pudieron participar activamente en ella y hasta accedieron a escaños de concejos deliberantes o de congresos provinciales y de la Nación al año siguiente.

   “Hoy tenemos un gobierno que cuenta con muchos dirigentes de entidades rurales que vienen del sector agropecuario, tanto en la Provincia como en la Nación, así como otros que vienen de grupos vinculados al sector, como CREA y Aapresid”, aseguró.

   “Más allá de las quejas de los productores, hoy son sus pares los que están en Agroindustria”, agregó.

   Por otro lado, Srodek descartó que en el futuro pueda darse un conflicto similar, ya que “no puedo imaginar un gobierno que sea tan violento y despectivo como fue el kirchnerismo con el sector agropecuario”.

   “Siempre van a haber puntos de vista encontrados entre el gobierno y el sector agropecuario, pero nunca a ese nivel. El conflicto tuvo mucho de provocación por parte del gobierno y una sobrerreacción de su parte, en vez de buscar soluciones.

   “La 125 y el conflicto que generó fue el ataque del gobierno a un sector, y fue rápidamente entendido como un atentado al federalismo en su conjunto. No puedo imaginar que vuelva a pasar, porque sea cual sea el futuro, no habrá un gobierno tan autoritario como fue el kirchnerismo”, concluyó.

(*) LA NUEVA