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Informe Especial

22 de Mayo: 130 años de la llegada a Pigüé de las Hermanas del Niño Jesús

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El 22 de Mayo de 1888 se cumple el aniversario del arribo de las primeras siete religiosas de la orden del «Niño Jesús» a nuestra ciudad.Repasando la historia de la congregación de la Hermanas del Niños Jesús, nos remitimos a dos orígenes: Las Señoritas de la Institución en Le Puy, año 1665 y la Madre María Maisonave, en Aurillac, año 1804.

Ambas obras, con los mismos ideales, el mismo carisma o idéntica espiritualidad, continuaron cada una su camino hasta que en 1952, por sugerencia de la Santa Sede que pedía se unieran ambas congregaciones, surgió así el Instituto que se llamó Hermanas del Niño Jesús. Las primeras religiosas fueron multiplicándose rápidamente y con presencia en varios países.

A Pigüé

Las Hermanas llegaron a Pigüé por intermedio del presbítero Monseñor Domergue, quien evangelizaba sus compatriotas en la Argentina y tenía una hermana religiosa en la Congregación del Niño Jesús. El Obispo de Rodez le cedió dos sacerdotes: Señores Gismalac y Desmazes.

Fueron siete las hermanas que se embarcaron en el «Senegal» en abril del año 1888 y se alojaron en casa de Las Hermanas de la Caridad en Buenos Aires. Un ex alumno del Colegio San José de Buenos Aires, Don Eduardo Casey , de origen irlandés, recibió a las Hermanas francesas con toda benevolencia y las estableció en Pigüé en 1890, mientras Monseñor Desmazes fue nombrado cura de esa parroquia.

La pequeña comunidad confiada a los cuidados de la madre María Aloysia, fundadora y primera superiora del Colegio del Niño Jesús de Pigüé, estaba formada por la Madre María Josefina, Madre San Vicente, Madre maría Eulalia, y tres hermanas coadjutoras, la Hermana Martha, la Hermana Sebastiana y la Hermana Anais.
El 22 de mayo de 1888 llegaban a Pigüé las hermanas y, un año más tarde, tomaban posesión del magnífico establecimiento donado por el Señor Eduardo Casey.

Sus obras

Según cuenta la historia, a Don Eduardo Casey se debe, en primer término, la organización del colegio, pues él fue quien prestó todo su apoyo al Reverendo Padre Domergue, para que éste trajera a la comunidad religiosa necesaria para la dirección y administración del colegio: « Vaya de nuevo a Francia, dijo Casey al sacerdote, y traiga misioneras para que le ayuden, y una comunidad religiosa que eduque cristianamente a las niñas. Haré edificar escuelas, y daré a las Hermanas la propiedad de las mismas y el dinero que necesiten».
Una vez establecidas y conocida la propuesta educativa, cincuenta fueron las alumnas entre pupilas y externas, que fueron testigo de los renunciamientos de las Hermanas y depositarias de su quehacer cotidiano y difícil, que culminaría en la obra catequística y educativa que todos conocemos.
El 25 de diciembre de 1888, los colonos franceses cantaron su primera misa en Pigüé y un grupo muy numeroso de niñas, preparadas por las Hermanas, hizo su primera Comunión.

El Asilo

El 17 de junio de 1900, el Reverendo Padre Faure, entonces cura de Pigüé, quiso procurar a los niñitos demasiados pequeños para hacer el trayecto del pueblo al Convento, el beneficio de una educación cristiana y por eso fundó el asilo maternal, contando con la cooperación del Señor Pablo Guglieri. A los pocos años, las aulas resultaron insuficientes y fue en 1918 que, mediante una suscripción entre el vecindario, se dotó al Asilo de otra sala para más comodidad de los educandos.

La Capilla

La capilla del convento fue edificada en 1894, por la venerable fundadora Madre María Aloysia, sirviendo muchos años como Iglesia parroquial. Desde aquel entonces, la gratitud de sus ex alumnas y la generosidad de muchos amigos de la casa, han contribuido poderosamente al engrandecimiento de la Capilla.

En el Hospital

Es preciso agregar a la nomenclatura de casas de beneficencia a cargo de las Hermanas el «Hospital de Caridad de Pigüé»; cuya Comisión Directiva, tuvo la buena idea de confiar el cuidado de enfermos a cuatro Hermanas del Niño Jesús, bajo la maternal y autorizada dirección de la Reverenda Madre Josefina. Su acción benéfica es ya conocida por los enfermos que se asistieron en el Hospital.

La formación de la juventud es la base estructural en la futura vida social, a ellas les ha tocado modelar y dirigir las que ayer niñas, son las madres de hoy, aprendiendo en el Convento, el respeto y el cumplimiento de deberes, en el mejor desempeño de su vida social.
Las primeras alumnas en el año 1888 fueron 20 internas y 30 externas.