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Personajes

Esther Chirino: sobreponerse al destino

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(POR SILVIA PHILIPP).- Esther Chirino nació en Bahía Blanca el 12 de febrero de 1956, hace sesenta años, la hija menor de Elsa Salazar Salas y Eulogio Chirino, sus hermanos son Jesús, Elena y Doris. Su educación primaria, secundaria y terciaria transcurrió en su ciudad natal, en la Escuela Provincial,

que se encontraba detrás del Teatro Municipal entonces, ahí trabajaba la sinfónica, la escuela de teatro y la de danza en sus tres trayectos, danza clásica, moderna o contemporánea, en otro tramo se podía optar por tango o folklore, danzas folklóricas fue la elección de ella cuando tenía alrededor de 13 años, así recibió su título de profesora.


Esther recuerda que en esa época el folklore estaba de moda entre los jóvenes pero que no estaba permitido reunirse a escuchar música, tocar o bailar, era época de facto: " estaba prohibido pero algunos teníamos permiso de casa para ir ahí, principalmente había un lugar donde nos gustaba ir, se llamaba "La mufa""; comenzó contando Esther. Más adelante en el tiempo fue consciente de que había sido muy arriesgada por aquellos tiempos en los que desaparecieron varios conocidos y algunos amigos suyos.


Mujer de marcadas raíces Esther, su padre solía decir refranes criollos que luego explicaba su significado, además su abuela Martiniana era un personaje inolvidable.
Esther llegó a Pigüé en el año 1979-1980 ya casada y con un hijo, Diego, al poco tiempo nació su hija Georgina, más conocida como "Yoyi", llevaba adelante una vida bastante organizada entre los chicos, la casa, el trabajo y el ballet "Chez Auca"; los hijos crecieron y, estando en Bahía Blanca, donde vivía su hijo Diego en ese momento, ocurrió un episodio que la marcaría para siempre, un accidente automovilístico.

El accidente

Fue para la Navidad de ese año 2005, cuando Esther tenía 49 años, " había ido a pasar la Navidad con mis hijos y mis padres a Bahía Blanca, a las cuatro de la tarde vamos a comprar los regalos, éramos tres, Diego, su papá y yo, llegamos a una esquina, parada en la senda de discapacidad, mi hijo dice: mirá que palo se va a dar ese, veo que viene una camioneta a alta velocidad, la camioneta choca a un auto, que sube a la vereda, vi pasar a Diego por arriba del capot, lo demás, me lo contaron, el auto me arrastró varios metros, de ahí al Hospital donde estuve inconsciente hasta el 19 de febrero». «Me operaron del tobillo, el empeine, el metatarso, los dedos, la tibia, el peroné, la rodilla, tuve secuelas de columna, cervical, costilla y la cadera». «Lo que más me costó fue trabajar sobre mis piernas y todo el año 2006 y 2007 para mí fue nacer, adaptarme, criarme y luchar, luchar con el ego y aprender, me costó mucha terapia todo y mucho dinero, a mis padres les debo todo, ellos dispusieron de un terreno para mi recuperación"; contó Esther.


Fue un camino largo y difícil en el que encontró personas valiosas, pero también tuvo decepciones de otras, cuestiones difíciles de aceptar. " Neurológicamente estaba afectada, pero tenía ganas de continuar trabajando y hubo quienes se interpusieron en esto, mientras que algunas compañeras me ayudaron, un día vino Claudia y me dijo que íbamos a empezar con matemáticas, otra me ayudaba a leer, había una mano que no manejaba bien, alguien tiró un papelito debajo de la puerta que promocionaba clases de costura, empecé a tomar esas clases, yo estaba sentada en una silla de ruedas, con pañales, eso fue horrible"; reconoció Esther.


En medio de la recuperación, cuando transcurría el mes de mayo, una mujer se presentó en su casa para decirle que tenía una relación con su esposo, así comenzó otra etapa de su vida, la de mujer separada: " entonces mis hijos hicieron valer el respeto, porque de último el amor se puede terminar, pero como yo ya estaba sufriendo el dolor de no ser apta para… y de querer demostrar que sí lo era. El divorcio no me afectó tanto, aunque no fue algo menor, yo lo quise mucho, tengo buenos recuerdos de él, pero el amor se terminó"; reconoció Esther.


En situaciones límites, como la que atravesó Esther, es preciso tomar fuerzas de algún lado para continuar, para salir adelante, en su caso, aseguró, sus hijos fueron las muletas fundamentales: " la exigencia de mis hijos fueron, sin duda, mi salida, mi viejo se murió en el 2009, no me vio caminar, un año antes había partido mi madre"; recordó.
Poco tiempo después el tono de sus días se iluminó más con la llegada de Irupé, su primer nieta, hija de Diego, después nació Ción, que tiene cinco años, mientras ellos crecían, "Yoyi" trajo al mundo a Paloma.


"Hoy disfruto de ellos, toda vez que comparto momentos o días con sus voces y risas, también me gusta el tiempo en el salón del ballet Chez-Auca, con los alumnos de hoy y de antes, con otros bailarines que nos vistan también, ya cuando uno es más grande se da cuenta que uno hizo hasta acá, y lo demás, es providencia"; concluyó Esther Chirino.
En ella encontramos la fortaleza de la mujer, esa que no se deja vencer, la guerrera, que dice: yo puedo y lo logra, Esther Chirino lo hizo y es una mujer de pie.