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Personajes

Mary Fuhr: volver a empezar

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María Rosa Feve, conocida en nuestra comunidad como Mary Fuhr, nació en la Provincia de La Pampa en una familia numerosa, con once hermanos, siendo niña aún sus padres se separan y ella va a vivir con su abuela en una estancia de Dufaur,

más adelante su mamá forma pareja con un hombre de Córdoba, en esa provincia se establece, en un pueblito llamado Elena, donde estuvieron algunos años y nace un nuevo hermano.


Cuando ella tenía nueve años toda la familia se viene a vivir a Pigüé, incluso sus abuelas.


A los dieciséis años conoció a Héctor Fuhr y comenzaron a convivir a sus veintiún años: "él estaba separado y tenía dos hijos que vivían junto a nosotros, a los diez años de estar juntos viviendo en el campo, nació Adrián, que cuando empezó la escuela nos vinimos a vivir al pueblo, la hija de mi esposo, Nancy, tenía quince y el hijo, Darío, diez, mi marido era una excelente persona, éramos muy compañeros, trabajábamos juntos e íbamos a las domas que tanto nos gustaban». «Un día, el 3 de septiembre él fue a Saavedra con la gente de El Pegüal a llevar unos potros, allá se descompuso, me avisaron y cuando llegué había fallecido, se le había cortado la aorta, no entendía nada porque hacía quince días nos habíamos hecho estudios y estaba todo bien, yo tenía 45 y él 56 años, Adrián tenía quince años y sus hermanos ya se habían casado, para mí fue un golpe durísimo"; comenzó contando Mary.


La pareja tenía un depostadero y tenían el proyecto de abrir el frigorífico para lo que habían tomado créditos, tenían cuatro empleados y Mary quedó como responsable de esas deudas. «De un momento para otro me quedé sin marido y sin saber que hacer con las finanzas, me encontré sola con Adrián y no quise continuar con el frigorífico, así que empecé a trabajar en un supermercado, muchas horas al día y después en un taxi, así empezamos a salir adelante, también vendimos cosas que no necesitábamos, la camioneta, caballos y eso"; detalló Mary.

La noche más oscura

Cuando se habían cumplido cuatro años de haber perdido a su esposo, Adrián ya tenía casi veintiún años, trabajaba en una empresa de balanceado, estaba felíz porque había sacado el carnet y le darían un camión para manejar: " esa noche fue a la remisería donde yo estaba trabajando para pedirme la tarjeta para cargar combustible, habían organizado un asado con los amigos para festejar».


«Sale a las diez menos cuarto, menos diez suena la sirena, lo llamo y no me atiende, pero no pensé en un accidente, me fui a cargar gas, me llaman por teléfono y me dicen que él había tenido un accidente, justo veo las luces, los bomberos, la policía, era en la dársena de la YPF, ya lo habían sacado y hubo que llevarlo a Bahía, antes de llegar sentí que mi corazón se me partía en pedacitos, me llevaba la familia Ritter, le dije no te apures más, que Adriancito ya no está, llegamos y lo ví sobre una mesa de mármol, ahí se me terminó el mundo, no podía creerlo, ahí empezó un caos en mi vida", repasó Mary.
En principio ella se fue a vivir con su padre, pero regresó a su casa donde se sumergió en un pozo que parecía no tener salida alguna: " no me interesaba trabajar, comer ni bañarme, nada, no fumaba y empecé a fumar, cuatro atados por día, comencé a tener ataques de angustia, me faltaba el aire, estaba anémica y deshidratada, los fines de semana me internaban y me pasaban suero y calmante, yo tenía 49 años"; dijo Mary.
Adrián había dejado un seguro a su mamá para que se comprara un auto en caso de que le tocara partir. «Compré el auto con el que salía a la ruta a buscar la muerte, quería irme como él, tenía un tratamiento psicológico, después psiquiátrico, tomaba dieciocho pastillas al día, así estuve tres años, perdida, no trabajaba, me había quedado algo del seguro, comía en lo de mi madre, andaba de prestamista en prestamista, le pedía dinero a mi familia, esos fueron los tres años más terribles de mi vida", expresó Mary.
Por ese tiempo ella también participó en el grupo "Estrellas amarillas", las acciones incluyeron la pintada de estrellas amarillas para crear conciencia de tomar precaución al transitar, se pintaron también sendas peatonales y se dictaban charlas en las escuelas.
En ese tiempo, por un juicio, Mary pierde una casa quinta y un auto, es ahí cuando toca fondo y decide quitarse la vida, prepara todo y sale a dar una vuelta en auto con la idea de pedir perdón a Dios.
"Paré frente a la plaza Sarmiento, y oí una alabanza, que reconocí, entonces entré a la iglesia, en ese momento el pastor comenzó la prédica diciendo que nosotros no éramos dueños de nuestras vidas. Al otro día era el aniversario de mi hijo, la pastora me abrazó, me fui a mi casa y lloré en el auto hasta quedarme dormida, cuando desperté, horas después, entré a la casa y recordé lo que había oído en la iglesia, era el salmo 91, ahí empezó un cambio en mi vida"; manifestó Mary.
Ella comenzaba a ver algo de luz, los pastores iniciaron un trabajo para ayudar a que Mary pueda sanar, reconoce el abandono de su persona y su casa. Al tiempo concurre a un retiro espiritual o "encuentro con Dios", donde siente que tiene un propósito en su vida, siente que Dios le había hablado.
" Al llegar a casa decidí dejar las pastillas, esa noche vino Adrián a mis sueños, me dice que se despedía, que se iba con papá y me dejaba a mí con Dios, aprendí a vivir nuevamente, empecé a trabajar, a limpiar casas, primero me daba vergüenza, ahora estoy orgullosa de lo que hago y agradezco a la gente que me da su confianza".
Mary ya no vive en la casa donde vivía con su esposo, hijos y su hijo Adrián. Hoy tiene una vida diferente, sus padres también partieron, las huellas del dolor están, pero ella pudo volver a empezar. "Dios restauró mi corazón"; finalizó Mary.