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Personajes

NERY PARDAL: «NO HACE FALTA UN PLAN»

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HACE CUATRO MESES INICIÓ CON SU COMPAÑERA UN VIAJE SIN FECHA DE REGRESO POR VARIOS PAÍSES DEL MUNDO. APRENDER ES EL PRINCIPAL OBJETIVO

Nery Pardal era muy pequeño cuando llegó a nues tra ciudad de la mano de su madre y su hermano, aquí creció y se educó hasta el momen to de ir a la universidad, trabajó aquí y allá y un día, sin un plan, armó la mochila y salió de viaje con su compañera, en principio con rumbo conocido, Madri-España, decía en sus pasajes. Nery aceptó compartir su histo ria con los lectores de "Reflejos" y las instancias de su viaje.

«Nací el 16 de mayo de 1984, en Río Colorado, provincia de Río negro. Un pueblo principalmente chacarero, a orillas del río que le da su nombre. Mis viejos, Daniel y Móni- ca, mi hermano Ary y yo, nos mudamos por trabajo a un pueblito cerca de Bahía blanca, llamado Medanos. Mi viejo laburaba en lo que en ese entonces era Gas del  Estado,  y  en Medanos había una  planta de  gas.

Tenía casi 4 años cuando un accidente en la planta de gas le quito la vida a mi viejo. Después de eso, volvimos a Río Colorado una vez más, solo por un año, y para fines de 1989 nos estábamos mudando a Pigüé, en un traslado que consiguió mi vieja dentro de Gas del Estado. Tenia 5 años para ese entonces, y con el nuevo año (1990) empecé la primaría en la escuela número 3, de la cual tengo muchos lindos recuerdos

de compañeros, maestros y los talleres que dictaban por las tardes. Ese mismo año  nació  mi segundo hermano, Emmanuel.

La secundaria la hice en la media número 2. Para ese entonces ya vivíamos en la calle Urquiza al 900, y con Mario su mándose a la familia como pareja de mi vieja. Después de esos años en Pigüé, me fui a Bahía Blanca a estudiar ingeniería industrial en la Universidad Nacional del Sur. Aunque  si bien la curse toda, nunca di todos los exámenes para recibirme».

«A Chile: En mi último año de la universidad (2010) se me acercó un día en la calle Juan Ignacio Zaffora, oriundo de Suárez, Juan venía de un voluntariado en Panamá y Costa Rica a través de la organización AIESEC, y quería que Ba- hía tuviera intercambios como ese para todos los estudiantes. Cuando me lo planteo, me subí al proyecto ese mismo día, y junto con otros 7 locos, nos pusimos a trabajar para lograr tener una oficina de la organización en la  ciudad.

Pasamos ese año y el siguiente trayendo gente de otros países a Bahía, y mandando estudiantes afuera también. Para fines del 2011 ya sentía era hora de que viajará yo.

Lo debo haber deseado muy fuerte, porque para enero del 2012 me habían  ofrecido coordinar proyectos de impacto social en Argentina, Chile y Uruguay dentro de la misma organización, y además, una amiga que estaba de intercambio en Chile me llamo contándome que el la empresa estaban buscando a alguien  con mi perfil, que si me interesaba, me  ponga  en contacto.

Era marzo y yo estaba con mis valijas en Santiago de Chi- le, con 2 trabajos confirmados y una nueva vida por descubrir. Trabajé ese primer año en una pequeña consultora donde pude aprender mucho. Eso me abrió las puertas para cambiarme a una empresa de las más reconocidas en el país, y me permitió estudiar una especialización en gestión por procesos en la universidad  católica.

Pero después de 2 años, sentí ya había llegado el momento de dejar Chile, y a falta de una opción clara, decidí pro- bar la vida en Buenos  Aires.

Buenos Aires tenía a mis hermanos, amigos, y las milanesas. Todo lo que extrañaba del otro lado, así que la adaptación  fue fácil.

Trabajé algo más de un año también como consultor de procesos  en  una  empresa  de

tecnología, y el último año y medio en una petrolera priva- da. Tiempo durante el cual también me especialicé en metodologías ágiles para gestión de proyectos y otras maravillas para mí, como la facilitación gráfica.

LA  DECISIÓN

En algún momento todos dijimos algo así como "Seguro que si lo planificabas no salía tan bien". Si no fue así, fue muy parecido. Así comenzó a escribir Nery en su blog antes del viaje. Porque el único plan concreto acá es el aprendiza- je; así lo asegura al final del relato, en la segunda parte de la historia de esta aventura que comenzó  hace  cuatro meses.

Quizá sea así, que el plan sea no tener plan y sólo haga falta una decisión.

Este viaje lo iniciamos jun to a Lore, mi medio ticket, cómo nos gusta decir, el 29 de marzo de  este  año.

Es algo como un orgullo personal el decir que no tenemos plan de nada, vamos viendo que opciones aparecen, e intentamos no forzar las cosas. Hacer lo que fluye. Buscábamos algo que nos permitiera descubrir y descubrirnos, y sacarnos de lo que ya conocíamos.

Para fines de diciembre del año pasado acordamos dedi car un sábado en definir que íbamos a hacer de una vez por todas, en lugar de solo conversarlo de vez en cuando. Ese sábado, entre mates y pa-pelitos de colores en la pared, definimos que cosas deberíamos hacer o tener listas si queríamos irnos, que tipo de viaje hacer  y  algunas  cosas más, pero no nos animamos a poner fecha o destino inicial.

El domingo todavía en la cama encontramos (o nos en-contró) una oferta de vuelo a Madrid, con ticket solo de ida, y a 3 meses de   distancia.

Se parecía bastante a una respuesta a nuestras dudas del día anterior, así que antes del primer mate ya teníamos con- firmados fecha y destino. Teníamos que ponernos a trabajar.

 

Nery y Lore, fieles a su fal- ta de planes, nunca llegaron a Madrid. Les pareció que unas sardinas asadas iban a ser un buen comienzo de viaje y se quedaron en Lisboa.

- De Lisboa fuimos a Porto, quizás aún más linda e intere- sante, y pasamos un par de días más. Nuestro siguiente destino era Barcelona, parada obligatoria para visitar amigos, pero exactamente del otro lado de la península Ibérica.

Era hora de la aventura. Usando bla bla car ( plataforma para viajar en el auto de un ter- cero y compartir gastos) encon- tramos un español que viajaba en una furgoneta de Porto a Barcelona y seguimos la mar- cha.

Después de Barcelona em- pezamos nuestra actual moda- lidad de viaje, que es básica- mente intercambiar unas 20-25 horas de trabajo semanales, por hospedaje y comidas.

Hay muchos portales en In- ternet para hacer esto. Noso- tros usamos workaway.info, porque nos gustan más las ex- periencias que podemos encon- trar ahí.

Estuvimos en Italia 3 sema- nas, cerca de San Casiano, un pueblo a 30 km de Florencia, pri- mero ayudando en una casa de huéspedes, y luego en la coci- na de un restaurante. Todo esto en una villa Haré Krishna. Lo cual era totalmente nuevo para nosotros.

De Italia nos fuimos a Dina- marca. Estuvimos 6 semanas en una pequeña isla llamada Fejø, donde ayudamos a la pro- ducción de sidra orgánica y el cuidado de la chacra de man- zanas. Ahí  aprendimos  que la sidra es otra cosa muy distinta de lo que estamos acostumbra- dos en Argentina! Y la isla en si era un paraíso de 16 km2 con el mar en cada curva, los campos llenos de flores y todo el verde de la primavera.

Después de Dinamarca se- guimos a Bielorrusia. Hicimos una pasada de unos días por Varsovia, Polonia. Una ciudad hermosa y llena de historia y comida riquísima, y llegamos por tren a Brest, Al Sur de Bielorru- sia. Estuvimos un par de días ahí, y otros tantos en Grodno,  un pueblo más al  norte.

Bielorrusia se caracteriza por mantener mucho de lo que fue la unión soviética. Sus mo- numentos, tradiciones y arqui- tectura. Y casi nadie habla in- glés. Sumado a que tienen el alfabeto cirílico, nos fue difícil comunicarnos más que por se- ñas  o dibujos.

De Bielorrusia cruzamos a lviv, Ucrania a visitar amigos. Lviv es una ciudad hermosa, con músicos en la calle y mu- cha  vida social.

De lviv nos fuimos al sur. Una granja con un proyecto de permacultura a una hora de Chernivtsi. Estuvimos 2 sema- nas ahí, trabajando en la huer- ta, aprendiendo algunos princi- pios de estos tipos de cultivo, y también construyendo un hor- no para cerámicas. Dejamos el lugar el mismo día que otro ar- gentino llegaba con su novia francesa para quedarse un mes.

Básicamente, nuestra mo- dalidad de viaje es usar estas experiencias de intercambiar algo de trabajo por comida y alo- jamiento, además de vivir con familias locales, lo  cual nos  da la oportunidad de aprender un montón de su cultura y día  a día.

Además, tenemos algún in- greso extra en el camino. Por ejemplo, en Italia nos regalaron unos litros de aceite de oliva, que luego vendimos en Dina- marca, o también a veces acor- damos hacer alguna hora extra si  se  necesita.

Algo muy particular fue que en Dinamarca me compraron un dibujo que había hecho en los primeros días para que sea la etiqueta de un vino local. Lo cuento y todavía no lo   creo.

En un futuro queremos en- contrar nuevas formas de ha- cer ingresos, los necesarios para continuar viajando. No hace falta mucho más. Tenemos aho- rros pero solo los usamos para movernos, o tomarnos unos días entre experiencia y expe- riencia.

Una amiga viajera siempre dice que mientras más viajas, menos dinero necesitas, y estamos descubriendo que es así.

No nos privamos de darnos nuestros gustos, probar las comidas típicas, una cerveza o un café, o comprar algún nue- vo libro digital cuando termina- mos el anterior. Cosas así. Pero empezamos a darnos cuenta que mucho de lo que comprá- bamos o usábamos es innece- sario a la hora de disfrutar el día a día.

Cuando uno puede conocer un nuevo sitio, no deja de poner en la balanza a la gente del lu- gar, es que es eso, un todo, así es que también quisimos saber eso, cual había sido la recepción de los habitantes de cada destino.

-La mejor! Siempre hablan- do de las familias y personas con las que hemos convivido, claro. Un chófer de colectivo es mala onda en todos lados creo. Más cuando decimos que somos de Argentina, les sor- prende estemos tan lejos, y que todo lo que tenemos son nuestras mochilas y nada más.

-  Si  de  sitios  hablamos,  la    isla de Dinamarca es en lo  pri-

mero que pienso. De la casa a una de las chacras no era más que 10 minutos en bicicleta en- tre campos de flores amarillas hasta donde te daba la vista. Y de golpe, en la última curva, aparecía el mar. Todos los días que hacia ese recorrido me quedaba maravillado por tanta belleza en la simplicidad de un campo al lado del mar  azul.

En lo cultural, me sorprendí más de una vez frente a pen- samientos tan distintos a los propios. Desde conversaciones religiosas (no soy creyente, pero respeto cuando la gente comparte sus creencias), filo- sóficas, o solo alimenticias. Conversaciones donde me que- dé sin palabras por lo inespera- do de cada comentario.

SIN  LÍMITE

Claro, como lo venimos con- tando, Nery y Lore no tienen plan fijo, por lo tanto tampoco saben cuando van a retornar a Argentina. No sabemos. A este ritmo, estimamos que los aho- rros podrían durar 2 años, sin contar futuros ingresos. Podría ser antes, o después. Vamos viendo que nos da ganas de hacer y aprender, y que luga- res conocer.

Tenemos un blog en WordPress. Se llama "como la tera al toro" en honor a una fra- se que siempre usa mi abuela. Se nos atraso porque nos olvi- damos el cable de la netbook en la isla y recién nos alcanzó está semana, pero lo vamos a ac- tualizar con los días.

Además, llevo un persona- je  de  caricatura  en  Instagram, donde con cada país nuevo in- tento retratar algo típico histórico o cultural. Se llama Onorio_nicanor.

Próximamente queremos hacerlos postales y señaladores  de libros.

En el momento de respon- der el cuestionario de "Refle- jos"; Nery y su compañera se encontraban en Ucrania, y quien sabe cuantos países más los esperan…

"Hoy estamos en un pueblito en los Cárpatos de Ucrania, lla- mado Yaremche. Estamos rum- bo a Rumanía, pero paramos unos días acá a disfrutar del clima y el paisaje.

Nos estamos quedando en una casa de huéspedes,  don- de los dueños son una pareja de abuelos que nada hablan de inglés, y nosotros nada de ucraniano. Nuestras conversa- ciones son un juego de adivi- nanzas y risas por las dos partes."

BÚSQUEDA

Al final parece que el plan sí tiene un plan: «En pocas pa- labras: aprender. Aprender de nosotros, como pareja, como in- dividuos. Aprender a resolver cuando nadie te entiende y nada te es familiar. Aprender a ser más simple y más ligero. Apren- der del otro. Su historia. Su creencia. Su forma de ver la vida. Aprender a hacer lo que nos de en gana: sidra, un horno de barro, una pizza italiana, una casa. Vamos aprendiendo en cada lugar y con cada persona algo nuevo. Y me pasa que más viajo, y menos certezas tengo».