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martes, noviembre 30, 2021
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    (por Walter Ditrich).- El miércoles, por espacio de más de tres horas, el HCD sesionó por cuarte vez en el año. Se trató el cierre del Ejercicio 2019. Todo comenzó con otro papelón: la Secretaria leyó el despacho de la mayoría (Juntos por el Cambio) desaprobando las cuentas comunales, pero se confundió y dio  a conocer el documento del año pasado. Iba por el punto cuatro cuando le avisaron y corrigió.

    En el tratamiento, casi no explicaron los números comunales. Un par de números que señalaron al pasar y luego consideraciones políticas, chicanas, entrecruces y una desaprobación anunciada por la mayoría de Cambiemos.

    Hubiera sido deseable que los ediles explicitaran  claramente los números públicos del año que se fue, como era habitual en otros tratamientos. Los que llevamos más de dos décadas asistiendo a sesiones similares, hemos visto dar debida cuenta del balance comunal subrayando sus ideas políticas a concejales como Malena González, Daniel Pezzino o Marcela Guido por citar algunos de los que se daban esa tarea.

    Se iba la sesión que había comenzado 9 hs y llegó a la votación a las 12,20hs. En el final, la concejala Ana Lucía García de Juntos por el Cambio, destinó unos minutos a contestar mi artículo anterior en este espacio. La edil, dijo textualmente:

    “Me tomo el atrevimiento de responder una editorial que salió publicada en el diario Reflejos, luego de nuestra última sesión, donde se habló de que al final, chorizo, que es un dicho, o al final me dedico  a hacer chorizo.. La verdad le quiero responder a quien firmó ese editorial, que lo que nosotros hicimos el otro día, aunque él se aburra y sean muchas horas, es tarea legislativa. La tarea legislativa está definida concretamente en varios artículos de la Ley Orgánica Municipal, básicamente para eso nos votaron. Le puede gustar más o menos un proyecto, se puede aburrir.. Pero la verdad es que lo que nosotros hicimos el otro día, aunque a él no le guste y piense que eso que hicimos acá es estar alejado del vecino  es cumplir específicamente con el artículo 25, 76 y 77, entre otros de la Ley Orgánica Municipal, donde establece nuestra competencias, y donde establece que las ordenanzas,  resoluciones, minutas de comunicación tienen que ser concisas, prescriptivas, estar bien definidas. Y nosotros queríamos, por ejemplo, apoyar algunos proyectos del otro bloque, y el otro bloque proyectos nuestros que tenían que salir conforme la ley. Si se aburre, le podemos ofrecer un café, pero nosotros  vamos a seguir haciendo nuestra tarea legislativa”.

    La editorial a la que hace mención García, finaliza  diciendo: “Terminó la sesión. Repasé todo el orden del día y las cinco horas de sesión. No encontré demasiadas buenas noticias para comunicar. Pensé en cuando se dijo que los “69 mil pesos del aumento a los empleados del Congreso estaba disociado de la realidad”. Me quedé evaluando si nuestros representantes locales están  sintonizando con la realidad de la mayoría de los vecinos.

    El control de precios es un botón que sobra para muestra. Quizás, legalmente no correspondía adherir al decreto y bla bla bla. Pero hay algo que se llama DECISIÓN POLÍTICA. Si existiera, se buscaría alguna forma de proteger el bolsillo de los vecinos.

    14 concejales. 5 horas de decisión. Mucho gre gre para decir Gregorio  y al final:  chorizo”.

    Como se recordará esa sesión (la 3ra del año) duró cinco horas porque se trataron más de 20 proyectos. Es que en la anterior (la segunda)  no se habían puesto de acuerdo sobre el plazo para presentar proyectos y no se le terminó permitiendo a la oposición tratar sus iniciativas. Los opositores hablaron de censura, de falta de democracia y hubo bastante polémica. Por lo que 15 días, sesionaron 5 horas y las desprolijidades también fueron varias. Proyectos mal redactados, otros corregidos en plena sesión, falta de conocimiento  de las competencias del HCD para impulsarlos y cuestiones similares. De tal forma que cinco horas después y sin ningún proyecto concreto que mejorar la situación de los vecinos, elegí la metáfora de “al final chorizo”.

    Y lo sostengo.

    No se trata de aburrimiento. Tampoco de lo maratónico de las sesiones.

    Se trata de esa sensación recurrente, que creo comparte buena parte de la ciudadanía, de estar asistiendo a un divorcio entre la población y sus representantes.

    Nadie discute la legalidad e institucionalidad del HCD.  

    Lo que produce tedio, es más profundo.

     Y no se calma con un cafecito para pasar el rato.

    Aburre que habiendo sesionado sólo 4 veces en el año, 14 concejales no puedan ponerse de acuerdo en cuestiones legales para aprobar proyectos que dicen “queríamos apoyar” en beneficio de la gente.

    Aburren los tecnicismos y la burocracia insoportable.

    Aburre que sesionando, con suerte, dos veces al mes  terminen acomodando los proyectos en plena sesión.

    Aburre que, generalmente, muchos  concejales asumen sin saber bien cómo funciona el HCD.

    Aburre que la mayoría invoca la voluntad popular, pero los ciudadanos votan al intendente y no pueden elegir a los siete concejales que lo acompañan.

    Aburre que se sigan colgando de esas listas sábanas y nunca hagan nada para profundizar la democracia modificando ese sistema.

    Aburre que buscando entrar a la sábana, pasen horas en los cierre de lista intentando sentarse en una banca.

    Aburre que lleven décadas criticándose por los pedidos de informes.

    Aburre que sigan diciendo que les falta información para trabajar, cuando el HCD está a una cuadra de la  Municipalidad.

    Aburre que tarden meses en sancionar ordenanzas  y cuando lo hacen, casi nunca se cumplen.

    Aburre que critiquen a los intendentes por no cumplir las normas, pero nunca se hagan un viaje a los tribunales para denunciarlo.

    Aburren que tarden, dos meses en  sugerirle al Ejecutivo formar un Comité de Crisis mientras hay gente necesitando ayuda. En el mientras tanto, casi se les pudre un camión de papas y mientras el frío aprieta están repartiendo leña verde.

    Aburre que sigan  hablando de la calidad del agua  y del medio ambiente, mientras casi nada cambia en el agua que tomamos y el medio ambiente en que vivimos.  Encima,  los que dicen que vinieron a cambiar la desidia anterior, vuelven a  enterrar basura con la pandemia como excusa.

    Aburre que sigan sin resolver los mismos problemas de siempre. Como muestra basta un botón: . ¿Y si hacen algo concreto para solucionar  el problema de los perros sueltos?.  No depende de ONU; ni de Nación, ni de Provincia. Es un problema de acá. Pasó Cristina, Macri, Scioli y Vidal . Están Fernàndez, Kicillof y Notararigo. Grenada estuvo 12 años, Corvatta  8 y se han sentado en esas bancas decenas de concejales. Antes había doce, parece que no alcanzaba y  ahora son 14. Los invito a  todos a salir a la calle y caminar por Pigüé sin llevarse como regalito caca de perro. O a que recorran la ciudad en bicicleta o moto, eludiendo las jaurías de pichichos mordedores.

    Para muestra sobra un botón.

    Alrededor de 21.000 habitantes en distrito. 14 concejales.

    Casi hay un concejal cada 1.400 personas en esta comarca.

    Según el presupuesto municipal, el HCD insumirá un presupuesto total de $32,4 millones de pesos.  Por lo cual, podemos decir que  cada concejal “nos cuesta”  2,3 millones de pesos al año.

    Van cuatro sesiones ordinarias.

    En la primera, Notararigo pronunció su discurso de Apertura a principios de Marzo.   En la segunda,  el oficialismo no permitió a la oposición presentar proyectos y se trataron sólo las becas para estudiantes.

    La tercera, duró cinco horas, fue un festival de desprolijidad y, según mi óptica, “al final chorizo”.

    En la cuarta, en tres horas discutieron el cierre del  ejercicio del año pasado. Al leer el EXPEDIENTE MÁS IMPORTANTE SOBRE EL QUE SE CENTRÓ TODA LA SESIÒN, la Secretaria comenzó leyendo el del año pasado.  Luego se habló de que los vehículos municipales no tienen VTV, que un volcador no doblaba a la derecha, que las computadoras del municipio son “el triángulo de las bermudas” porque el que se va las borra . Y a  una edil le agarró “un mambo” porque la información municipal no es clara.

    La concejala García cerró la sesión defendiendo su función ante mis opiniones  y ofreciéndome un café para que no me aburra.

    El HCD es la casa de la democracia. Los concejales son los representantes del pueblo.

    Si yo me aburro, no pasa nada.

    Si el pueblo se aburre de sus representantes,  peligra la casa de la democracia.

    Y no se arregla con un cafecito.

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