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    x1pcjqddvowrmaw3d6rqugltr7(POR WALTER DITRICH.- walter@semreflejos.com.ar).– La violencia juvenil no es un tema nuevo en nuestra comunidad. Generalmente emparentada con la nocturnidad, suele ser noticia cuando la gravedad de las heridas de algún joven pasan de la tipificación policial de leves a lesiones graves. En los últimos días, además de la gravedad de los hechos, llamó la atención la cantidad de jóvenes involucrados. Además de que los propios padres de las víctimas instalaron el tema en los medios de comunicación. Y por otro lado, desde un sector de la ciudad – donde según algunas voces podrían residir parte de los victimarios- se hizo pública una misiva donde se asegura que el origen de la violencia está en la discriminación.

    Cuando se tocan estos temas, quien tiene el ojo más morado, se presenta como víctima de la violencia «porque sí». Y se le suele preguntar ·por qué te pegaron?  como si existiera alguna razón más valedera que otra para la sin razón.
    Porque te digan: negro, cheto, bostero, gallina,  te miren derecho o torcido,   o no guste tu camisa, ¿Se puede partirle al cabeza a alguien de un ladrillazo?; Cuál de todos los inicios de una pelea da el derecho de patear a un joven en el piso hasta desmayarlo?. Es claro que poco importa quién empezó primero o por qué se tiró la primera piña.
    La discriminación hacia un lado y hacia el otro, puede ser un origen. Jóvenes de más status social suelen burlarse de otros con menos recursos o nucleados en instituciones con menos éxitos deportivos. Y a la inversa, hay quienes sufren agresiones sólo por vestir una camiseta más poderosa o una camisa más cara.
    Después, entran a tallar otros factores como una sociedad cada vez más violenta; la ausencia de controles adecuados, el consumo de alcohol, las drogas; la indiferencia de los adultos hacia nuestros jóvenes; el dejar hacer …. y una enorme lista de falencias que como sociedad seguimos sin solucionar.

    El jueves, cuando hacíamos Cuarto Poder, el Juez de Paz local recordaba que planteó con claridad todas estas carencias y en una carta pública proponía mejorar los controles de la nocturnidad, el tránsito, el consumo de alcohol, la drogadicción y la prostitución. Fue en 2006 y hasta el HCD hizo lugar  su pedido. Pero en lo concreto todo siguió igual,  y por consiguiente peor. Porque seis años sin hacer nada no pueden generar otra cosa que un deterioro en este tipo de problemáticas.

    Y entonces, ¿Qué se puede hacer?. O mejor dicho: ¿Se puede hacer algo?. O debemos resignarnos;  aspirando solamente a que no nos toque a nosotros?.
    La conclusión más obvia, nos indica que primero debemos reconocer que existe un problema, para luego comenzar a abordarlo. Ha estas alturas es indiscutible que no se trata de hechos aislados ni de sensacionalismo mediático. Y para comenzar a hacer algo, la lógica indica que primero se debe  hacer lo posible. Esto es, utilizar las herramientas que tenemos a la mano. No es muy complejo. Los padres deben trabajar de padres; las víctimas denunciar; los victimarios ser denunciados; la policía debe cuidar; los inspectores controlar y los jueces aplicar la ley. Los jóvenes quererse más los unos a los otros; los docentes enseñarles a hacerlo; la comunidad participar y todos los vecinos levantar las persianas para mirar y actuar. Metiéndonos cada vez que haga falta para callar el no te metás. En suma, debemos cuidarnos más; garantizando nuestros derechos y castigando a quienes infringen..

    Los adolescentes que cierran el puño y arrojan la piedra con desprecio por la vida del otro, adolecen. Aquellos que terminan con los ojos morados, también han adolecido de protección. Todos, estamos adoleciendo de una sociedad mejor que no ha sido capaz de parir pibes menos violentos.
    Por los adolescentes de hoy que serán hombres y mujeres pasado mañana, es hora de que todos nos pongamos los pantalones largos y dejemos de adolecer. Que así sea.

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