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martes, julio 27, 2021
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    Ana Merro Mc Lean: VIVIR AFUERA

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    VIVIR_AFUERA•   Por tener esa experiencia viajó a Estados Unidos, se casó, tuvo dos hijos y retornó después de 15 años, en Arroyo Corto se agranda la familia. Lamenta la corrupción y las dificultades de proyectar en el país.

     Ana Merro Mc Lean forma parte de una gran familia, nació en Concordia, Entre Ríos, después de Jorge, de 45 años (vive en España) e Inés, menores son Federico (vive en España también) y Sofía, la menor.
    Su padre era administrador agropecuario, por lo que se trasladaron a diversos puntos del país. «Nosotros vinimos en el ´85 desde Mar del Plata, con Inés estuvimos pupilas en el Niño Jesús, Federico al La Salle y Jorge Ya estaba en un colegio agrario en Bolívar, mis padres en un campo en Casbas, ya en el ´88 mi papá compró una casa en Pigüé, y después me fui a estudiar técnica en producción agropecuaria en Buenos Aires, mi sueño era hacer lo que hacía mi papá. No se dio por ser un país un poco machista, al encontrarme sin saber qué hacer, partí sola en el ´95 a Estados Unidos, después de un año volví para irme nuevamente con mi novio, hoy mi marido, Fabio Rojas”; contó Ana Merro.

    El primer contacto con ese país fue a través de amigos en común con una pareja franco-americana para quienes trabajó el primer año cuidando a sus pequeños hijos en Long Island, una pequeña isla ubicada a un lado de New York. Ya casada, la pareja comenzó a trasladarse por diversos lugares del país trabajando de petiseros en caballos de polo y administrando caballerizas. “Llegué sola en mayo del ´95 y me impresionó el orden en rutas y transportes, la infraestructura, todo era nuevo y la gente me ayudó”, aseguró Ana.
    «Recuerdo que la primera semana sola, lloré absolutamente todos los días, era un drama cada vez que hablaba a casa, pero ni loca me volvía, sabía que era algo que tenía que pasar. Tenía entonces 25 años, después ya empecé a andar sola, me iba a Nueva York los fines de semana a recitales, anduve sin miedos relacionándome con distinto tipo de gente. Es una ciudad muy rica en culturas donde encontrás personas de muchos países, yo iba sola a una plaza en el Washington  Square Garden donde se juntaban todos los artesanos y artistas, me hice amiga de muchos de ellos y conocí gente muy interesante, de Bélgica, Alemania, por ejemplo chicos gay que eran echados de la casa, drogadictos, fue una experiencia realmente increíble, me ayudó a crecer, siempre respondiendo muy segura que no, ante ciertos ofrecimientos”.

    Junto a su marido vivieron en varias ciudades del este: Cold Spring Harton, South Hampton, Beach Hampton entre otras y en el Noroeste en Wyoming en un Polo Ranch.
    A la experiencia del trabajo con los caballos de polo, la pareja en tiempo libre hizo de cow boys a buscar vacas a la montaña. «Esto lo disfrutamos mucho, un cambio muy positivo, mi marido por ejemplo, no había tenido contacto previamente con caballos, él estudiaba Derecho y había comenzado Filosofía y Letras , pero los americanos relacionados con el polo respetan mucho a los argentinos, obviamente que nos dimos golpes, llegamos a trabajar con argentinos, profesionales de alto hándicap, que son super exigentes, y nos tenían no en las mejores condiciones, pero seguimos adelante, sabíamos lo que queríamos. Con los americanos aparecieron mejores posibilidades laborales”; admitió Ana Merro.

    El vivir en un gran país, con geografía diversa, también fue una invitación a viajar y conocer mientras la pareja aún no tenía hijos, por lo que aprovechaban los meses dormidos del polo para recorrer. «Hemos ido de New Cork a Florida en auto, conociendo muchos estados, también de Wyoming a Florida, deteniéndonos en pueblitos, por ejemplo donde se filmó la película “La familia Ingals”.
    Al trabajar cuidando niños, en principio, Ana comprobó la permisividad de los padres que consienten sobremanera a los pequeños, a la vez que de la puerta hacia fuera del hogar, los quieren preservar, excesivamente, de todo riesgo. Otro extremo que señaló es el trabajo como meta principal, casi sin relaciones sociales, que pasa a un plano lejano.

    Volver

    Ana Merro reconoce que extrañaba mucho a la familia aunque siempre hablaban por teléfono y venía a visitarlos cuando era posible. «Mi mamá iba a viajar cuando estaba embarazada esperando a mi primer hijo, Baltasar, pero mi papá se enfermó y lamentablemente falleció. Ese fue un golpe durísimo, lo más duro de mi vida, lo había dejado hacía un año y estaba por volver a presentarle mi primer hijo, fue terrible, era como un trofeo que yo le traía, su primer nieto varón que hoy tiene siete años”. Luego nació Maia, también en Estados Unidos y cuando tenía un año y medio, ya embarazada de Cayetana la pareja decidió volver al país.
    «El disparador de la decisión de volver fue la muerte de mi papá, mamá está acá, está bien, pero quiero estar cerca, y por otro lado ya al esperar al tercer hijo no hay posibilidades de ahorrar con los chicos en guardería y colegios que se pagan muy caro, además estábamos sin familia, con amigos, pero que siempre estaban ocupados”; comentó Ana.
    La entrevistada agregó que al principio disfrutaron mucho en Estados Unidos, conociendo y sin ocuparse de ahorrar, pero, ya con hijos, ahorraban más de un sueldo, de este modo compraron tierras en Pigüé, aunque la incertidumbre era total y construir era un imposible.
    Finalmente conocimos Arroyo Corto, nos encantó y compramos una casa de unos españoles que se querían volver a España, pero hoy por hoy allí no hay todas las actividades que los chicos quieren hacer, así que hay que viajar todos los días a Pigüé en una ruta que es un desastre, se complica un poco, sinceramente hoy sería más sencillo vivir acá”; señaló Ana Merro.

    Para confiar que proyectar en Argentina resulta tan difícil que suelen plantearse si hicieron bien en regresar. El hecho de estar 15 años en un país tan progresista como Estados Unidos y llegar aquí y que todo sea tan difícil, resulta frustrante, reconoció. “Nuestro gran proyecto es bienes raíces, “Madre Tierra”; tenemos diez lotes para vender, pero cuesta, volvimos adultos y con hijos, idealizando todo, igualmente no nos arrepentimos, y hay esperanzas, saldremos adelante y ayuda tener la familia cerca”; dijo Ana.
    Al pensar hoy, en Estados Unidos, reconoce que extraña ese país, que aprendió a querer, así como el trabajo con los caballos, y que molesta de Argentina la corrupción tan presente en altas esferas, las dificultades en los emprendimientos, la informalidad y la necesidad de una cabeza que signifique un ejemplo.

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