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    “AY, PATRIA MÍA”

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    (por Walter Ditrich).- “Ay, Patria mía”, dijo Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Eran las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820. Fueron sus últimas palabras. Se las dedicó a la Patria, esa Patria que pintó de celeste y blanco. La  Patria que le dolía. La que aún nos duele. El prócer murió hace 200 años,  sin que nadie lo notara en esa caótica Buenos Aires. “Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias. Ay, Patria mía”, fue la frase que legó a la posteridad  en el último suspiro. Un legado. Un deseo. Una orden.

    200 años después, la bandera blanca y celeste que Manuel  izó por primera vez en las barrancas del Paraná, parece repetir en el horizonte: “Ay Patria mía”.

    Belgrano era un revolucionario. Un tipo incómodo para el poder  . Un militante de la libertad que iba al frente. Siendo abogado, se hizo cargo del Ejército del Norte, comandó el éxodo jujeño y nunca se apartó un ápice de sus ideales. Proteger la industria nacional, su idea de reforma agraria, la educación como un elemento central, la salud pública, el rol de la mujer, de lo que se encargó también Belgrano en su momento siendo un pionero; son muestra de un patriota que soñó una nación mucho más allá que la simple elección de la bandera.

    Recudir el legado de Belgrano a la insignia patria, es vaciar de contenido al revolucionario que fue Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús.

    Ese pensamiento incómodo para el poder, quedó plasmado en la pluma periodística de Belgrano. En rigor, fue pionero del periodismo nacional antes que Moreno y la Gazeta que apareció el 7 de Junio de 1810. Previamente hubo en el Río de La Plata, tres publicaciones: “Telégrafo Mercantil”, “Semanario de agricultura, industria y comercio” y “Correo de Comercio”, todos con una activa participación de Manuel Belgrano. Incluso, en marzo de aquel convulsionado 1810, comenzó a circular el “Correo de Comercio”, dirigido por Manuel Belgrano en persona, contando con el aval del virrey Cisneros. Teniendo una publicación semanal, es el órgano que mejor plasma el pensamiento belgraniano en sus diversos aspectos: economía política, agricultura, industria, comercio, instrucción pública, entre otros temas.

    Repasando esos escritos, hoy a 200 años de su muerte, veo en la “Patria mía” de Manuel, se agitan cientos de banderas en “defensa de la propiedad”. “Hoy es Vicentín, mañana podés ser vos!”, dicen las consignas.

    Encuentro un claro pensamiento belgraniano sobre la industria nacional y la agricultura. Lo resume Felipe Pigna.  Belgrano, desconfiaba de la riqueza fácil que prometía la ganadería porque daba trabajo a muy poca gente, no desarrolla a la inventiva, desalentaba el crecimiento de la población y concentraba la riqueza en pocas manos. Su obsesión era el fomento de la agricultura y la industria. El secretario del Consulado proponía proteger las artesanías e industrias locales subvencionándolas «un fondo con destino al labrador ya al tiempo de las siembras como al de la recolección de frutos». Porque «La importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación».

    En Memoria al Consulado 1802 presentó todo un alegato industrialista: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño en conseguir, no sólo darles nueva forma, sino aun atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo. Y después venderlas.”

    Belgrano fue el primero por estos lares en proponer a fines del siglo XVIII una verdadera Reforma Agraria basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos: “es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se le dan propiedades ( …) que se podría obligar a la venta de los terrenos, que no se cultivan, al menos en una mitad, si en un tiempo dado no se hacían las plantaciones por los propietarios; y mucho más se les debería obligar a los que tienen sus tierras enteramente desocupadas, y están colinderas con nuestras poblaciones de campaña…. …».

    Sino fuera que lo escribió Belgrano, parece dicho por Grabois…..

    ““Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias.», dijo Belgrano antes del último suspiro.  Soñó un país libre, justo, soberano, que proteja la industria nacional, la educación, el medio ambiente y  que reparta mejor las tierras y las riquezas”.

    “Ay Patria mía”, volvería a decir Manuel si viera sobre qué país ondea la bandera que creó.

    - Avisos -

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