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    nuevo-2Una mujer con una historia singular. Fue monja por mandato materno, resignó un amor, dejó los hábitos para aprender un camino nuevo y supo amar con intensidad.

     María Teresa Combes, todos la conocemos como ” Bijou”; nació el 20 de enero de 1934 en Pigüé, hija de Andrés Combes y Lucía Alazard, franceses y padres, ya, de otros 11 hijos, 8 varones y tres mujeres más.
    La pareja había llegado a Argentina en 1909, se ocuparon como matrimonio en un campo, hasta que diez años más tarde pudieron adquirir sus propias tierras en La Colonia Nueva. Allí pasó parte de su infancia Bijou (joya en francés); recuerda una niñez muy feliz, marcada por una educación materna muy estricta y muchos mimos paternos.

    Infancia

    «Ahora los chicos no pueden acostarse casi, de tantos juguetes que tienen sobre la cama. Nosotras alguna muñeca sí, pero lo demás lo fabricábamos. Recuerdo las travesuras de mis hermanos, nunca me aburrí en el campo». «Como a los ocho años me trajeron de pupila al colegio para hacer la primaria, entonces mi papá tenía un Ford-T y no había ruta, eran otros tiempos, parece que hace más de cien años por todo el avance que hubo”; comenzó contando Bijou.

    Recordando que no había luz eléctrica, esperaban los domingos a la mañana que había que ir al pueblo a misa y buscar la galleta para toda la semana, mientras que a la tarde se reunían los vecinos en algún campo. Los hombres jugaban a las bochas o a las cartas, las mujeres conversaban y caminaban, y los chicos, a disfrutar de los juegos.
    «Cuando veníamos a misa, yo tenía hermanos que iban al Colegio La Salle, los veía en la misa, pero no les podía hablar, era una fila para varones y otra de mujeres. En el colegio había una disciplina rígida. Por ejemplo, en el comedor solamente los jueves podíamos hablar, hacía mucho frío en el colegio, ese es un recuerdo bien presente, igual que los fideos con ajo y perejil que nos daban muy seguido; pero para mí el colegio era bastante lindo”; contó Bijou.
    Para detallar que las clases eran a la mañana, tarde y los sábados por la mañana; luego se iba el fin de semana al campo, salvo que tuviera tres malas notas en la semana, y, como castigo, las monjas no permitían la salida.

    De los ocho hermanos varones de Bijou, tres eran hermanos lasallanos y una hermana religiosa de la orden del Niño Jesús; curioso resulta que sólo venían a Pigüé cada cinco años, y cinco años tenía ella cuando la conocieron.

    Al convento

    La etapa del secundario de Bijou se vio interrumpida en el primer año por tener que cuidar a parte de la familia que había enfermado de fiebre Tifus. Por entonces la adolescente había conocido a su primer amor, un vecino que se encontraba haciendo su servicio militar en la Marina. Un inocente y puro amor que no olvidará y que, quien sabe por qué caprichos de la vida, no se afianzó en una pareja ni en la juventud, ni en la madurez.

    El verano de 1949-1950 cambió el rumbo de la vida de Bijou para siempre. La superiora del colegio local, su hermana monja y, principalmente, su madre que se había planteado entregar la mitad de sus hijos a Dios, y la otra mitad al mundo; la impulsaron a seguir la carrera de religiosa.
    La idea no estaba en los planes de Bijou pero debió obedecer con el proyecto de regresar a los pocos meses. Así lo mandó a decir a su “marinerito”. Partió entonces hacia Buenos Aires con 16 años, dejando a su padre, con una honda tristeza por el destino de su “petit” Bijou.  Al día siguiente María Teresa “Bijou” vestía su uniforme y su velito negro. Era ya una Postulante.
    «Al marinerito no le pude avisar porque ese fin de semana no había venido, así que le dije a la hermana que le avise que yo iba a volver», contó Bijou, que no imaginaba cuanta agua correría debajo del puente.
    «Cuando me ha tocado hacer algo, aunque no estuviera de acuerdo, he tratado de hacerlo con felicidad, trato, siempre, de encontrar el lado bueno de las cosas»; respondió Bijou a la inquietud de sobre su estado de ánimo ante la imposición.
    Al tiempo de estar en el convento, enfermó gravemente de gangrena intestinal, debiendo ser intervenida quirúrgicamente y permaneció unos cuatro meses en el Hospital. Ante la situación pensó que la traerían a su casa a Pigüé para ser cuidada en familia pero su madre, ante el temor que apareciera su “marinerito” prefirió que permaneciera en el convento.
    Corría el año 1951 cuando le proponen cumplir tareas en el convento del Niño Jesús en Rodez-Francia. País que, entonces, mostraba las hilachas de una guerra reciente.
    En Francia fue nombrada “Sor Marie Andrée”. En el año 1958 retorna al país, ayudada por la madre superiora, con la idea de dejar el hábito, proyecto que no fue bien recibido por su madre. «En ese entonces no se discutían las órdenes, se acataban y punto. En esta oportunidad me dejaron seguir ejerciendo en Argentina; la verdad en Rodez había pasado hambre, nuestra comida en el convento era uno o dos cucharones de castañas hervidas o porotos, que muchas veces venían con gorgojos, y a la mañana nos daban algo de cáscaras de huevo molida para tener vitaminas y calcio”; contó Bijou.
    En 1961, además,  tuvo la experiencia de misionar en Saraleguy, Santa Fe.

    Nueva vida

    En 1968 ante el inminente nuevo destino para ir a misionar a África, la hermana Marie Andrée, firmemente esta vez, dejó los hábitos, para empezar a ser Bijou Combes, otra vez. Se empleó en diversos trabajos, hasta que el amor golpea a la puerta con el nombre de Alberto Arce, un viudo santafesino, padre de cinco hijos. En febrero de 1970 contraen matrimonio y residen en Santa Fe hasta 1979, año en que se trasladan a Pigüé. Donde los dos, ya padres de Claudio y Pol, ejercen como profesores en el Colegio Niño Jesús. « Me enamoré del gran valor que tenía, un gran hombre fue mi compañero; ah! Y mi mamá no vino a mi casamiento, pero después cambió la relación y fue aceptando»; afirmó Bijou.
    En 1983 Bijou quedó viuda, continuó su camino durante largos años afrontando, no sin dificultades, la economía del hogar.
    Sorpresas te da la vida, eso dicen, y así fue para Bijou Combes un atardecer de noviembre de 1991 cuando el “marinerito”, casi cincuenta años después, aparece en su puerta. Había enviudado y vuelto a casar, aunque nunca había olvidado a su vecinita. Después de un corto lapso de charlas telefónicas y algunas cartas, Bijou toma la decisión de renunciar a vivir el amor postergado para no sentirse responsable de la desunión de una familia. “Me costó mucho decidir esto, no me arrepentí igualmente, es que tenía  muy marcado el camino de la rectitud”; confesó la protagonista de la novelesca historia de amor.
    Nunca se sabe, así aseguran, había más para Bijou. Inesperadamente, los ojos de un francés, Eugene Menjon, se fijan en ella para enamorarla. Así es que, después de idas y vueltas, y un cáncer de ella mediante. Luego de dos años de noviazgo a la distancia, se casan en Saint-Gaudens-Francia, el 3 de diciembre de 1998, fijando su hogar en la casona de calle Libertad en nuestra ciudad.

    «Creo que en el amor hay que tener una gran capacidad de saber acelerar y saber frenar, poner ramitas al fuego, hay que jugarse con muchas cosas en la pareja, y con la educación de los hijos hay que tener un criterio acordado para andar bien también”; opinó Bijou Combes.
    En 2003 queda, nuevamente, sin compañero. «Para mí fue muy lindo tener un compañero en esa etapa, donde muchas cosas son más fáciles que en la juventud, otras no tanto, como una enfermedad, pero en la que uno también se puede sentir sola».
    Bijou Combes asegura que, muchas veces, fue duro ser mujer, se confiesa. Hoy, una mujer feliz de 78 años, madre de 7 hijos, abuela de 24 nietos y con 8 bisnietos, dice que trata de ser para sus seres queridos, una sencilla “rueda de auxilio”.

    En el año 2008 María Teresa “Bijou” Combes terminó de escribir un libro, que dice es un relato casero de su vida “Me llaman Bijou”; así lo tituló.
    Letras, en las que termina diciendo: ” HABIENDO CORAJE, NUNCA FALTA A QUIEN AMAR”.
    La de Bijou, es una historia de vida que parece traída de las mejores imaginaciones de la literatura. Pero no ocurrió en las novelas. Es el camino transitado por esta mujer  que honra la vida al vivirla con valentía. Próximos a otro DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER, su testimonio es la forma en la queremos destacar a todas ELLAS  que se animan a vivir la vida como merecer ser vivida.  FELIZ DÍA A TODAS!!!

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