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    Moreyra y organizadoresEl ceramista y escultor es investigador de antiguas culturas, ganador de la Rueca de Oro 2014 y fue el docente de las jornadas de cerámica, escultura y ornamentos que se dictaron en Pigüé.

    Carlos Gaspar Moreyra nació en Brasil, aunque se considera Santafesino porque desde los 2 meses hasta los 9 años creció allí. Sus padres son brasileros, y Carlos es el último de los 11 hijos; sangre portuguesa y árabe corre por sus venas, pero tiene impregnado en su corazón el color y el espíritu del barro de todas las culturas aborígenes de América.

    «En Santa Fe vivía en la Laguna Septual en una isla que se llama Alto Verde, al lado vivía Horacio Guaraní, era un lugar muy lindo, agreste, cuando tenía 9 años nos fuimos a vivir a Berisso, mis hermanos mayores habían empezado a formar sus familias en esa zona, apenas llegué a Berisso lo primero que busqué fue el monte, porque era el paisaje más inmediato, me enamoré de mi nuevo lugar, y un día vi una avispa que estaba haciendo una casita de barro, había una abandonada, la hornié, al otro día a la mañana fui a esperar las avispas, las seguí y me llevaron al lugar de donde sacaban el barro, ahí empecé mi carrera»; contó Moreyra sobre su inicio.

    Más tarde se formó como técnico ceramista para seguir en Bellas Artes mientras trabajaba como metalúrgico, con su salario se pagaba los estudios.
    Inquieto y curioso, lo aprendido no alcanzaba nunca, por sus propios medios él sentía que tenía que seguir investigando, así comenzó a viajar. «Creo que nacía nómade como mis viejos, ellos tuvieron campo en Brasil, Uruguay, recorrían muchos lugares, nunca tuve dudas de que era lo que tenía que hacer, un día participé de un concurso y me gané una beca a España». «A los 19 años, estudié en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, después una familia a Mayorca que vivían en Valldemossa, me invitaron a que fuera a trabajar ahí, al taller que tuve ahí venían todos los años a trabajar un escultor ruso y uno francés, me fasciné mirando como trabajaban y así empezó mi incursión en la escultura».

    El saber de Moreyra en el arte del barro está empapado de las culturas de los continentes por donde viaja; así recorrió Venezuela, Ecuador, México, Perú: « estuve en Amazonas también, en Africa, estuve con familias nómades del desierto, conviviendo, siempre me gustaron las historias límite, porque a través de eso llegaba a lo que me gustaba a mí, comprobar como vivían esas personas en el medio del desierto, hacían sus vasijas y las cocían, también me he quedado a vivir con pescadores en Portugal, les hacía las ollas para que cocinaran sus pescados, mi vida está llena de sorpresas». «Investigué sobre culturas mayas, aztecas, incas, con Guillermo Magrasi, de la Aventura del Hombre, tuve la posibilidad de ir al Chaco Paraguayo, fui por tres meses y me quedé un año y cuatro meses viviendo ahí y aprendiendo de la gente del lugar, el conocimiento de tantos lugares lo apliqué a mi vida y lo transmito a mis alumnos de todo el mundo, ahora donde voy tengo una cama donde descansar sin pagar hotel, porque más allá de alumnos, son amigos, eso es lo lindo»; contó el artista.

    Para asegurar: « creo que mi mejor obra es la docencia, la investigación, antes la Provincia de Buenos Aires no era ceramista y junto a Víctor Hugo Garay empezamos hace cuarenta años a recorrerla, no se conocía la cerámica precolombina, fuimos sacando apuntes del Museo y ahora hay una gran cantidad de alumnos y maestros que surgieron así».
    El maestro Moreyra es un «rescatador» de la memoria de loa antiguos, estudioso de las técnicas que empleaban para construir sus cacharros, sus diseños y sus obras de arte en barro; esa memoria dormida quien sabe porqué; el ceramista y escultor afirmó que los pueblos que descuidan su pasado, se olvidan de su identidad, son pueblos muertos. Y opinó que los pueblos deben tener raíces profundas, conocer a otros pueblos para crecer y no sólo ser teórico, sino práctico; además destacó la importancia de reconocer que en estas tierras vivió gente y su arte es maravilloso; así como o hace México, Panamá y potros países, que saben «vender» su identidad.
    «Toda América vibró con la naturaleza, acá también, hace 2.800 A.C, vivió gente aquí, que sentía, se reía, lloraba y se reía y que dejaron un arte maravilloso, creo que es importantísimo rescatarlo, y en eso estoy hace 40 años».

    En La Querencia

    Carlos Moreyra dictó un curso de cerámica, escultura y ornamentos en nuestra ciudad en cuatro jornadas organizado por Posada La Querencia. Al respecto afirmó que, además de enseñar técnicas, en estos seminarios los participantes pueden encontrar el artista que tienen dentro, luego sentir que la capacidad de cada uno se despierta, además, a través del otro.

    « Yo establezco una energía y quiero que se mantenga, la persona que viene a hacer un curso va a descubrir su potencial, que no sólo puede plasmar su obra, sino también puede tener una salida laboral, o aportar nuevas cosas a la casa, como un utilitarios, una bacha, muchas cosas, en este curso trabajamos con material de acá, seguramente el próximo curso vendrá más gente, vine varias veces a Pigüé, solía venir al Peñi-Hue, lástima que ya no lo hacen, un encuentro artesanal es muy importante porque se mueve la pequeña industria que hay en cada casa familiar»; dijo el maestro.

    Carlos Moreyra es ganador de la Rueca de Oro 2014, el premio se entrega en la ciudad de Colón cada cuatro años, en el año 1991 fue ganador de la Rueca de Plata. Se trata del máximo premio de Latinoamérica, en el que se premia la obra y la trayectoria del artista.

    En próximos meses Carlos Moreyra estará, como invitado, entre otros artistas, en Turquía, donde enseñará técnicas precolombinas. « También voy a aprender, cuando venga voy a traer más conocimiento, lo que me llevo de Pigüé ahora es muy lindo, nuestros anfitriones de La Querencia son gente de corazón muy grande y agradezco a todos los alumnos por participar»; finalizó Moreyra.

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