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sábado, mayo 15, 2021
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    Dr. Adolfo R. Ducós pionero de la medicina pigüense

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    Dr._A._DucsEl Hospital y Maternidad Municipal de nuestra ciudad lleva el nombre del dr. Adolfo R. Ducós, como un homenaje a quien fue uno de los precursores de la medicina en nuestro pago chico. Se trata de un cirujano calificado que contribuyó también a mejorar la aparatología, defendiendo la labor de sus colegas y las enfermeras, en épocas que la atención de la salud pública no estaba a cargo del estado.

    Con la colaboración de las hijas del reconocido facultativo, María Marta y Amalia, y de la responsable del museo y archivo local, Mariana Walter, pudimos conocer un poco más sobre la vida y obra de un médico que trascendió su época.

    Su vida

    Nació en la ciudad de Buenos Aires el día 29 de noviembre de 1915, siendo el octavo hijo de Octavio Ducós y Adelina Safontás. Desde pequeño vivió en la localidad de Pigüé, Provincia de Buenos Aires, donde cursó sus estudios iniciales, en el colegio La Salle. Cuando llego el momento de estudiar en Buenos Aires debió esperar algunos años porque la tía Lola,  que lo recibiría en su casa, sólo podía alojar en ella a tres sobrinos por vez. Eran tiempos difíciles y por la crisis su padre debió vender tierras de su propiedad.

    Como los hermanos mayores ya estaban dedicados al campo, don Octavio les aconsejó a sus tres hijos menores que eligieran estudios no relacionados con lo agropecuario, ya que no habría lugar para ellos en el campo familiar.
    Aceptando el consejo, Adolfo, después de probarse a sí mismo visitando la morgue de la Facultad de Medicina, se decidió a estudiar esa carrera en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en el año 1947.

    El médico

    Fue una persona de pocas palabras, muy observador, perseverante en sus objetivos, con una gran humildad.  De temple sereno y bondadoso, tuvo una infinita paciencia en todos los quehaceres de su vida.

    Dado que su lema fue “cada persona vale según lo que hace por su comunidad”, dedicó la suya a formarse para ser el mejor cirujano posible para Pigüé. Se especializó en cirugía, en la “escuela Finochietto”, creada por el maestro Ricardo Finochietto, que fue su formador. Los hermanos Ricardo y Enrique Finochietto fueron en aquellos tiempos los pioneros de la disciplina en nuestro país y muy reconocidos a nivel internacional. Sus enseñanzas impactaron en él tanto en lo médico como en lo personal.
    Fue médico del Hospital Rawson, de la ciudad de Buenos Aires, practicando la cirugía en distintos servicios para completar su formación, ya que sabía que en Pigüé debería hacer cirugía general.

    Junto con Ricardo Finochietto publicó en las revistas especializadas de la época diversos trabajos sobre técnicas quirúrgicas.
    Con otros cirujanos formados en la escuela Finochietista  fundó el Sanatorio Central de Cirugía, conocida comúnmente como “clínica Finochietto”, centro de referencia en la Ciudad de Buenos Aires y lugar donde se atendía a los pigüenses que requerían más de un especialista para su mejor atención.

    A Pigüé

    Viajaba periódicamente a Pigüé para atender en el Hospital, sin que ningún acontecimiento familiar alterara su cronograma de viajes: “primero la obligación, después la devoción” eran sus palabras, de modo que los cumpleaños se festejaban a su regreso. Con sus colegas locales formó un equipo en el que cada uno cumplía con su rol. Particularmente con los doctores Fidel Rosell, también cirujano, y Francisco Gargiulo, anestesista, se complementaba perfectamente. La generación anterior a este grupo los miraba con cierta sorpresa ante la rigurosidad de sus procedimientos.

    Traía del Hospital Rawson al Hospital de Pigüé todas las innovaciones que el avance de la ciencia iba produciendo, tanto en el campo de las técnicas quirúrgicas (por caso las operaciones del estómago), como en el desarrollo del  instrumental (frontolux, tijeras con dientecillos, porta agujas, bolsas colectoras de orina, mesa de operaciones móvil, etc).
    Con el tiempo, se fueron acumulando las novedades hasta que en determinado momento casi todos los elementos del quirófano, incluida la mesa de cirugía, eran suyos y todos fueron cedidos al Hospital local por sus herederos.

    También se ocupó de conseguir donaciones para mejorar las condiciones de atención, como un equipo de aire acondicionado en el quirófano  y diversas mejoras edilicias.  Permanentemente estudiaba y se entrenaba para mejorar su técnica, viéndoselo frecuentemente en el patio de la casa paterna practicando técnicas de sutura con los menudos de pollos.

    Siempre quiso que todos los médicos residentes en Pigüé, nativos o no, pudieran desarrollar plenamente su profesión, denostando a la “competencia” que excluyera a algún colega. Consideraba que especializarse y complementarse era la solución para lograr dos objetivos:  incluir a todos los médicos del pueblo en la atención de la salud y, de ese modo, hacer más eficiente el servicio para la comunidad. También promocionó la función de la enfermería, a la que, como buen Finochiettista, consideró esencial para la atención de cualquier padecimiento, preocupándose por la formación y capacitación de quienes estuvieran involucrados en dicha actividad.

    Su otra pasión

    Sus mayores ingresos siempre provinieron de su actividad agropecuaria, en la que fue exitoso, pudiendo incrementar su patrimonio rural. La medicina la ejerció muchísimas veces en forma gratuita.Cuando la famosa sequía que afectó la zona en los años sesenta, donde lo agropecuario no generó ganancias sino pérdidas, con sorpresa comentaba: “nunca pensé que alguna vez viviría sólo de la medicina”.

    Además de la medicina tuvo otra vocación que abrigó con pasión: el campo. También en la actividad agropecuaria era innovador, instaló el primer tambo mecánico de la zona. Según sus palabras “La mecanización no aumenta los litros por vaca pero humaniza el trabajo”.  Buscó la mejora genética de los rodeos, adoptó tempranamente el sistema de pasturas , pastoreos rotativos y siempre trató de contar con las últimas novedades en maquinaria agrícola. Como productor agropecuario también demostró su preocupación comunitaria, fundando una pequeña empresa de fabricación de quesos, “Tayqué”, para que los productores lecheros de la zona pudieran colocar la leche a precios razonables.

    En Dufaur  promovió la fundación de una Caja de Crédito que dependía del Banco Coopesur de Pigüé, que permitía a los vecinos de la localidad cobrar sus sueldos y realizar pagos comerciales y de servicios sin viajar. Con este fin, aportó gratuitamente la tercera parte de sus ganancias por la venta de la cosecha para que dicha Caja tuviera inicialmente los fondos mínimos que la ley establecía.

    Dos accidentes cerebro vasculares lo dejaron afásico y hemipléjico. El primero sucedió en Buenos Aires. El segundo, del que ya no se recuperó, ocurrió en Pigüé y fue atendido con todo cariño en su Hospital.  Luego de cinco años en ese estado, falleció en Buenos Aires el 22 de marzo de 1990. Fue enterrado en Pigüé según su voluntad.
    El día del entierro el cortejo fúnebre hizo un alto en el Hospital, en cuya puerta fue despedido por sus compañeros de labor.

    Como reconocimiento a su entrega en favor de la salud de la comunidad y de sus valiosos aportes al Hospital de Pigüé, éste hoy lleva el nombre «Hospital Dr. Adolfo R. Ducós».

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