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    PURO_CUENTOpor walter ditrich (walter@semreflejos.com.ar) Esforzados se jugaba ese domingo el partido más importante de su historia. Es que por primera vez desde que participaba en la liga regional, tenía chances de clasificar a la liguilla. Osea, por primera vez en la vida podía conocer como es el sabor de un pequeña victoria.

    La parada era difícil. Casi imposible. Para clasificar, Esforzados debía vencer en cancha de Unidos.. «Un reducto inexpugnable» decían los viejos cronistas deportivos. «Reducto inexpugnable» detrás del alambrado se traduce como: ahí no ganás ni en pedo!.
    Nadie había ganado en todo el torneo en esa cancha. A lo sumo, alguna potencia futbolística podría haber sacado,  hace un par de años,  un empate que – por supuesto-  no festejó. La ausencia de festejo no obedecía a que ese punto no tuviera sabor a hazaña. Sino al hecho de que  toda la liga sabe que en esa cancha el visitante nunca festeja por simple instinto de supervivencia.

    En cuanto el árbitro pisa lo que alguna vez fue verde césped,  la «brava» local ya está haciendo un pormenorizado racconto de la historia sexual de la abuela del referí. Los alambres dan la impresión de haber sido construidos con chicle, por lo que el supuesto «cerco olímpico» parece acompañar el movimiento de la «ola de la hinchada». De tal forma, que los fanáticos locales pueden estirarse para llegar con sus enfervorizados dedos a rozar al juez de línea a fin de convencerlo de que sus fallos no son del todo acertados. En realidad, detrás de ese débil alambre, los hinchas de Unidos, se esfuerzan en  no ingresar a la cancha al apoyarse.

    El estado del campo de juego, además,  semeja una ciudad bombardea y cuando la bola pica, suele jugarse una especie de tómbola para adivinar para dónde picará.
    Los vestuarios sin ventanas, la salida de la terna arbitral por el mismo sitio que la parcialidad local y otros detalles similares, hacían que ganar en esa cancha resultara imposible para Esforzados el domingo, y hasta para el Barcelona de Guardiola con Messi inspirado y todo.

    Conscientes de la importancia del match, los dirigentes de Esforzados, concluyeron en que si Unidos nunca había perdido en su reducto por la influencia arbitral; el partido debería disputarse en ese terreno. Esto es, se podía perder el mediocampo, pero había que influir en el referí más que ellos.
    Por lo que,  decidido, mientras se jugaba el partido de reserva, el dirigente pidió hablar con el referí. Salió uno de los jueces de línea y rápidamente vino con la respuesta: «el señor juez no recibe a nadie antes de los partidos», dijo solemnemente. La frase sonó como si estuviera hablando el secretario de un magistrado de la Corte Suprema.
    – Pero, usted que necesitaba? – interrogó el línea con sonrisa pícara.
    Su cara y  toda su figura; le dio al dirigente la pauta  de que ese juez de línea podía ser la llave del triunfo. Bastaba una rápida ojeada al sujeto para comprobar que nunca sería convocado por la dirigir torneos superiores de AFA.
    Petiso, de forma redonda, evidenciaba un prominente sobrepeso que se manifestaba en su esférico vientre. Su panza, estiraba la camiseta dejándola sin arruga alguna. Cabezón, de pelo cortito, de cabello puntiagudo y duro; casi no poseía cuello. Por lo que la cabeza parecía nacerle de la clavícula. Ojos achinados, tez morena y piernas flacas; completaban el cuadro. «Sos el eslabón perdido con banderín!» le había gritado una vez un hincha haciendo gala de gran picardía,. Y de poder de observación.
    El dirigente habló rápido y el línea fue más rápido aún. Guardó los 70 pesos en el bolsillito de la camiseta, bajo el escudo de AFA,  y tomando el elástico del short para calzarlo bajo la buzarda se metió en el vestuario.

    Los 70 pesos surtieron el efecto deseado.

    Durante el primer tiempo, el «Eslabón Perdido» parecía tener un resorte en su brazo derecho. Cada vez que un atacante de Unidos ponía un pie más allá de la media cancha, levantaba enérgicamente su banderín y miraba la nada. Sus ojos se habían más chinitos mirando un inexistente punto fijo para dar imagen de imparcialidad y seguridad en sus fallos.
    El dirigente, hasta temió que en su entusiasmo por «bombear» a favor de Esforzados, , el línea cobrara off side en algún lateral; o en un córner de Unidos.
    Era evidente, que no era la primera vez que el línea «incidía» en un resultado. Porque cuando comenzó el partido rápidamente se colocó a dirigir de espaldas a la hinchada visitante y hasta disimuló cobrando un par de laterales al revés beneficiando a Unidos.  De tal forma que, no faltó e comentarista desprevenido que dijera por radio que el «línea de aquel lado es malísimo!, pero es malo para los dos!».

    En el entretiempo, el DT de Esforzados llamó al puntero más veloz del equipo y al 5, que era le mejor lanzador de los once. En rigor, el único de todos capaz de acertar un pase más allá de los 10 metros de distancia. Le dijo al lanzador que la tirara larga y al 11 que picara siempre, aún saliendo un metro en off side. Los dos, comprendieron el mensaje y la circunstancia. No dijeron nada al resto para no divulgar la trama secreta da la estrategia de Esforzados para legar a la ansiada liguilla.
    El Eslabón Perdido debía impartir justicia en el ataque visitante y era la oportunidad para agarrar dormido a Unidos.

    En la primera que manoteó el 5 de Esforzados, , el 11 comenzó a picar un metro adelantado para madrugar al marcador de punta. Cuando la pelota venía el en el aire, el línea levantó el banderín con energía. El 11 miró al DT, al dirigente, a la hinchada, sin comprender y supuso que,  por impresentable, el bombero se había confundido.
    Al rato, tras un rebote, el 11 no volvió a la  línea del último defensa  y,  cuando vino la bocha,  arrancó en posición prohibida de  cara al gol. Otra vez el banderín brilló en lo alto. Dos, tres, cuatro, cinco, 10 off side cobró el línea en contra de Esforzados. Los visitantes  no pudo ni verle la cara al arquero local durante todo el complemento.
    Después, como pasaba domingo por medio en esa cancha; el 9 de Unión entró el área faltando poco. Donde vio de reojo una camiseta rival cerca,  se tiró de cabeza levantando tierra en el cuadro menor. El árbitro, como siempre pasaba, pensó en volver a ver a su familia y pitó penal.

    Mientras los locales festejaban en su vestuario al grito de «despacito, despacito..» y  «me parece que Esforzados  no clasificó..», el dirigente encargó al línea corrupto exigiéndole una explicación.
    – Y qué querés?, los otros me dieron 140 !…- fue su respuesta .

    Unidos ganó como todo el año en su reducto inexpugnable. Esforzados volvió a quedar a un paso.  El dirigente comprendió que un deshonesto no puede reclamar honestidad. Y volvió a casa con 70 pesos menos.
    El línea, cambió la bicicleta.

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