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    Hace diez años, al país estaba en llamas. Parece lejano. Fu el 20 de Diciembre de 2001. De La Rúa se iba de la Rosada  en helicóptero y dejaba debajo un reguero de muertos y una nación huérfana  y a la deriva.  Esa caricatura de Presidente había llegado al poder apenas dos años antes encarnando la principal esperanza de cambio. No pasó tanto tiempo. Diez años, en tiempos históricos, es nada. Un abrir y cerrar de ojos.
    Pero esas experiencias tan traumáticas, marcan a las sociedades a fuego. Tanto, que mientras vivas recordarás cómo te enteraste de lo que estaba pasando.  Recordás lo que hiciste, lo que pensaste, si caceroleaste y mascullás bronca nuevamente si te agarró el corralito.
    Yo recuerdo perfectamente cundo, ya cuesta abajo, Cavallo anunció lo que luego se conoció como “corralito”. Recuerdo que me reí porque se podía retirar únicamente $250 por semana de las cuentas bancarias y yo  tenía de saldo $238.Es decir que no protesté porque me tocaron el bolsillo. “Se la llevaron toda!, peor que lo de Erman González!”, tengo presente que dije.
    El 20 de Diciembre, el día del helicóptero y los muertos, fue  jueves. El día antes, al hijo de De La Rúa se le ocurrió hacer que su padre decretara el estado de sitio y el estallido social fue inevitable.
    En esa época,publicábamos  una segunda edición los jueves, por lo que el miércoles 19 trabajamos hasta la madrugada. Crónica comenzó a transmitir en vivo desde Casa de Gobierno los primeros caceroleros tibios. Recuerdo claramente a uno de los primeros manifestantes. “Nos estamos cagando de hambre!” , gritó indignado a la cámara un hombre de mediana edad. Cuando abrieron el plano, se pudo ver que se alejó de la plaza a bordo de una lujosa 4×4. Ni siquiera se bajó de su status para gritar. Tengo presente que opiné en este espacio que se trataba de una rebelión de la clase media argentina que salió a las calles únicamente cuando le tocaron el bolsillo.
    Después, cuentos conocidos. La seguidilla de presidentes, el descrédito de la política, la llegada de Duhalde, la devaluación, el 1,40 + CER, Kostelli y Santillán; los que depositaron dólares que no recibieron dólares, Lavagna y la llegada de un desconocido Kirchner. Un descontrol inimaginable que se tradujo hasta nuestra ciudad con cacerolazos y escraches a políticos.
    En esta edición, publicamos un completo informe de lo sucedido en una de las mayores crisis de la Argentina contemporánea con el testimonio de un pigûense que fue testigo directo de los hechos en los pasillos de La Rosada. Mientras lo entrevistaba, pensé varias veces cómo era posible que el país haya estado en manos de un tipo como De La Rúa. Y, sobre todo, que  literalmente decidiera sobre la vida las personas, su hijo. A quien sólo se le conoce el atributo de haber cautivado a las  caderas de Yakira.
    Mientras esto escribo, Camilo duerme plácidamente en su cuna,  ajeno al mundo que lo rodea.  Es mi tercer hijo que acaba de nacer. Estoy completamente seguro que llegó  a un país mejor que aquel de hace 10 años. Aunque mucho no necesita en una comparación semejante.
    Francisca, mi primer hija, fue parida por el que se vayan todos. Después, llegó Bernarda en medio de la crisis del campo, los piquetes y un país que parecía, otra vez, al borde el estallido.  Si hasta la doctora que la trajo al mundo se las vio de de perrillas para llegar a Pigüé por la falta de combustible y los piquetes en las rutas.
    Y ahora, la misma médica llegó a recibir a Camilo con el tanque medio vacío porque todavía  faltan naftas; pero en una Argentina bastante distinta y más relajada.
    No se fueron todos. Es más, se quedaron todos. Pero en vez de puteadas multitudinarias,reciben la cariñosa caricia popular de ser llamados por su nombre de pila. Como si fueran parte de la familia. Cristina, Néstor, Mauricio, Francisco, Ricardito, La Gorda; Daniel, Amado y el resto de la clase dirigente ha resucitado la política. A tal punto, que ahora todo es política.
    Apenas abre un ojo, pero le digo a Camilo que ha llegado a un país que es lo más parecido a un paraíso terrenal . Nacio en una especie de cuento de Cristina en el país de las maravillas. Sólo nos falta domesticar a Moyano.

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