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    Juan Manuel Grenada: joven y reconocido soguero pigüense

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    grenadaJuan Manuel Grenada nació el 4 de agosto de 1983 en la ciudad de Bahía Blanca, pero es Pigüense, el segundo hijo de Horacio Grenada y María Elena Jaureguiberry, hermano de Valeria y María Luz. Cursó estudios primarios y secundarios en el Colegio La Salle y Escuela Técnica respectivamente.

    Junto a su padre y tío, desde pequeño, iba al campo, andaba a caballo y, en un momento dado, cuando tenía unos doce años, halló un libro de trenzas gauchas en la casa del campo, seguro no fue casualidad, ese libro estaba ahí para él.

    Así comenzó el camino de la soguería y la talabartería, pero, todavía no sabía él que esa iba a ser su profesión, la ocupación que iba a dedicar todos los días y su medio de vida. Con la guía de ese libro y, de a poco, fue practicando.

    « Todo fue por el libro porque no había nadie cercano a mí que supiera hacer algo con soga, mi primer trabajo fue una maleta en cuero crudo que hice para llevar herramientas en el recado, esa la tengo de recuerdo. Todavía no sabía hacer nada ni tenía herramientas, con una lezna y un cuchillo, tenía 12 o 13 años, a la vez empecé a ir a la curtiembre, iba y preguntaba cosas, aunque ya no había personal que hiciera trabajos terminados, sino el curtido del cuero, y me fui fabricando herramientas».
    «También empecé a visitar sogueros, les preguntaba cosas y siempre, fui practicando, haciendo cosas, es el modo de aprender, haciendo. Uno de los que más me enseñó fue un hombre de Arroyo Corto, Jorge Steffanof, como vio un trabajo mío y el interés que yo tenía, me dijo que me iba a enseñar, pero me dijo que primero tenía que aprender lo primordial que es acomodar el cuero», recordó.

    «Uno de los secretos es preparar el material para lo que vas a hacer, el material te dice para qué usarlo. Por ejemplo, con un cuero de toro, si lo querés usar para un trabajo fino, no te deja, es muy grueso y no queda bien»; comenzó contando el joven soguero.

    Y siguió contando su primera clase con Steffanof: « fui ese día a las 5.30 de la mañana con un cuero de animal recién carneado y un cuchillo bien afilado, hasta las 12:00 estuve con el cuero afeitándolo, ahí aprendí el primer paso, primordial y que tiene que estar bien hecho, tenía 17 años, no tenía clases programadas, iba a veces y me sacaba dudas».

    «L que más me quedó grabado es que me dijo: si vos los ves que te quedó mal, volvé a hacerlo».

    De este modo y practicando mucho, Juan Manuel se fue haciendo soguero, un oficio de los que quedan pocos, en general, personas ya mayores, pero él está dispuesto a cumplir su misión, el rescate de una actividad tradicional en nuestro país y la transmisión de sus conocimientos, ya que dicta clases en su taller «El rincón de los aperos» en La Maroma.

    Vivir del cuero

    En principio no pensaba dedicarse a pleno a la actividad de talabartero y soguero, así, al finalizar el secundario fue a trabajar a un campo como mensual, sin dejar la artesanía en cuero, cuando cesó ese trabajo, a los 25 años, sí se planteó dedicarse a pleno, así montó el taller en el patio de la casa paterna.

    «Realmente estoy muy conforme, tengo mucha demanda, quiero salir a exposiciones, ferias, pero no he podido producir cantidad para poder vender, tengo muchos pedidos y también hago arreglos. Pero casi todo nuevo, riendas, estribos, todo lo que sea para el caballo, recados, además cintos, pulseras y demás accesorios, trabajo con cuero de novillo, vaca, toro y las costuras con potro o chivo; también cuchillería, vainas y cabos»; detalló Juan Manuel. Para añadir que sus clientes abarcan una amplia zona.

    El soguero indicó que su oficio, tal como es el caso de la mayoría de las actividades artesanales, es un aprendizaje constante, se aprende haciendo, además, es prueba y error.
    « Todavía deshago cosas o corto un retejido de una bomba o una sortija, uno tiene que aprender mucho solo también, por acá no hay cursos, y lo más difícil para hacer es, por ejemplo en un par de riendas, que las dos sean iguales, ahí juega mucho la vista, la comparación, hay que ser muy detallista y prolijo. Si querés hacer un buen trabajo, hay que apuntar a eso, rápido no se hace bien, todo lleva un tiempo».

    El aprendizaje de un artesano es un paso a paso y el hacer y rehacer es la evolución, siempre apuntando a hacer las cosas muy bien, y el cuero también enseña, así lo entiende Juan Manuel que cada día, desde las 6:00 horas, se instala en su taller, entre el olor a cuero, silencios y el folklore que suele acompañarlo, reflexiona: « la paciencia y el pensar antes de actuar, si comparamos al cuero con la vida, esa sería mi comparación, el cuero no te deja volver para atrás, si lo cortaste torcido o está fuera de medida, ese pedazo ya no sirve para eso».

    Al hablar de su objetivo como profesional del cuero, Juan Manuel señala que una parte está cumplida: vivir de lo que le gusta y sabe hacer. El siguiente sería tener un taller más grande para poder producir más: « quiero hacer algo más industrial, por ejemplo en lo que es cuero crudo y vender a otros sogueros, armar un taller con algún empleado para hacer recados y monturas en serie, voy paso a paso».

    En cuanto a su rol de maestro, remarca que transmite lo que sabe, sin egoísmos ni secretos: « trato de que no les cueste lo que a mí me ha costado, hay muchos que no dicen cómo hacen las cosas, hay mucho egoísmo, así los saberes se pierden, si vos enseñás algo a alguien, seguro que, por otro lado, alguien te enseña a vos, todo vuelve»; afirmó el entrevistado. Para agregar que los interesados en tomar clases pueden consultar por días y horarios.

    Finalmente recordó que, además de Jorge Steffanof, Raúl Villoria y Angel Di Lena, les trasmitieron conocimientos en su oficio, y agradeció a todos sus clientes.
    Juan Manuel Grenada es un joven que tiene el poder en sus manos, el poder de rescatar artículos genuinos y tradicionales que pocos saben confeccionar y tiene claro en su mente que éste es un camino de nunca acabar, donde el aprender es una constante.

    Sus artículos se encuentran a la venta en su taller ubicado en calle Darwin, casi Sarmiento y en La Maroma.

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