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    La tradición de luto: falleciò Don Zacarías Silvera

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    20180113011421041c9946933eee207c0d4424a8f6ae93SILVY se fue con su prestancia, un jinete único, un hombre que honró la patria y las tradiciones. Don Zacarías Silvera falleció a los 81 años. Fue un digno representante de lo nuestro, defensor a ultranza de cada una de las actividades que marcaron las domas y jineteadas, un trabajo incansable con lo mas fiel, que ha sido su caballo.

    Levantando con orgullo siempre la celeste y blanca, la bandera argentina, un autentico gaucho que honró a Coronel Suárez y sus pagos, de la localidad de Cura Malal, que siempre lo mostraba como un gran orgullo, representando a una población que hoy lamenta su fallecimiento.

    LA NOTA DE “EL FEDERAL”. Fuimos a la zona rural de Coronel Suárez a conocer a un hombre que forma parte de un mundo que se está yendo: el de los domadores. Tiene 79 años y una vida inolvidable. Cabalgó junto a Cafrune, cenó con Charles de Gaulle, alentó a Leonardo Favio a cantar y dice haber visto al mismo Hitler en las sierras.

    Conocé la historia de un hombre de los que ya no nacen. Fotos y texto: Leandro Vesco

    Hay un mundo que se nos está yendo, se nos escurre de las manos. Una época en donde el hombre se las tenía que arreglar solo, sin tecnología ni aplicaciones.

    Ese mundo perdido lo representa don Zacarias Silvera, un gaucho que recorrió el país domando caballos, que acompañó a Cafrune por los caminos, aconsejó a Leonardo Favio a cantar y hasta cenó con Charles de Gaulle.

    Nos recibe a sus 79 años montado en su potro. Martín Fierro no ha muerto.

    “Hay que darle mucha caricia. Sacarle el miedo, el caballo le tiene miedo al cristiano, hay que dejarlo que agarre confianza. Pero hay caballos rebeldes, como el hombre, que no se dejan domar”, cuenta mientras apura un mate amargo. Zacarias Silvera tiene 79 años, pero parece ser inmortal, la edad no parece coincidir con sus movimientos, rápidos y certeros.

    “Nadie me enseñó, pero siempre fui domador, he entregado caballos en dos meses, pero sino se tarda entre nueves meses y un año” Su oficio en tiempos ha, era tan importante como el ser mecánico automotor. El caballo fue desde siempre el medio de transporte del hombre en el campo.

    La relación entre el domador y el caballo es clara y directa. “A veces, sólo a veces el caballo necesita rigor, pero sino con la voz misma ya se calma”, un pingo domado reconoce la voz de su domador y con su presencia la tensión se relaja.

    Las sierras de la Ventania y las de Cura Malal han sido una cuna para Zacarias, vivió toda su vida allí, en la altura, oyendo las aguas frías bajando de las vertientes, viendo correr guanacos y ciervos. En su arte, ha sido único. Desde 1962 hasta mediados de los ochenta fue una estrella gaucha en la Rural de Palermo. No existe un camino serrano que no haya recorrido, ni estancia a la que no prestó sus servicios. Ha perdido la cuenta de cuántos caballos ha domado en su vida. “Recuerdo al Gato Mancha, un caballo que quise mucho”, afirma mientras ceba otro mate.

    Este hombre que ha visto más amaneceres que el horizonte mismo, continúa trabajando todos los días. Es puestero de la Estancia El Recreo, cerca de Coronel Suárez a un costado de la Ruta 85. Tiene cuatro hijos, un bosque que lo protege del viento, leña para la salamandra, las sierras en el horizonte y sus caballos.

    “Antes no había luz, ni radio, no nos enterábamos de nada, a veces mi padre venía con un diario viejo y algo sabíamos. Pero nuestra vida era simple” La simpleza de la vida de estos hombres es tan rica en historias, siempre desandando los caminos perdidos en los montes, cerros, atravesando arroyos y germinando a través de los años una sabiduría natural que se manifiesta en la tranquilidad de la mirada, en la pausa con las salen las palabras de su boca.

    “Anduve con Cafrune, dos años. Fue una vida linda, estar con él, siempre andaba a caballo. Antes de salir el sol, él ya montaba. Entrábamos a los pueblos, todo siempre a caballo. Jamás se manejó en auto. Anduve todo el litoral. Era muy bueno. Algo nervioso cuando se enojaba. No era tan tomador, como la fama. En algún pueblo ha tomado. Alguna vez se habrá puesto borracho, como a todos nos ha pasado”, recuerda sus años con uno de los mayores próceres de la música campera.

    Otro capítulo de la vida de Zacarías lo ubica en el cine, trabajó en “Martín Fierro”, que filmó Leopoldo Torres Nilson en 1968, un clásico del cine nacional.

    “Tenía un amigo que hacía de doble de Alfredo Alcón y me eligieron para trabajar, me tuvieron cuatro meses en un pueblito cerca de La Plata filmando, cuando se nublaba Leonardo Favio, que todavía no cantaba, agarraba una guitarra y se largaba con canciones, no estaba seguro si dedicarse a eso, y yo le dije que le metiera nomás. Y mirá qué cantorazo salió!”

    Monumento al gaucho, Zacarías recuerda la vez que lo invitaron a cenar en la Sociedad Rural, no sabía bien el motivo del banquete pero a un costado de la mesa donde él se había arrimado había un francés que todos miraban: era Charles de Gaulle.

    “Estaba interesado en las cosas nuestras” Hábil en la doma, y mucho más con sus pies, compitió hasta que el cuerpo le dio en carreras de atletismo: “Nadie me pudo ganar en los cien metros”, esta velocidad sumada a su don de amansar pingos lo llevó a ser uno de los pocos que se subieron a las sierras a domar caballos salvajes. “En la Estancia Lolén había un alemán que decía que había tenido que irse corriendo de la guerra, decía que un general nazi, loco como la miércole, siempre tuve la duda si habría sido Hitler o no”

    Personas así hacen a la identidad del lugar, ir a conocer a don Zacarias es la forma de hacer turismo que plantea los grupos de Cambio Rural de INTA que trabajan en Coronel Suárez y en la región, apostando por promover la propia identidad y los emprendimientos sustentables.

    Una de sus hijas está de visita con un nieto, a la cena llegará otro de sus hijos. Zacarías es quien cocina: “Me salen bien los guisos”. Hasta la tarde estuvo arreglando el burro de su catango. Si tuviera más horas el día, bajaría el sol para sacarle más brillo. Vestido con atuendo típico, monta su caballo, ambos son uno. “Estoy listo para jinetear”, amenaza. El mundo que se está yendo estuvo formado por esta clase de hombres, leales, trabajadores y por sobre todo, bien gauchos.

    Fuente: El Federal.

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