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    edito_webpor WALTER DITRICH (walter@semreflejos.com.ar).- Esta semana, la atención de la salud pública volvió a ser noticia. Y lamentablemente, el disparador fue el fallecimiento de una mujer de 75 años.
    El caso, vino a dar otra vuelca de tuerca a uno de los temas más álgidos de la agenda política local. Donde la nueva gestión aún no ha podido comenzar a hacer pie con su idea sobre la salud pública y desde la oposición se critican varios aspectos de los esos primeros pasos que tibiamente comenzaron a darse.

    Ese es el fondo de la cuestión.
    Pero en la superficie, suelen repetirse casos de mala atención hospitalaria. Los cuales, claro está;  pueden ocurrir en tamaña estructura. Aunque sería deseable que su estadística se redujera a 0.
    Repasemos , en un año el hospital municipal de nuestra ciudad realiza:
    • 50 mil consultas
    • 1.800 internaciones
    • 16 mil prácticas médicas (estudios, diagnósticos por imágenes, etc).

    En tamaña cantidad de atención, puede suceder que algún paciente no sea bien atendido o que un profesional de la salud no cumpla acabadamente con su función. La noticia, es darlo a conocer y saber qué hacen las autoridades con esa falta una vez probada. Si se reconoce y se deslindan responsabilidades o por el contrario, se pretende ocultar lo sucedido.
    En ese marco, hace poco tiempo, dimos a conocer en estas páginas el caso de una mujer a quien le desfiguraron el rostro por un «accidente» derivado del uso del electrobisturí en el quirófano. El caso, no pudo ser desmentido porque presentamos toda la información, testimonios y pruebas fotográficas. Y las autoridades debieron actuar al respecto.
    Esta semana, se denunció periodísticamente que el médico de terapia intensiva no había querido recibir a una mujer de Saavedra – derivada por la doctora de allí- y que la mujer volvió a esa ciudad donde luego falleció.

    La denuncia periodística da cuenta de un hecho gravísimo.
    Pero indagando en la cuestión, descubrimos que todo surgió de la publicación en una cuenta de Facebook por parte del marido de la doctora de Saavedra. Quien habría mantenido un fuerte altercado con el médico de terapia del hospital. Es que ambos facultativos no coincidían en el criterio médico a aplicar para con la mujer.
    El responsable de la terapia del HMP recibió a la mujer y consideró que la misma no soportaría una internación en terapia intensiva. Según su óptica, lo único que se podía hacer por la mujer eran cuidados paliativos, que bien podían realizar en Saavedra. Esto es, aguardar el triste e inevitable descenlace de la paciente que se encontraba en la faz terminal de su enfermedad.

    Más allá de la «pelea» entre ambos médicos y la publicación del esposo de la doctora defendiendo a su mujer y atacando al otro profesional. No hubo denuncia alguna.
    Con esa publicación de Facebook y alguna conversación «off de record» (es decir fuera de micrófono, sin validez ni legal alguna) se publicó que el Dr. Lopapa y (y el hospital local por consecuencia) no aceptaron a una paciente y la dejaron morir.

    Segun pudimos indagar, toda la familia de la mujer agradeció la buena atención recibida y hasta lo afirmó en una nota firmada. Nunca criticaron cómo se los atendió y aseguran que el Hospital ofreció internar allí a su madre, estando ellos de acuerdo en regresarla a Saavedra porque nada se podía hacer por ella en el HMP.
    Por lo que es necesario reflexionar acerca de la validez de cierto tipo de denuncias, que generan tamaña repercusión e inquietud en la comunidad.
    Facebook y otras redes sociales son un fenómeno demasiado nuevo; por lo que su alcance no está legislado aún. Lo que publica una persona allí, ¿es público?; es privado?; es válido darlo a conocer?;  o las personas escriben allí sólo para sus «amigos virtuales»?.

    Qué validez tiene una denuncia realizada en un muro de Facebook?. Es intención de quien la escribe que ello trascienda o no?.
    Hay quienes sostienen que las redes sociales han democratizado la información de una manera tan revolucionaria como la ley de imprenta. Con acceso a internet – que ahora está al alcance del pulgar en un celu y $1 por día-  cualquier persona puede abrir su cuenta en una red social y expresarse ante el mundo. No sufre censura alguna ni necesita el capital económico que supone montar un medio de comunicación.

    A su vez, las redes sociales y l el mundo de la comunicación virtual han modificado la forma en que hacen periodismo los periodistas. De tal forma que las redes y los medios se retroalimentan continuamente y la velocidad con que se exige al periodismo producir información, ha puesto patas para arriba los paradigmas del periodista clásico.
    Personalmente, pienso que con el poder de «rebote» que tienen las redes sociales lo que uno escribe allí pertenece a la faz pública. Más allá de que cada quien «elija» a sus amigos, la mediación de internet  y la posibilidad de todos los cibernautas de distribuir contenidos hacen que lo escrito en la red sea de órbita pública.

    Un secreto, se lo contás a un amigo en voz baja. Pero si juntas mil amigos en un club y desde un micrófono gritas lo que pensás, no tenés derecho a pedir resguardo de la privacidad.
    Después, cada medio evaluará qué hace con esa info, como la chequea o no; si la publica o la desestima.
    No es mi intención dar clases de periodismo a nadie porque no soy quien para hacerlo.

    Simplemente, estas líneas están pensadas como un espacio para reflexionar el alcance de lo que escribimos o decimos en ámbitos donde la línea entre lo público y lo privado no está tan clara.
    Porque si el sumario que inició la Secretaría de Salud concluye -como se supone con las pruebas que hay hasta ahora- que en realidad no se negó la atención a nadie; ¿Cómo volvemos para atrás en el perjuicio causado a persona e instituciones?. Una cuestión interna entre profesionales médicos, ¿Era razón suficiente para que trascendiera equivocadamente que se dejó morir a alguien?.

    En 15 años, hemos dado sobradas muestras de que cada vez que la víctima lo desea y hay pruebas o indicios claros, siempre publicamos las denuncias de mala atención hospitalaria. No parece ser este el caso, al menos;  a prima facie.
    Tal vez, el caso de esta mujer y el antecedente de quienes crucificaron con nombre y apellido a un menor de 13 años acusado de maltrato animal en Facebook, nos sirva para reflexionar acerca de lo que decimos sin medir las consecuencias.
    Podemos hacer mucho mal armados con un simple teclado y un muro de facebook. Medir las consecuencias de nuestras palabras puede evitar muchos perjuicios injustos.

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