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miércoles, septiembre 22, 2021
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    11715944 10206789582857518 1717816898 nMARCELO FERMANI ES UN PEDAZO DE HISTORIA VIVIENDA DE PIGÜÉ. Próximo a cumplir 89 años, Fermani aparece en cada registro que tenga que ver con las instituciones y el acontecer local en las últimas 8 décadas. Marcelo, dice que la memoria lo está abandonando, pero cuenta con un impresionante archivo que constituye una referencia de enorme valor para saber de dónde venimos.

    Allí, hallamos algunas entrevistas que otros diarios le realizaron en el pasado y donde podemos ir recomponiendo su vida. Vida que comenzó siendo aprendiz del entonces Arsenal Angel Monasterio, que lo llevó a fundar Deportivo Argentino, acompañar los primer pasos del Auto Club, el Centro de Jubilados y tantas otras instituciones.

    «La familia directa mía estaba constituida por mis viejos, italianos los dos. Mi papá vino como polizón de Italia. Tengo entendido que tenía entre 9 y 12 años cuando vino escondido. Vino sabiendo que también venía un tío de él, pero su tío no sabía nada… Yo creo que en alta mar recién lo pescaron y el tío se lo trajo a la Argentina. Mi madre vino después, como la mayoría de los inmigrantes: hicieron una escala en Brasil. Era de apellido Galli. Mi padre vino de trabajar de boyerito en el campo de Bras y de otras familias tradicionales francesas. A las 4 de la mañana se levantaban a poner los arneses en los animales para ir al campo. Los tenía que despegar porque estaban afuera soldados por el frío”, recordó Marcelo.

    Y marcó, en un reportaje al Semanario Pigüé de 1998, que «Papá trabajó a los 18 años en un puente que se hizo en Buenos Aires sobre el Riachuelo, puso un bulón con bronca diciendo “total… que se joda el que lo va a sacar”… ¡Y 20 años después le tocó sacarlo a él! Tuvo que trabajar en el desarmado del puente… Esas cosas de la vida que se dan…

    Mi madre trabajó como sirvienta en la famosa fidería de Mórtola, en la esquina donde ahora está Gatic. Mi padre fue fundador del Club Sarmiento, mi hermano mayor estuvo entre los que iniciaron el Club Peñarol y yo fui fundador de Club Argentino (risueñamente comenta: “yo fui el más inteligente”). Como ven en casa era bien liberal la cosa.

    Mi padre además integró la Sociedad Italiana. Nosotros éramos 4 hermanos varones. Uno se fue de Pigüé a los 15 a trabajar a Vialidad Nacional y anduvo por todo el país”.

    CLUBES Y POLÍTICA

    «En esa época la gente se había dividido en simpatizantes radicales y conservadores, y mi padre tenía inclinación radical, entonces sus allegados eran radicales. Mi nombre Marcelo se debió a que cuando nací estaba en la Presidencia Marcelo T. de Alvear. Y por antagonismo con Football Club -que se decía que eran de los Conservadores-, nació Sarmiento que era una tendencia más popular. Mi hermano no sé si figura entre los fundadores, pero sé que fue de los primeros integrantes de Peñarol». «Fui a la escuela Nº 3. Y un poco, solamente un tiempo, fui al La Salle como oyente. Mis tres hermanos fueron al La Salle.

    “DONDE YO NACI”
    Fermani recordaba: -“Mi padre tuvo un bar, primeramente donde está el Club Argentino, donde yo nací. Había un salón grande y 4 piezas donde tenía un pensionado. Ahí se alojaron la gente que vino a hacer el empedrado en las calles de Pigüé. Todos los solteros vivían ahí, en la casa de mis padres.
    Posteriormente, los primeros que vinieron de Buenos Aires y de Rosario para trabajar en el Arsenal también vivieron allí. Los solteros paraban todos en la casa de mis padres. Ya ahí vivíamos en la esquina de Alem y Avenida Mitre.

    En esa esquina, a los 7 u 8 años, nos juntábamos con los Couselo, Crosta, los Martínez, Giménez. Éramos los más camarillas del barrio y nos divertíamos como se hacía en esa época”.

    Te pasabas un día haciendo revolvito para al otro día jugar, o sea que la creatividad de hacerte lo que querías, la creatividad de ver quién la hacía más linda. Muy distinto a la juventud actual que ahora ve y lo compra.

    Lo hacíamos con madera de cajones del vermouth Cinzano que eran del bar de mi padre, las calábamos, nos pasábamos el día con un cuchillo rascándola a ver quién lo pulía mejor, quién hacía mejor el gatillo.
    También teníamos la famosa horqueta con el aro dando vuelta la manzana haciendo carreras; el barrilete…
    ¡Yo dejé de jugar a la bolita a los 15 años! Y como yo todos los del barrio. Yo jugaba muy bien al mate, se tira a pegar con la bolita mate. Dejé de jugar cuando tenía una lata llena de bolitas. Andaba bien. Después se las comió todas un perro que teníamos nosotros, y muchas las regalé.
    Le regalé muchas a la que ahora es mi señora.
    Mi viejo le daba, más que yo.

    Pasaban las chicas que iban a las monjas y mi padre se las regalaba… Yo no sé… Habrá hombres generosos en el mundo pero me parece que mi padre tenía la bandera.
    Era un hombre buenísimo, buenísimo, en todo aspecto dentro de la poca instrucción que tenía, no sabía escribir. Él siempre decía: “Fui 2 días al colegio y como les parecía que sabía mucho, me sacaron”.

    Más tarde aprendió a escribir. Lo que tenía mi papá Agustín era para todo el mundo. Mamá, Rosalinda, era la que le ponía el freno a mi viejo.
    Si fuera por mi viejo, yo creo que no hubiera pasado un día en su vida sin que trajera alguno de los que encontraba en la calle a comer sentado en su mesa.
    Mi madre era más retraída, que por un lado, pensamos en “buenahora”, porque si hubiera sido por mi padre pasaba cualquiera por la calle y le decía “che venite a tomar un vino”. Era abierto, abierto del todo.
    Mi madre fue muy trabajadora, siempre tuvo pensionistas. Si no lo contenía un poco a mi viejo le hubieran comido los pocos ladrillos que amontonó ahí”.

    GAVILLA, ZACARÍAS
    -“En la esquina de la casa que compró mi viejo, vivió un tal Gavilla, todo un personaje aquí en Pigüé. Vivía solo y el fondo de su casa está donde se encuentra ahora el kiosco de Malgeri.
    Era un hombre tratable pero era un hombre muy abandonado. Tenía los brazos similares a los de un mono, muy largos, muy caídos. Era muy buena persona, aunque era ermitaña.
    Cuando teníamos el boliche venía de cliente un tal Zacarías. Ataba el caballo en la esquina de mi casa y nosotros con la barrita de muchachos que les mencionaba, era un caballo que si no estaba el hombre arriba no iba para ningún lado, pero nosotros, cuando él se metía en el negocio de mis padres, lo agarrábamos de las riendas y mansito lo llevábamos 2 o 3 cuadras a los tirones. Cuando lo teníamos lejos, subíamos 2 o 3 arriba y salíamos de nuevo para el boliche, porque el caballo volvía solo…”

    EL ARSENAL
    -“Yo era el más chico de los hermanos y los 3 mayores tuvieron que emigrar de Pigüé porque no había trabajo. Yo alcancé a entrar al Arsenal a los 14. Pienso que de Pigüé debo haber sido el primero que entró en el Arsenal, si bien después nos dieron de alta a varios que formamos la escuela de artesanos. Yo entré en diciembre.
    Mi juventud la viví a tirones, a los ponchazos, las zapatillas de mi hermano mayor pasaba todas las generaciones, la ropa también se usaba al máximo.
    Los juegos eran la mayoría de ingenio nuestro, como los barriletes, no había recursos para otra cosa.

    Los primeros largos me los puse a los 14 años. De noche no se tenía dónde ir. No se iba a ningún lado, jugábamos a las cartas con mis hermanos.
    Bailes públicos había el 9 de julio, las romerías españolas e italianas, el 25 de mayo, fechas muy claves…

    A las 2 de la mañana cada uno volvía a su casa, es muy distinto a lo que está pasando ahora, que estamos peleando si termina a las 3, a las 4 o a las 5…
    Se habituaba mucho ir a las reuniones familiares. Las chicas si no iban con la madre no iban, o una madre arriba con 3 o 4 chicas, pero siempre acompañadas, era un clásico.
    Con quien es ahora mi señora, una semana antes de casarnos -ya estábamos comprometidos-, teníamos que salir de su casa acompañados por mi cuñado “Macito” Metzler (Max).
    Después, una vez que estábamos afuera me decía “váyanse donde quieran”, pero de la casa el padre nos veía salir a los 4 juntos ¡y ya teníamos 23 años! ¡Igualito que ahora! Todo ha cambiado.

    Me inicié en el Arsenal a los 14 o 15 años y me jubilé en el `87. Trabajé también en una gomería de un tal Aguirre, cerca de la escuela 3. Después trabajé un tiempo en un almacén de Morala, ubicado también en Avenida Mitre y Urquiza. Era del padre de Jesús y Cipriano, de cadete, ayudando a Don Eleuterio.
    En la casa de mis padres había que cooperar con nuestros ingresos. Nos dejaban unas monedas para el cine. Íbamos al cine: estaba el Italiano y el de mayor vigencia el Español.

    Los viejos nos daban 5 centavos para ir al cine y poder comprar cosas. Nos cruzábamos en frente donde estaba la panadería de Lafforgue y nos íbamos a comer una “carasucia”. Todos los chicos íbamos a la matineé. Era la diversión por excelencia”.

    DEPORTIVO ARGENTINO
    -“En Mitre y Sadi Carnot se hizo un equipito de fútbol que era Estudiantes. Por rivalidad de barrio después nació Argentino. El estadio estaba entre la casa de mi viejo y la otra esquina, en el fondo de Gaviria. Ahí también había un hinojal, por eso resignamos la canchita hasta esa plantación.

    De allí nació la idea de crear el Club Argentino. El primer trofeo lo ganamos contra Estudiantes, los rivales del barrio.
    Un tal Moggia (tío de Ulises Parayre) que ganó en Inglaterra un maratón) nos veía jugar y un día se paró en el único clarito que había -porque en frente también había tamariscos-. Se paró llegando a la casa de mi viejo y dijo: “al que gana tiene 50 ctvs. de maní”.
    De hecho lo ganamos nosotros. Lo teníamos de hijos a Estudiantes.

    Yo tengo el libro de Oro del Club Argentino de los principios del principio. De 25 partidos jugados el primer año ganamos 18, empatamos 3 y perdimos 2. Estando en el Arsenal, ya habíamos fundado Argentino, por orden de un Ministro, todas las instituciones del Ejército tenían que tener en lo posible un equipo de fútbol. Ahí se creó San Martín y los que estábamos allá adentro nos agarraron para armar el equipo.

    Entre esos estaba Walter Alric, Nino Domenicale y habíamos 4 o 5 que pertenecíamos a Argentino, que nos tuvimos que integrar a San Martín por esas circunstancias.
    En el año `50 me casé con Elsa Metzler, quien ya estaba nombrada en el Jardín de Infantes 901. Ahí no había Cooperadora y me arrimé a colaborar con los padres. Posteriormente le salió el pase a la Escuela Nº 3, integré la Cooperadora de la escuela 3; después la pasaron a la 5 y también la integré. A medida que me “echaban” me iba arrimando a otro lado…”

    EL AUTO CLUB
    El Autoclub se fundó en el `73. Yo de automovilismo no sé nada, pero resulta que el empuje de ese grupo era fabuloso, empujaban para adelante que mamita mía! A todos les gustaba el automovilismo, el único que desentonaba era yo. A mí me llamaban “el moderador”. Generalmente el problema de las instituciones son los papeles, nadie quiere “manotear” los papeles. Me vinieron a ver, como sabían que yo andaba con los papeles me vinieron a ver para ofrecerme una secretaría rentada pero acusé pérdida. Mi señora casi me echa de mi casa.

    Yo fui como secretario, pero después me tocó abarcar la tesorería, todo lo social, la parte deportiva no porque no entendía nada y sigo sin entender pero lo social me tocó casi todo a mí, incluso tesorería.
    Los primeros años se vendían 4 o 5 o 6 mil entradas.

    Terminábamos el circo, metíamos la plata de la cantina en una caja y en otra la de la boletería. Me cargaban las 2 en el baúl de mi auto sin saber cuánta plata tenía… Después con mi señora hasta las 3 o 4 de la mañana nos la pasábamos contando para a primera hora llevarla al banco, porque era mucha plata.

    Jamás nadie me dijo… mirá acá me parece… jamás, entonces… esa confianza en mí es una satisfacción. Una vez siendo presidente Hugo Domenicale, en una Asamblea dijo algo que también me emocionó… viste, no tiene valor económico, pero que moralmente te da una satisfacción tremenda. Recuerdo unas palabras suyas. Dijo que “a las únicas personas en el mundo que les daría las chequeras firmadas como las doy es a mi padre y a Marcelo”.
    Son satisfacciones íntimas que uno valora a través de los años. Uno trata de inculcar esos valores a sus hijos. Tengo 2 hijos, una hija.
    Primero tuvimos un hijo al año y medio de casados. Lo perdimos. Luego también perdimos una nena sietemesina. Dicen que los perdimos por incompatibilidad en la sangre.
    Mi hija fue muy esperada y el otro cayó medio de sorpresa porque no le habían dado muchas esperanzas, pero después nació este otro que bueh… yo estoy muy orgulloso por su personalidad y su genio. Es muy buena persona……

    Momento difícil

    «Yo tuve un estado depresivo muchos años… como 20 años me tuvo a maltraer. Estuve 1 mes durmiendo, me hicieron la cura del sueño y como mi señora fue instrumentista, andaba un poco en el tema de la salud, en vez de internarme en Cnel. Suárez pidió para irnos a la laguna de los Chilenos. Allí tenemos una casita. Mi señora le dijo al Dr. “Yo lo miro, yo lo atiendo”.
    Después no sé la cantidad de especialistas que vi….
    «Yo pienso que encuentro la felicidad haciendo algo por los demás, por lo menos que me tengan en cuenta para ver en qué puedo colaborar. Moralmente siento una gran recompensa. Yo le doy mucho valor a poder hacer algo. Para muchos serán pavadas pero yo interiormente me siento muy bien. Yo me siento feliz así…. Yo soy un fanático de mi pueblo, nunca careció de gente buena”.

    lA PASIÓN

    « Yo soy un apasionado de las instituciones. En Argentino nos iniciamos en el `44 y estuve en Comisión hasta el `85, siempre muy allegado”. Estuvo en el Deportivo Argentino, en el Autoclub, en 3 Cooperadoras, el Comedor Escolar, Paloma Mensajera, Centro de Jubilados, etc., etc.
    Y en los etc, etc, etc, falta enumerar buena parte de la historia pigúense durante décadas. Esa historia que Marcelo atesora en su recuerdos, en su biblioteca y en su memoria. Porque a Marcelo, gran parte de la historia pigüense no se la contaron. La escribió y la vivió…

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