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    Matías Ferreyra «El boxeo me dio muchas cosas buenas»

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    13118827 991943567580407 2097970704271116708 nIntegró la selección argentina y protagonista principal de las dos peleas más importantes en Pigüé. Debió abandonar por un problema ocular causado por el boxeo aunque lo admite como algo natural en un deporte de alto riesgo.

    Sin rencores, aseverando que quien elige este duro deporte sabe a lo que se expone, Matías Ferreyra reconoce que en sus últimas incursiones sobre un cuadrilátero no estaba en las mejores condiciones para afrontar un deporte tan duro como el boxeo. Un problema en la vista que se le agravó en aquella recordada batalla con «Yarará» Arrieta, quedó en evidencia en su última pelea ante el chileno Oscar Bravo a mediados del 2011 en un colmado gimnasio del club Sarmiento, cuando el pigüense se quedó con el título WBC Peso ligero Internacional del Consejo Mundial de Boxeo y que nunca pudo defender. Aquella fue la última pelea para el pigüense que actualmente tiene 33 años.

    Matías se operó, asegura que hoy está en perfectas condiciones y que no pudo hacer la defensa de su título que le aseguraba una buena bolsa debido a que no se recuperó en los tiempos que demandaba su próximo compromiso, en una extensa charla con Reflejos confesó muchas cosas que le pasaron y que no habían tomado estado público hasta ahora.

    «Después de la última presentación, entrené de vuelta, me preparé para una pelea afuera, me había operado de la vista y la recuperación no fue tan rápida, pensábamos que sería unos tres meses y si bien la operación fue exitosa la rehabilitación llevó un poco más de tiempo, y cuando iba llegando la fecha ví que no estaba del todo bien con la vista, y entonces decidí dedicarme a otra cosa, había pasado bastante tiempo de la última, con una inversión importante para operarme, los chicos que me ayudaban a guantear me dijeron que no me veían bien y aunque estaba bien, en peso, a dos semanas del combate decidí no ir, (su entrenador Ernesto) Blanco me dijo que no iba a ir a tirarme por la plata, que iba a ser una pelea dura, no quiso que vaya, volví a mi casa medio renegado, lo hablé con la familia y ya está, de un día para otro dije no boxeo más y así fue», confiesa y que hoy está bien, «no sé si para el boxeo, pero a como estaba antes, hoy estoy mucho mejor, y tampoco quiero probar».

    Veía doble

    «Lo de la vista fue consecuencia del boxeo, hice una carrera muy larga de muy chico, fue una acumulación de golpes que fueron dañando un músculo (óptico), no fue nada de retina, y la última pelea que hice con Arrieta recibí un golpe en el ojo que también se inflamó y se hizo tipo un coágulo entre el ojo y la nariz, con el tiempo se disolvió, pero hubo una lesión y esa lesión fue la que afectó un músculo de la vista, y hacía que yo viera encimado, veía mal, y eso arriba del ring se notó después», afirma y también añade «yo era conciente de que a medida que se iba agravando lo de la vista iba tratando de que no se notase, acostumbrándome a ver como veía, buscar la distancia mía y boxeaba igual».

    «Por ahí estaba haciendo una buena pelea y de pronto trastabillaba un poco, y el público podía pensar que estaba sentido y no era que al ver encimado, doble, caminaba mal el ring», dice y que muchos boxeadores han tenido que abandonar obligados la actividad y que hoy siente que el boxeo quedó atrás.
    «Hasta la pelea con Arrieta yo ya venía con un problemita pero no era tan grave, y en ese enfrentamiento calculo que la lesión se agravó en un 50 por ciento porque fue un golpe en el mismo ojo», dice.

    Sobre la decisión de su rincón de hacerlo combatir hasta el final ante Arrieta, Matías Ferreyra no duda en señalar «no pienso que no hayan estado bien, porque ellos me conocen mucho a mí, desde chico entrené siempre con Blanco, él me conoce muy bien a mí y pensó que yo la podía revertir, y por no estar conciente, lúcido en el último round lo tengo casi nocaut y me pongo a festejar porque yo del octavo round para adelante seguí peleando inconciente. En la primera caída que tuve cuando me pegó en el ojo, seguí peleando sin estar conciente, seguramente para brindarme a la gente, del octavo para adelante pero yo no recuerdo nada, y mirando el video es que creo que le podría haber ganado por nocaut, porque él quedó sentido contra las sogas y yo me puse a mover la mano como festejando cuando en realidad venía perdiendo la pelea porque me había caído dos veces y estaba abajo en las tarjetas», confiesa sin tapujos.

    Bolsas y promotores

    «Lo que más me retiró del boxeo fue la parte económica, porque llegué a un lugar donde tenía dos títulos que están colgados ahí (en la pared), porque yo los pagué (los cinturones), para que me queden de recuerdo cobrando menos la bolsa pero no me arrepiento, y después tuve que gastar en la operación, dinero que no tenía y que tuve que salir a conseguir, y si bien tenía ganas de seguir ya con dos chicos, una familia, tenía que pensar en el bienestar de ellos, entré a trabajar a la cárcel y bueno ya está», manifiesta y que ni siquiera se arrima mucho al gimnasio «tal vez por temor a que me den ganas de arrancar, pero la verdad no lo sé, no es que quiera alejarme del boxeo pero voy poco».

    Confiando que su entrenador Ernesto Blanco está entrenando un chico muy joven de Coronel Suárez, al que le ve muchas condiciones y quiere que Ferreyra se acerque para charlar un poco con él, «y seguramente iré en algún momento», señala, aunque enseguida remarca que no es bueno hacer muchas peleas en el plano amateur «yo hice muchas peleas porque empecé muy chico, cuando llegué a la selección tenía más de cuarenta peleas, y cuando debuté como profesional tenía más de ochenta. No había ningún boxeador que tuviera mi récord, y tal vez con la mitad hubiera sido mejor, aunque claro eso lo digo hoy», acota con una sonrisa, «se cree que cuando más peleas hacés como amateur es más experiencia para hacerte profesional, y es mentira. Es un deporte en el que ponés el cuerpo y pelear mucho te hace tener más lesiones en el futuro».

    Matías integró la selección argentina de box amateur, «debuté a los 13 años en Pigüé, a los 17 me fuí y volví a los 21, y en ese tiempo entrené en el CENARD con gente que hoy está boxeando en los primeros planos todavía, nos entrenaba Sarvelio Fuentes un cubano muy conocido y otros entrenadores, pude viajar a muchos lugares representando al país, viendo muchas cosas buenas que hoy todavía no hay en el país, que en algún momento me gustaría poder implementar acá».
    De regreso en Pigüé decidió hacer su carrera profesional desde aquí lejos de la grandes urbes donde suelen tomarse las decisiones, y no cree que eso haya sido un error sino otra decisión, «me parece que fue haber elegido un promotor como Arano que tenía dos boxeadores de mi categoría que estaban arriba como la Hiena Barrios y Arrieta, por lo que subirme a mí de golpe no sé si le convenía desde lo económico», se sincera, agregando «es difícil elegir un promotor, no digo que Arano sea malo, pero en mi caso yo llegué tarde al reparto»

    «Nos costó, llegamos a estar arriba pero con una ‘barrerita’ en el camino donde no podíamos avanzar rápido, lo que a cualquier boxeador le costaba, a mí un poco más, por eso cuando se terminó el contrato buscamos a este hombre, Hernán Santos Nicolini un hombre grande que había estado con Monzón, que hizo las cosas bien, me consiguió una pelea por un título, estaba ranqueado primero en el ránking por el título mundial, me hizo cambiar de la OMB al CMB, que es una de las mejores organizaciones del mundo, y hasta me consiguió una defensa del título que yo había logrado acá, para presentarme en Yugoslavia, pero por el problema que tuve en la vista no la pude hacer», asevera y reflexiona «tal vez tendría que haberlo elegido antes, es que un buen promotor te abre las puertas rápido, pero no estoy arrepentido de todo lo que hice».

    El presente

    Matías estuvo al frente de una escuela de box en Puan, aunque a partir de que comenzó a trabajar en el SPB en la cárcel de Saavedra, por los horarios no pudo seguir, aunque no descarta entrenar en el futuro porque está convencido de que puede aportar algo desde su rica experiencia.

    En la cárcel hay varios internos que practican boxeo, el más emblemático que es Sergio Jara, y Ferreyra se anima a pensar que se puede hacer algo ahí también, porque advierte que el practicar un deporte les hace pensar cosas positivas y útiles pensando en la rehabilitación de quienes están purgando una pena.

    «En el boxeo hay problemas más grandes que el mío que me pude recuperar, días pasados ví la pelea de Canelo con Kahn (este último perdió por un tremendo nocaut), y Kahn cayó desmayado y lo tuvieron que internar, por eso el boxeo es algo que uno lleva adentro y cuando a uno le interesa algo siempre se las arregla para hacer lo que a uno le gusta, yo sólo aconsejaría no pelear tan seguido sino hacerlo más pausado, sobre todo cuando arrancan muy jóvenes. No hay que acobardarlos, que vayan pasando barreras de a poco», dice aunque advierte «ahora es más difícil tener boxeadores, la juventud hoy es distinta a la mía».

    «A mí no me quedaron cuentas pendientes, sí me hubiera gustado hacer alguna pelea con algunos que entrené como Lucas Matthyse o la ‘Hiena’ Barrios, pero no se dió», dice y agrega «no me gusta ver a algún ex compañero peleando por necesidad, como Priotti que fue un muchacho que nunca se cuidó que era un muy buen boxeador y ahora de grande está sobreviviendo con lo que aprendió de joven».

    «Ernesto Blanco fue más que mi entrenador, no sé si casi un papá. Un loco que quería que me vaya bien, que donde precisaba algo él estaba, que si iba a las 6 de la mañana él estaba, y ahora lo veo que está haciendo lo mismo con este pibe nuevo, y es así cuando se le pone algo en la cabeza trata de hacerlo, eso es algo bueno y no hay muchos con el pensamiento de él», dice sobre su entrenador para quien el boxeo «es su vida, y conmigo fue muy bueno».

    «Creo que en el boxeo yo podría aportar muchas cosas, tengo un conocimiento importante, si veo como se paran te puedo decir quien va a ganar, ví e hice cosas que recién ahora empiezo a ver, el boxeo actual es muy rutinario, todo muy igual. No hay muchos que puedan ver e intentar hacer otra cosa» dice y acota a modo de reflexión final «el boxeo a mí me dejó muchas más cosas buenas que malas y lo único que no me dió fue la parte económica».

    CON HEILAND SOMOS AMIGOS: «Cuando yo vine del CENARD él entrenaba conmigo, creo que aprendió mucho porque era zurdo como yo, teníamos una amistad y después la misma gente de un lado y del otro hicieron que nos apartásemos, uno en cada gimnasio, e inventaron una rivalidad que nunca la hubo, porque cada vez que nos encontrábamos charlábamos, hablábamos de boxeo, y los comentarios siempre fueron de afuera pero entre nosotros nunca hubo nada, guanteábamos juntos y Blanco le dio una mano porque las primeras peleas se las sacó él para que arranque a nivel profesional, y después la misma gente hizo que él se fuera para el Boxing y se quedó ahí, Blanco con su pensamiento que tampoco es de dar el brazo a torcer, no quiso volver y medio como que quedó un grupo y otro, pero en realidad hay una amistad, no tengo su teléfono pero si nos encontramos seguro que nos pondríamos a charlar. Boxísticamente creo que le enseñaría un montón de cosas, pero no es algo que se aprende de un día para otro y más cuando sos grande, así que me parece que está bien que siga con lo que tiene y trate de hacer lo mejor», dice sobre Sebastián Heiland, el otro boxeador emblemático que dio Pigüé en los últimos años.

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