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lunes, marzo 1, 2021
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    PURO_CUENTO_1(por walter ditrich (walter@semreflejos.com.ar) El joven árbitro pisó el marrón césped del estadio de Unidos del Sur, sin saber dónde se metía. No era el menor lugar para debutar en el referato dentro del ámbito de la liga regional. Es claro que en la Asociación de Arbitros lo estaban haciendo pagar derecho de piso, y de qué manera.

    Con hosco recibimiento,  un dirigente que le indicó con desdén donde quedaba su vestuario. La falta de agua; además del deplorable estado del sucucho – sin vidrios, por cierto- le indicaron al árbitro que en Unidos del Sur todo estaba preparado para que los hombres de negro sintieran  el rigor de ese «dificil reducto», como dirían los antiguos.
    El referee se concentró en aislarse del hábitat hostil y se decidió a hacer bien su trabajo. Cuando pitó con fuerza para llamar a los equipos a la cancha, un «qué cobrás, la puta que te parió!!! tronó desde la hinchada local y le indicó que la tarde no sería nada fácil.

    Los once gladiadores de Unidos del Sur estaban dispuestos a ganar sacando provecho de su condición de local. Más acostumbrados al piso desparejo, corrían enloquecidos e impulsados por el rugir de los parciales locales que gritaban desesperados. Con gargantas rojas, reclamaban hasta los laterales más intrascendentes. El jóven árbitro pitó una, dos, tres, diez faltas e hizo como que no escuchaba la catarata de insultos que brotaban desde la hinchada de Unidos.

    En el entretiempo un coro de voces roncas que hacían referencia a vida sexual de su mamá lo acompañó hasta el vestuario; o lo que simulaba ser tal.
    La falta de vidrios del lugar, y las endebles rejas; posibilitaron que desde el exterior se arrojaran todo tipo de objetos contundentes hacia el reducto donde el juez intentaba refugiarse. Hasta un zapato que pegó en la pared y de rebote lo alcanzó en el brazo, le fue arrojado al encargado de impartir justicia.

    Como un relámpago; el referee salió corriendo hacia el ingreso de los vestuarios y a los gritos preguntó por «el jefe del operativo policial!, por favor!!!».
    Un vigilante de prominente panza, escupía semillitas de girasoles con un pie apoyado en la pared y la gorra mal acomodada. No había cambiado de postura aunque desde su lugar era imposible que no se hubiera percatado de lo que estaba sucediendo con el árbitro. Miró al referee con cara extraña, y sin dejar de masticar le respondió.

    – Yo estoy a cargo, por qué?-
    – Me están agrediendo, me tiran objetos en el vestuario, así no se puede!!!- gritó el árbitro entre asustado y temeroso.
    – Y también…. ¡Como está dirigiendo usted, maestro!!!!- replicó el uniformado.

    El  joven juez, se dio cuenta de que estaba librado a la buena de Dios,. Intentó suspender el partido por falta de garantías y amagó a irse; pero rápidamente cayó en la cuenta de que no existía forma de salir con los huesos sanos de ese lugar.

    Tras minutos de desconcierto, el policía militante lo convenció de que siguiera porque «suspenderlo es peor.!..». «Pero eso sí, cobre bien y no haga calentar a la gente», le advirtió en un susurro.
    El joven juez dirigió el complemento como pudo y si bien intentó no dejarse presionar por el entorno, en lugar de cobrar todo, se calzó la camiseta del «siga siga». Y en n muchos pasajes abrazó la idea  filosófica arbitral del TODO VALE.

    Los once picapedreros de Unidos del Sur, más su aguerrida hinchada y un árbitro asustado, no bastaban para quebrar el marcador. Ese equipo, aunque el referee también entrara a cabecear, no era capaz de marcar un gol por los siglos de los siglos

    El partido se encaminaba a un CERO grandote y el juez saboreaba la posibilidad de volver a casa sin moretones.
    Pero…..Siempre hay un pero. Si algo viene mal, puede salir peor; diría Murphy. Y pasó.

    En el último segundo,  el 9 visitante se coló en el área, esquivó varios guadañazos y pateó buscando al 7 que se perfilaba solo para el gol. La pelota dio en la mano extendida del N2 de Unidos del Sur.

    Un claro penal. Que a pesar de lo evidente,  ningún juez con ganas de llegar a viejo pitaría en esa cancha , en ese momento del partido. «El árbitro debe juzgar la intención», argumentarían en su favor los cronistas locales y el puñado de hinchas visitantes nada dirían para volver a casa en paz.

    Pero…., siempre hay un pero. Un potente PRRRRRR sonó y el joven juez suicida corrió marcando el punto penal.  Algunos suponen que se le escapó el silbido sin pensarlo, que no pudo ser injusto; o la razón que fuera. Pero…. siempre hay un pero; lo cobró. Y al cobrarlo,  fue candidato ideal para seguir cobrando.

    La pena máxima  no pudo ejecutarse. La hinchada local rompió la endeble alambrada e invadió la cancha. El referee emprendió una loca carrera esquivando tackles como si fuera el más veloz de los All Blacks.

    Corrió, corrió y corrió pasando delante de los vestuarios y saltando escollos; también saltó el paredón perimetral y  logró colarse en un patrullero que estaba estacionado con  sus agentes mirando el espectáculo. Con el árbitro, subido al móvil, los policías no tuvieron más remedio que emprender la marcha a fin de resguardar su propia integridad física. Soportando patadas, pedradas y escupitajos, lograron fugar hacia la sede policial.

    Hasta que se escondió el sol, se escucharon los cánticos de la hinchada fuera del calabozo del destacamento policial. El referee llegó pensar que envejecería en ese lugar, porque los parciales de Unidos no mostraban intención de irse a sus casas.

    Alrededor de las diez de la noche, llegó el Presidente de la Asociación de Arbitros y pidió hablar con el jefe policial. El policía a cargo, ya había dejado de comer girasoles, pero increíblemente insistía en procesar al árbitro por «infracción a la ley del deporte».

    «Como cobra ese bombero, incita a la violencia!, está violando la ley del deporte» argumentaba con convicción.
    – Usted me está cargando?-  respondió el Presiente de la asociación arbitral.

    – Esto no es joda, su referee alteró el orden social de este pueblo!- insistía el policía militante.

    El joven referee escuchaba la discusión desde el calabozo y mirando las rejas, recién comprendió que en lugar de protegerlo; la policía lo había detenido por cobrar un penal.
    Un par de horas después y tras la presencia de un abogado y el llamado del intendente; el jefe policial liberó al árbitro. No sin antes advertir que nunca mas se le ocurriera dirigir a Unidos. – Esa mano fue casual, ca-su-al!!!!, me entiende?.. En cancha de Unidos no se anima a cobrar un penal ni Castrilli, me entiende?»- alertó el policía.

    Cuando emprendían el regreso en medio de la noche el veterano Presidente de los Arbitros, le dijo al joven árbitro con tono paternal:
    – Che, pibe… Me imagino que hoy aprendiste cuáles son los penales que son penales, pero nunca se cobran, ¿No?-

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