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    archivo_museo_002• Don Pedro Perera es nieto de primos hermanos, fugados de España para vivir su amor e hijo de hermanos de crianza.

    (por SILVIA PHILIPP. silvia@semreflejos.com.ar) Don Pedro Perera nació en Eduardo Castex, Provincia de La Pampa el 2 de Julio de 1930; su padre era Olivio Perera, uruguayo y su madre Jorgelina Cabrera, brasilera.

    «Hacerse el dormido»

    Y continuó relatando que en esa misma farsa, la de hacerse el dormido, supo que a su papá lo habían querido matar y que su abuelo vino a Argentina desde Montevideo en 1910 a raíz de los problemas políticos que en ese momento se vivían en el vecino país, entre blancos y colorados: ” a mi abuelo le mataron un hijo, pero no porque mi tío estaba metido en eso, si no porque mi papá tenía una yegua muy ligera, entonces los guerrilleros se la quisieron sacar, y mi papá disparó y la metieron arriba de un carro tapada con pasto, así la escondieron y mi padre se salvó, porque lo querían limpiar, mi abuela lo salvó ¿sabe cómo?; en una letrina, antiguamente los baños estaban lejos de la casa, lo metió en un tambor y lo tapó con dos tablones que tenía».

    « Mi padre tendría 16 años; y dejó la puerta abierta, pasaron los guerrilleros y no le dieron bolilla, pasaron de largo, sino yo no hubiera existido»; deduce Don Pedro y dice que fue su tío Juan Angel el que relataba todos esos secretos de familia y que tantas veces le han contado historias ajenas, de ciertos secretos que suele haber en algunas familias, pero que nada le asombra sabiendo su propia historia familiar desde los 7 años.
    Pedro Perera es el séptimo hijo  de Olivio Perera y Jorgelina Cabrera, el único que terminó 6º grado de la Escuela Primaria; su hermano mayor, que había nacido en Uruguay en 1909 era analfabeto, cuando sus padres vinieron a Argentina él tenía 2 años: « y yo soy el menor de 7 hijos que tuvieron mis padres, soy la última manga del chaleco, como dice el paisano».

    A Pigüé

    Don Pedro dice que quería tomar otros rumbos cansado de tanto viento y tierra en La Pampa, se había criado en una quinta y aprendió lo que era el trabajo de chico.
    «Era una cosa impresionante allá en el campo con esos vientos y la tierra que no dejaba de volar, yo lo hablaba mucho con mi primo, que nacimos el mismo año, Lem se llamaba, era el padre de Norma y Mabel, él trabajaba en una parte y yo estaba en un monte, el dueño del monte traía diarios y revistas, y en una revista leía que decía: «de 18 a 22 años, se necesitan varones para Gendarmería en San Martín de los Andes»; lo recortó y un domingo que voy a Castex se lo llevo a mi primo, porque éramos muy compinches, siempre estábamos juntos, fuimos a la escuela juntos, vivíamos a 200 metros».

    « Y me dijo ¿si le mandamos una carta?; y un tío nos escribió la carta, a los cinco días tuvimos que presentarnos en la gobernación de Santa Rosa, porque ahí había Ejército, en Toay, nos hicieron una pre revisación, habrán pasado dos meses, apareció el cartero en sulky y me pegó el grito: ¡che tenés un telegrama! ; y me fui a dedo al campo donde estaba mi primo, me llevó un paisano; después nos vinimos en un sulky y al otro día, otra vez a Santa Rosa; al final era para decirnos que no nos podían tomar porque teníamos que hacer el servicio militar»; contó Don Pedro.

    Lo que siguió en la búsqueda de un nuevo panorama para los primos es que, a través de un contacto de un conocido del pueblo, que se comunica con un familiar que vivía en Pigüé: un tal Carlos Toulúc, que hacía planos para la construcción; es que se enteran que hacía falta mano de obra en Pigüé.
    « Trabajo es lo que sobra, lo que faltan es brazos, decía el telegrama que nos mandó, ahí nomás, cuadramos el mono, como dijo el criollo y arrancamos para acá. Aparecimos el 30 de agosto de 1950 a las 10 de la mañana en el tren, tuvimos que hacer noche en General Pico; a las 3 de la tarde ya tenía trabajo de peón de albañil en una firma Palmarochi; después hice el servicio militar en General Pico, y a mi primo le tocó en San Martín de los Andes».

    « Después trabajé en la curtiembre, de día de peón de albañil y de noche por tanto en la curtiembre tuve la posibilidad de que Don Studer (dueño de la curtiembre) me hiciera entrar en el arsenal, pero no acepté»; recuerda Don Pedro.
    Posteriormente, según cuenta, trabajó en el campo con Ricardo López Ruiz durante un tiempo, luego con Ciano Errecart , quien lo lleva a la estancia « La Saudade» donde permaneció durante 40 años.
    Don Pedro Perera, hoy con 82 años mantiene vivos sus recuerdos y sabe relatarlos de una manera amena y amable; y la historia sigue, pero habrá que esperar, quizá, hasta el próximo jueves.

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