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sábado, julio 31, 2021
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    PURO CUENTO: Pajarito Mossi, paracaidista

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    mossi_finalpor walter ditrich (walter@semreflejos.com.ar).– Pajarito Mossi era un bicho aéreo. Aunque en realidad, su apodo provenía más de su perfil de pico prominente, en lugar de deberse a sus horas de vuelo. Quizás por seguir ese destino de cielo celeste, Pajarito Mossi volvió al pueblo convertido en paracaidista. Nunca había existido semejante desafío al peligro en la ciudad y fue Pajarito el pionero del paracaidismo local.

    Aparentemente, por lo que se rumoreaba en los clubes y los bares, Pajarito había formado parte de la Brigada de Paracaidistas con asiento en Córdoba cuando le tocó la colimba. Como sea, se había ido del pueblo como un gorrión desconocido y volvió convertido en un imponente águila majestuosa.

    Se lucía lo domingos con una campera verde de esas que usan los aviadores llenas de insignias y escudos. Más que un atuendo dominguero,  usaba esa pilcha de lunes a lunes con aire de intrépido despreocupado. Caminaba como mirando nuevos cielos para desafiar con pesados borceguíes negros y anteojos de sol de grueso marco brillante.

    Cuando la familia Mossi anunció que se festejaría el cumpleaños 90 de la abuela Chola, Pajarito dijo que ese domingo haría su primer salto en el aeródromo local.Es  que para la fecha, ya estaría con él el paracaídas con el que había logrado sus hazañas militares en las sierras cordobesas. «El domingo a las 4 de la tarde voy a hacer mi primer salto en mi pueblo. Pero sólo para la familia. Es mi regalo para la abuela», dijo ceremonioso. Su madre se secó las manos en el delantal enharinado y lo abrazó con júbilo.

    Toda la familia acudió a la cita en la tarde dominguera. Por fortuna, el cielo se dejaba ver celeste y radiante; luego de la fortísima lluvia de viernes y sábado. En un sitio preferencial ubicaron una silla para la abuela Chola que llegó enterrando el bastón en el piso barroso. «Las pistas están bien, se puede volar», aseguró el piloto del pueblo antes de que Pajarito elevara su mano derecha desde la ventana del avión elevando el pulgar. Con esa campera y ese gesto ganador hacía recordar a Tom Cruise en Top Gun. Un winner total!.

    La familia Mossi en pleno no bajó más la vista y miró al cielo los minutos siguientes siguiendo en detalle el curso de la avioneta que llevaba al más famoso fruto del árbol genialógico.
    Finalmente, un puntito negro se desprendió de la aeronave y Pajarito Mossi comenzó su primer descenso triunfal hacia la tierra que lo vio nacer.
    La madre rezaba, el padre abrazaba a su esposa para generarle seguridad y la tía comenzó a preguntar cuándo «se abre el aparato ese». – «Tranquila.., Tranquila que Antonito – así se llamaba Pajarito Mossi- es un paracaidista profesional»- aclaró el tío Tito.

    Instantes después, el paracaídas se desprendió de la espalda de Pajarito y se desplegó redondo, verde y magestuoso. Su silueta se fue haciendo cada vez más grande hasta que puedo apreciarse el cuerpo del paracaidista pendiendo de una maraña de cuerdas a las que jalaba con fuerza.
    El paracaídas ondeaba cambiando de rumbo repetidamente, hasta que a punto de tocar tierra, una ráfaga de viento lo impulsó hacia la punta de la pista , justo al limite donde el pasto corto se transformaba en un fachinal.

    Pajarito no tocó tierra con demasiada elegancia. Cayó más bien como toca el suelo una bolsa de papas arrojada desde lo alto de un camión. Sus rodillas cedieron y el paracaídas siguió impulsado por la brisa con él colgando detrás.
    Hasta que pudo incorporarse y hacer pie.

    Tal vez por el aterrizaje un tanto brusco. Por los nervios, o la emoción de su primer salto en el pueblo ante su familia; o por simple olvido; el paracaidista cometió un error infantil. No jaló la cuerda para recoger el paracaídas a fin de que no siguiera embolsando el viento. Y pasó lo que podía pasar. Una ráfaga endemoniada llegó el paracaídas como si fuera un globo y lo impulsó con fuerza.

    Pajarito, distraído, agitaba los brazos saludando a la tía Chola a la distancia. Y sin que se percatara, el paracaídas impulsado por la fuerza bruta de la naturaleza lo tironeó desde atrás con virulencia. Lo arrastró como una marioneta por el suelo barroso y lleno de malezas.
    Cincuenta, cien, doscientos, trescientos y trescientos metros mas viajó Pajarito rebotando contra el piso como un felpudo hasta que por los caprichos de las corrientes de aire, el paracaídas tomó rumbo hacia el alambrado lateral del campo.

    Por su impulso, el aparato pasó por arriba los siete hilos, pero Pajarito no. Convertido en una maraña de barro, pastos  y raspones, se detuvo enganchado entre los alambres y sintió el rigor del alambre de púas en la espalda.

    El primero en llegar fue el Tío Tito en su camioneta. Puesto que adivinó antes  que el resto la dirección endiablada de ese aparato mortal y aceleró por la calle vecinal contigua.
    Pajarito no dijo palabra mientras lo liberaban de la trampa mortal del alambre 7 hilos. No saludó a la tía Chola, ni a nadie más. Nunca dijo qué le haba pasado, ni emitió comentario alguno acerca de lo sucedido. Tampoco lució más su campera de Top Gun ahora rasgada por el alambre y la rudeza de su primer descenso local.
    Por vergüenza propia o ajena, ninguno de los Mossi dio difusión de lo sucedido ni entre sus círculos de amistades más íntimos.
    Se supo que Pajarito había saltado el domingo porque algún chusma divisó el paracaídas surcando el cielo. Nada más.

    Meses después, el Intendente del pueblo en persona tocó timbre en casa de Pajarito. Venía a pedirle que saltara en paracaídas en el Parque Municipal el día del aniversario del pueblo.
    -Queremos que inicies el desfile…. sería una gran atracción!- dijo el Intendente.
    Pajarito dudó. Era un desafío arriesgado. Si algo salía mal haría el ridículo frente a todo el pueblo.

    La Reina de la ciudad, parada detrás del intendente con cara de promotora, le pidió por favor. Pajarito compendió que si el salto salía bien sería el gran héroe del pueblo por siempre jamás. Miró a la Reina y  dijo que sí con la solemnidad de quien acepta una misión suicida tras las línes enemigas.
    Llegó el día. Esa tarde, todos estaban en el parque esperando que Pajarito cayera de los cielos para iniciar el desfile de instituciones.
    Desde lejos se escuchó el rugir del motor de la avioneta y Pajarito Mossi saltó al vacío.
    Todo aparentaba estar saliendo bien. Cuando su paracaídas se dibujó claramente por sobre el parque, se pudo ver ondear una bandera argentina que se desplegaba detrás de Pajarito. Brotaron los primeros aplausos.
    Desde el palco, el locutor comenzó a anunciar el inicio del desfile a cargo del héroe de la ciudad. Junto a él, el intendente, su esposa, los concejales, el comisario, y todas las autoridades aplaudían el espectáculo. Un gentío miraba hacia el cielo y señalaba a Pajarito que descendía a buena velocidad.

    Ya cada vez más cerca, Pajarito comenzó a tirar las cuerdas con fuerza y gestos de desesperación. El paracaídas y su conductor tomaron la dirección del palco principal y a gran velocidad ambos se fueron precipitando en picada hacia la multitud. Pajarito agitaba sus manos y tiraba las cuerdas con fuerza. Pero la suerte ya estaba echada. Era imposible modificar el rumbo de ese bólido que surcaba el cielo cayendo como un bombardero sobre su blanco.
    El Intendente, el comisario, los concejales y la multitud imaginaron que Pajarito simulaba un vuelo rasante para hacer mas espectacular su descenso. Todos pensaron que a metros de arrollar a  la multitud, levantaría vuelo para generar el oooohhhhh, general. Pero no.

    Pajarito cayó del cielo como una bomba sin control y pasó volando a toda velocidad por sobre el palco. El intendente se tiró de cabeza. Se tropezaron  los concejales, el comisario, y el cura párroco que cayó pesadamente enredado con la sotana. La mujer del intendente quedó debajo de parte de la banda militar con las piernas abiertas exhibiendo a la ciudadanía sus enaguas. La imagen aún hoy perdura en las retinas de los memoriosos. Pajarito fue rebotando contra al piso  y tras arrasar literalmente a las autoridades cívicas y militares; también embistió contra la población en general. Finalmente, fue perdiendo velocidad. Entre la cuerdas de su paracaídas se divisaba la capa de la reina, la gorra del comisario, una mujer abrazada a un bastón y un chico que lloraba intentado zafar del enriedo.

    No hubo heridos graves. En realidad, la herida más grave se detectó en el orgullo de Pajarito Mossi.
    Nunca más se lo vio por el pueblo, ni se tuvo noticias de él. Aún hoy, varias décadas después del incidente, se siguen escuchando en el pueblo refranes como: cayó como Pajarito Mossi del cielo; o menos cálculo que Pajarito Mossi en paracaídas…

    ————————————————————————————————————————————————————————————————————————

    Hace poco, a 25 años de aquel inolvidable aniversario de la ciudad; el descenso de Pajarito sobre la gente se pudo ver en televisión. Ordenando los archivos de un video aficionado ya desparecido,  un joven halló la filmación. La subió a las redes sociales y desde allí derivó en uno de eso programas que emite bloopers.
    El hijo de Pajarito Mossi estaba viéndo la emisión en su casa de Villa Domínico.

    – Che viejo, eso pasó en tu pueblo….. Mirá!!!!, no será pariente nuestro el tipo que cayó?… es parecido a vos!!, mirá!!!; que despelote que hizo…. ja ja…..- reía el muchacho ante la antigua imagen que mostraba al  mujer del intendente de piernas abiertas debajo del paracaídas.

    – Andá a saber quién es…- dijo Pajarito Mossi  con indiferencia
    – Pariente nuestro seguro no es…. Los Mossi siempre le tuvimos miedo a las alturas-, remató Pajarito y cambió el canal.

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