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viernes, octubre 30, 2020
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    Rosita Casamayor de Lasalle: LA MODISTA DE LAS NOVIAS

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    DSC09777Famosa por su talento como creadora de los más lindos vestidos, inquieta, conversadora y divertida, una mujer completa de recuerdos y de vida.

     Rosita Casamayor es la hija número once de Balbina Fernández Martínez Martínez Blanco proveniente de Galicia y Augusto Casamayor, argentino con orígenes indios y suecos. Nació en Bordenave el 30 de agosto de 1932, bajo la tormenta de Santa Rosa.

    Su abuelo había llegado de su España natal a la Argentina y tenía una quinta en Bordenave con frutales y una completa huerta, fue a los diez años de residencia en el país que llegó su esposa con los dos hijos, Balbina de quince años, la madre de Rosita y el menor de 10 años que el padre no conocía aún.

    La primera parte de la infancia de Rosita fue en un campo en la zona de Bordenave, donde nació y luego en la quinta de su abuelo hasta los doce años.
    « Por la tormenta de Santa Rosa, que antes duraba quince días, mi papá no me puedo ir a anotar enseguida, le dijeron que me anote cuatro días después del nacimiento, el 4, pero él me anotó como nacida el 6 de septiembre porque en esa fecha habían derrocado a Irigoyen y él era conservador»; contó entre risas Rosita.

    Recordó que era una pequeña anémica que, en aquella época, era una enfermedad grave y por la que debió estar internada en Bahía Blanca por tres meses. «Muchos no se salvaban al tener anemia, yo me salvé gracias a mi mamá que no se movió de mi lado, fue así que empecé primer grado a los 9 años, cuando tenía doce vinimos a vivir a Pigüé porque algunas de mis hermanas ya estaban acá». «Y tuve que repetir cuarto grado en la Escuela Nº3 cuando la directora era Josefa de Villa Abrille, tuve de maestra a la señorita Haydé Champredonde, después a Pilar Galé y a la señorita Rolandi. Luego tuve la opción de estudiar para maestra, pero como me costaba mucho matemáticas y lengua y mis hermanas eran modistas, elegí el mismo oficio que ellas”.

    «Nosotros vivíamos enfrente al colegio Niño Jesús, en calle Humberto Primo, ahí teníamos el salón de costura»; comenzó así contando Rosita sobre sus primeros pasos en lo que sería su profesión y medio de vida.
    Fueron sus hermanas quienes le enseñaron los detalles iniciales para ser una excelente costurera, y eso fue.

    Modista

    Mientras la joven Rosita cosía cantaba, cantaba como Lolita Torres, esas canciones que sonaban en la radio en aquel momento, tan bien sonaba su voz que comenzaron a convocarla para cantar en las Romerías Españolas y otros eventos. «Había gente que me decía largá la aguja y andá a cantar a Buenos Aires, para mí era natural cantar, pero era imposible pensar en eso. El día que yo iba a actuar por primera vez, con 18 años, me había bordado la parte superior del vestido con lentejuelas, mi papá me pidió que le cantara a él solo, con el vestido, en el galpón de mi casa, pobre, a lo mejor él sentía que algo iba a pasar».

    «Al otro día a la mañana me llamó y se murió, esa noche por supuesto, no actué. Antes de morirse me había dado permiso para que atendiera a mi novio, diez minutos en la puerta»; recordó Rosita.

    Se había puesto de novio a los 17 años con Haroldo Lasalle, él tenía 15 años. A los 22 años se fue con su madre a Buenos Aires, a Montegrande donde vivía parte de la familia, allí compartió el hogar con su madre y dos hermanas solteras. Trabajó en principio en una casa de moda: « yo hacía el trabajo de pompier, que es la que hace los arreglos de los vestidos o trajecitos, después pasé a otra casa, Alejandra, y luego Marilú Bragance, que había sido de la bisabuela de Ludovica Squirru, era un lugar de mucho prestigio».

    «Ahí después dejé y me fui a un lugar de alta costura en Juncal y Uruguay, nosotras preparábamos las colecciones de otoño-invierno y de primavera-verano, alguien compraba vestidos en Europa, de grandes diseñadores de moda, nosotras íbamos a la casa y sacábamos el molde, los modelos no se repetían, ahí aprendí mucho sobre el manejo y las calidades de las telas»; contó la famosa modista.

    El amor

    Luego del fallecimiento de su madre, cuando Rosita tenía 30 años, comienza a recibir cartas de Haroldo, que parece que después de varios años, no había quedado en el olvido. Además, ya se habían visto durante el verano y él la había besado y le había confesado que la quería en un baile en el Cercle.

    «Así anduvimos dos años de novio, yo en Buenos Aires y él acá, hasta que nos casamos, el vestido de novia era de Dior, me lo regaló la casa donde trabajaba. Me acuerdo que estuve llorando como una año de tanto que extrañaba, entonces él, muy inteligente me mandó a la casa con mis hermanas, fuí recibida como la niña mimada que era, por toda la familia. Los vi a todos, toqué los muebles y me dije que ya estaba, me di cuenta que ya no era mi hogar, amaba a mi marido y volví feliz, y quedé embarazada, el 21 de mayo nació mi hijo Martín»; contó Rosita.

    Como era necesario su ayuda para mantener el hogar, la abuela de Haroldo le regaló la máquina de coser, en el hogar se vivía con humildad, aunque sin necesidades. La casa, ubicada en calle Darwin era pequeña pero, como podía y con mucha creatividad y talento, Rosita cosía hermosos vestidos y trajecitos para las señoras de Pigüé y la zona. Los vestidos de novia que pasaban por sus manos, que por décadas fueron complejos, han sido los más prestigiosos en la región. Es que sus manos eran muy exigentes y detallistas.

    « He llegado a trabajar hasta 30 metros de tela en un vestido de novia, trabajé hasta los 65 años, cuando mi hijo me anunció su segundo hijo, quería disfrutar de mis nietos».

    Luego de una enfermedad su marido se fue para siempre y Rosita siguió luchando y cosiendo.
    El punto final de la carrera de la modista de las novias fue inolvidable: un desfile organizado por Celia Minujín, entonces directora de la Escuela Especial, con treinta vestidos de novia que había confeccionado Rosita.

    Rosita, Hoy

    Pequeña, conversadora, alegre y coqueta, así es Rosita, una fanática lectora de novelas. Su pasatiempo favorito cuando está sola. Hoy, con 82 años, tiene amistades, va a la pileta a nadar y disfruta cocinar para sus nietos Mateo, de 18 años, Emilio de 15 y Eugenio de 6 años, hijos de su único hijo, Martín. Dice que Lucrecia, su nuera, es su hija del corazón.
    Para ella misma pretende una vida digna, con salud, y para su familia, toda la dicha posible y que Dios proteja a sus queridos nietos de la maldad que hay en el mundo.

     

     

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