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miércoles, abril 21, 2021
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    SALUD: LA CUESTION DE FONDO

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    edito webOtra vez el Hospital. En realidad, otra vez los médicos del hospital, Otra vez una denuncia de mala atención. Otra vez el escándalo. Fue el caso del pediatra hace unos días, el de una mujer quemada por un bisturí eléctrico hace tiempo y ahora un anestesista que toma del cuello a una paciente, quien es la vez empleada municipal.

    En medio, recibimos quejas por turnos a muy largo tiempo, por profesionales que no cumplen con su tarea correctamente y se han realizado más sumarios, como el caso del profesional que abandonó una guardia y se fue  a llevar a su hijo a un recital.

    Las autoridades sanitarias argumentan que las faltas personales no pueden empañar toda la labor que se realiza en salud pública en el distrito. Y es cierto. Con un nosocomio que supera las 10 mil consultas anuales, bien podría pensarse que se trata de casos aislados. Si se tiene en cuenta que los empleados de salud en el distrito rondan las 300 personas, es claro que puede haber «pícaros» que no realizan su tarea como corresponde-

    La pregunta es ¿Qué hacemos con esos casos, entonces?.
    La respuesta obvia sería: denunciar, investigar y sancionar con toda la dureza que permitan los elementos legales y administrativos a la mano. Por ahora, recién conocemos que se está transitando por los primeros dos pasos.

    Por otro lado, mal puede reducirse el análisis a contextualizar lo sucedido a una pelea «particular entre dos personas», como argumentó el director del hospital ante la consulta periodística luego de que tomara estado público lo sucedido.

    El hecho, es de suma gravedad porque un profesional abandonó su trabajo. En el cual, debía estar atendiendo y era el único anestesista en el distrito ese día por la licencia del otro especialista que trabaja en Pigüé. Por lo que parece, mintió para dejar su trabajo reprogramando cirugías a pacientes que merecían atención. Y mientras tanto, se fue a operar al sanatorio privado del que es accionista porque concurría allí un cirujano plástico. Osea, se dejó de atender  a los pacientes del hospital publico.

    Ente que de igual manera le pagaría su salario, para facturar al mismo tiempo atenciones en el sector privado.

    Y cuando la «picardía» fue descubierta, el profesional en cuestión no tuvo mejor idea que increpar a la denunciante, quien es a  la vez enfermera del HMP; y  terminó tomándola del cuello en zona de quirófano.

    Por donde se lo mire el hecho es grave. Gravísimo.

    Y lo es aún más cuando se analiza la cuestión de fondo. Es decir: la relación entre la salud pública y la salud privada en el distrito.

    Muchas veces, los diferentes actores políticos han hablado de «articular» lo público y lo privado, de compatibilizar el Hospital Municipal con la Clínica Privada y de no «superponer esfuerzos». Desde lo privado, alguna vez se contestó diciendo que el nuevo hospital no necesitaba habitaciones de «tanto lujo». Y  hechos como el que nos ocupa, vuelven a demostrar que ambos sectores son incompatibles. O mejor dicho, el Estado no debería ocuparse de compatibilizarlos.

    Básicamente porque persiguen fines distintos.

    El sector estatal debería tener como norte la mejor atención de la salud pública, sin escatimar recursos, inversión y esfuerzos. Sin importarle la condición económica y social del paciente. Para un política de salud gubernamental , por ejemplo, la prevención tiene que ser una prioridad. Puesto que los recursos invertidos allí hoy, generarán enormes ahorros en atención de enfermedades mañana.

    El sector privado, en cambio, necesita de enfermos como insumo básico para sustentar su actividad económica. Su fin, legítimo por cierto, es el lucro económico. Y para atraer «clientes» debe brindar una atención de excelencia, que lo posicione comparativamente por sobre el resto de las ofertas del resto del «mercado». Una persona sin recursos, nunca podrá ser «cliente» del prestador privado de la salud.

    En ese contexto, los profesionales de la salud cuentan con dos «campos de acción bien diferenciados». Pueden optar por la salud pública, que suele ser menos rentable o probar suerte en la parte privado asumiendo los riesgos empresarios correspondientes.

    En nuestro distrito, muchos profesionales se desempeñan en ambas esferas al mismo tiempo. Por un lado,  trabajan en el Hospital, el cual cuenta con excelente infraestructura y paga sueldo en tiempo y forma. (Tan magros no deben ser los salarios porque son pocos los médicos que dejan su lugar a las futuras generaciones de profesionales).

    Por otro lado, se desempeñan en le sanatorio privado, del que; muchas veces son accionistas. es decir dueños. Y también, atienden en sus consultorios particulares que son emprendimientos económicos privados.

    De tal manera que suele suceder que entre cumplir con la obligación como empleado municipal del Hospital y generar recursos en su empresa privada- sea esta el sanatorio o un consultorio- , se opte por lo más rentable. O suele pasar también, que los pacientes con buena cobertura social sean atendidos en lo privado y quienes no pueden pagar derivados al hospital público. Tal vez sea casualidad. Pero llama la atención que quien incide en la decisión del paciente de ir a un lugar o al otro, puede ser un profesional que es empleado en el hospital y accionista en la clínica.

    Para ser más claro aún: si un cliente me ofrece una publicidad y puedo decidir colocarle en un diario donde soy dueño y en otro donde soy empleado, ¿Dónde creen que terminará saliendo la publicidad?.

    Esa es la cuestión de fondo, que todos miran contemplativamente sin que nadie vea, al menos por ahora; un atisbo de solución para modificar las causas que generan siempre las mismas consecuencias. Si me preguntan a mi, prefiero médicos full time en  mi Hospital Público que ganen los mejores sueldos que podamos pagar. Y que vayan a trabajar con ganas al hospital de todos y para todos. Los otros, ojalá que tengan suerte en sus empresas de salud. Pero su éxito o fracaso, no debería ser nuestro problema.

    - Avisos -

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