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lunes, marzo 8, 2021
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    Sebastián Ferreyra: «la vida me está dando más de lo que me sacó»

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    Ferreyra•Sebastián integra  la selección argentina de levantamiento paralímpico de pesas y es un deportista destacado. Hace unos años quedó en silla de ruedas por un accidente cuando tenía 20 años y dice que, «cuando me pasó lo que me pasó pensé que la vida me ponía un freno, pero no, hoy voy entendiendo todo lo que pasé que fue un gran aprendizaje»

    Para recuperarse de una lesión en un hombro que le impide entrenar, Sebastián Ferreyra volvió por unos días a su Pigüé, excusa que también aprovecha para abrevar en sus afectos y recargar las pilas con el fin de encarar la última etapa del año que lo tiene residiendo en Mar del Plata como integrante de la selección argentina de levantamiento paralímpico de pesas, algo impensado un tiempo atrás para este joven que tiene 32 años recién cumplidos y que incursionó por primera vez en esta disciplina deportiva hace un año y medio y que ya está ranqueado como atleta profesional en el puesto número 27.

    Se lo ve mucho más delgado porque está decidido a llegar a 75 kilos, actualmente pesa 77, bastante menos que los 103 que pesaba hace 18 meses cuando aceptó la invitación del profesor Matías Bernatene para animarse a levantar sus primeras pesas.
    «Hoy estoy levantando marcas importantes, y esto me anima a soñar un poco más, de poder llegar a un juego parapanamericano y por qué no a un juego paralímpico? Y con entrenamiento se llega, pero mi primer meta es el parapanamericano de México 2014 y hoy ya estoy dando la marca mínima que son 145 kilos», cuenta Sebastián.

    Quien acota «cuando arranqué con esto pesaba 102, 103 kilos hace un año y medio, y hoy peso 77, tengo que llegar a 75 que es mi verdadera categoría por  mi contextura física», y también destaca «la categoría 75 kilos es la más fuerte y competitiva, por ejemplo en los últimos juegos paralímpicos, el que ganó la medalla de oro levantó 220 kilos».

    Y sobre esto puntualiza que quien logró este halago «es una persona que tiene más de quince años de entrenamiento, lo cual tiene mucho que ver, aunque quienes integramos la selección argentina venimos avanzando muy rápido», cuenta sobre el equipo que integra y que es algo totalmente novedoso ya que no existía una selección nacional de levantamiento paralímpico de pesas y el único antecedente fue un atleta que participó en la década del ’50.
    «Recién pudimos volver a un juego paralímpico este año cuando participó David Coronel en Londres», señala Ferreyra.

    Sus inicios

    «Lo que yo hacía acá era entrenar con Diego Kamelosky, y un día Ramón Olivera (el anterior Director de deportes), me propuso hacer un deporte, me invitó a lanzar disco, me enganché, me gustó y comencé a competir en los Juegos Bonaerenses donde pasaba directamente a la final en Mar del Plata porque acá en la zona no había chicos con mi discapacidad. Fuí cuatro años donde siempre logré una medalla y en los últimos dos me tocó estar en lo más alto del podio, y el último año que podía competir en los Bonaerenses, me contacta Matías Bernatene, el entrenador nacional de la selección argentina de pesas, él había empezado con un solo chico, Darío Villarroel de Jujuy, quien hoy lamentablemente no puede competir por un problema de agarre que tiene, él mide 1,25 y pesa 50 kilos. El año pasado logró ser el primer hombre en levantar cuatro veces su propio peso con 200 kilos, pero está pendiente un reclamo que hizo porque no lo dejan competir porque le falta una falange en cada dedo y no puede rodear la barra sino que la levanta entre los dedos, como una especie de horqueta», cuenta y que su compañero ya batió varias veces récords mundiales pero que no han sido homologados por esto que cuenta.

    Sebastián se animó a incursionar en una disciplina nueva para él, lejos de sus afectos pero tomándole el gusto a un desafío que remarca fue posible por el apoyo que le brinda la municipalidad, y que de hecho es actualmente su principal sustento económico.
    «Hoy la única ayuda que tengo es una beca que me da el municipio de acá, y realmente a mí me ayuda muchísimo», afirma y que en Mar del Plata todavía reside en un lugar que es de tránsito y al que llegó hace un año. «Estoy buscando un lugarcito para ir a vivir, porque donde vivo era algo pasajero y hace más de un año que estoy ahí».

    Sus metas

    «No pretendo ganar nada ni ser mejor que nadie, pretendo llegar a un juego panamericano y después a un juego olímpico», cuenta y también que aprovecha el tiempo libre para estudiar.
    «Se dan seminarios en el Polideportivo, y hay cosas interesantes que se pueden hacer y trato de aprovecharlo para contar con algo más el día de mañana. Lo primero que hice fue un instructorado de lo que es levantamiento olímpico y paralímpico, y este año hice otro sobre entrenamiento de la fuerza y musculación, y el otro que estoy haciendo está vinculado al manejo institucional como por ejemplo un club, una asociación o una fundación, y te da las herramientas como para ser un dirigente», señala y que también es el tesorero de la fundación Fuego Sagrado «ya conseguimos la personería jurídica, tenemos una página en internet, y estamos trabajando mucho, inclusive tuve la suerte de estar en la Casa Rosada cuando arribó la selección argentina después de los Juegos Paralímpicos de Londres, y le pudimos entregar a la presidenta Cristina Fernández una carpeta con el proyecto, y también nos reunimos con el Secretario de Deportes Social de la nación».

    «La verdad es que para nosotros es algo increíble todo lo que nos está pasando, porque conseguimos lo que habíamos ido a buscar, que alguien nos escuchara sobre lo que pretendemos con la fundación que es tratar de reunir una cantidad de atletas de alto rendimiento en levantamiento de pesas tanto olímpico como paralímpico y que tengan todo lo que necesiten», cuenta.
    «La verdad que me pasaron un montón de cosas en poco tiempo. Yo vivo el día como si estuviera perfecto, es más me siento perfecto, más allá de que no pueda caminar pero no pasa nada», afirma con una sonrisa.

    El accidente

    «Cuando me pasó lo que me pasó pensé que la vida me ponía un freno, pero no, hoy voy entendiendo todo lo que pasé que fue un gran aprendizaje, sigo aprendiendo y dándome cuenta que la vida hoy me está devolviendo todo lo que en ese momento me sacó, y es más, me devuelve tres veces más porque de estar en mi casa, sin saber qué hacer y de golpe hoy tengo un abanico de posibilidades», señala y que también siempre fue alguien inquieto y que la actualidad «me llena de alegría poder sentirme útil y hacer algo que realmente es para mí y también para otros».

    Sebastián sufrió un accidente laboral cuando tenía sólo veinte años y recién hoy se anima a contarlo, «tengo una lesión medular a la altura de la lumbar 11 y 12. Esa lesión me impide caminar, de la cintura para abajo no tengo sensibilidad. Mis piernas están totalmente sanas pero mi problema es la médula, y quedé en un estado como un bebé recién nacido y tuve que aprender todo, y hoy puedo decir que estoy plenamente recuperado, no como la gente común, sino con distintas cosas que uno va aprendiendo. Hoy me vienen a ver chicos de todo el país para que les enseñe y eso es lo más gratificante para mí, y también hay médicos que me están evaluando porque han encontrado en mí una calidad de vida que no todos los lesionados medulares pueden llegar a tener, y esto también para mí es nuevo, porque esto le puede servir a muchos chicos», afirma.

    «Lo que me pasó fue decisión mía, no fue culpa de nadie. Yo me jugué por salvar la vida de los otros que estaban ahí. Se voleó una máquina, yo ví que mis compañeros estaban ahí y me quedé. Tenía la posibilidad de tirarme abajo, es más lo pensé, pero me quedé y la soporté hasta donde pude, pero pesaba 850 kilos, y mis compañeros zafaron, y es algo que recién ahora me estoy animando a contarlo, no me gustaba hacerlo», cuenta en relación al accidente que sufrió hace más de una década en Salta donde se encontraba trabajando.
    «Cosas de la vida, casualidades, mi primer torneo argentino, el primer selectivo fue en Salta, así que volver exactamente al mismo lugar hizo que me pasaran miles de cosas por la cabeza, y ese día no sé de dónde saqué fuerzas y levanté diez kilos más de lo que estaba levantando», confía.

    «Tuve asistencia psicológica durante diez años, y hoy por suerte estoy dado de alta de todo gracias a Dios, lo cual para mí también fue una meta importante. Cuando me dijeron que iba a tener una rehabilitación de dos años y la hice en tres meses, me dí cuenta de que había algo más que podía hacer, y así lo hice, etapa por etapa durante estos más de once años que hace que estoy así, fueron un montón de cosas por las que pasé y que me llevaron a ser lo que soy actualmente», confiesa.
    El tránsito fue y sigue siendo duro «pero lo bueno es que siempre lo tomé del lado del optimismo, de lo positivo, que sabía cómo podría haber quedado o no, porque de ese lugar de donde salí no salen muchos, prácticamente casi nadie, y eso también me da paz y tranquilidad, y un plus de saber entender hacia dónde quiero ir. De aceptar lo que a uno le pasa, de cómo está, cómo se ve, que esos prejuicios que los tuve a todos, hoy puedo decir que estaba equivocado, porque una persona que se anima a transgredir, a saltar del otro lado del paredón, no hay nada ni nadie que te pare».

    Las barreras

    Sebastián tiene una visión particular de las barreras arquitectónicas que a veces suelen complicar el tránsito de cualquier persona, ya que él entiende que los obstáculos están para superarlos. «Yo voy a llegar como sea, no me fijo en lo que hay ni en lo que falta, y no me interesa, y eso es algo que hice desde el primer día, y obviamente que si te ponés a mirar faltan un montón de cosas, otras que se desconocen, pero adonde voy trato de pasarla de la mejor manera posible», afirma. Diciendo que aunque cueste admitirlo «hoy siento que mi vida cambió a través de lo que me pasó, y es muy doloroso porque de un día para otro te cambia todo, pero yo creo que la esencia de la persona nunca cambia, puede cambiar la forma de ser, la personalidad, pero la esencia no, y desde chico yo siempre tuve la mirada de ir para adelante y tal vez hoy se me note más».

    Su lugar

    «Mi lugar en el mundo es mi Pigüé, porque estar lejos y más allá de que trato y la paso muy bien, mi lugar está acá, y cuando como ahora tengo un tiro en el ala, vuelvo, cargo energías, las pilas con mi gente, con la que confío y con mis amigos que son de fierro», cuenta.
    Y que hoy entiende más a su hermano Matías cuando vivía una situación similar cuando integró la selección argentina de box amateur.
    «Siempre nos reímos porque él no es de hablar mucho, pero cuando lo dice, tiene razón, y por eso trato de escucharlo, lo vivió antes, lo pasó, y hoy entiendo mucho de lo que me decía de estar afuera, de lo bueno y de lo malo. Cuando nosotros le decíamos te tenés que ir a Buenos Aires, o al exterior y verdaderamente no hay nada mejor que el lugar de uno», afirma. Y que en estos días retorna a Mar del Plata para volver a entrenar con miras a un torneo internacional que se llevará a cabo a principios de diciembre en Fortaleza, Brasil.

    «Muchos me dicen que mi sueño seguro que es ir a un juego olímpico, y en realidad mi sueño es estar bien y disfrutar lo que hago. Si llega, llega, y yo lo voy a buscar y voy a dejar todo, pero mi sueño es estar bien, nada más», acota y finalmente agradece todo el apoyo que recibe de su familia, el municipio y la comunidad en general.

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