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    Sergio “El Flaco Philipp”: «todavía disfruto estar dentro de una cancha»

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    Foto_10A una edad en la que la mayoría mira los partidos del otro lado del alambre, el flaco Sergio Omar Philipp, que cumplió recientemente 39 años todavía se anima a copar la parada en el mediocampo, se ríe y confiesa «la idea del retiro siempre está, lo vengo analizando hace cuatro o cinco años, pero es difícil», y también «siempre que estoy adentro de una cancha lo disfruto».

    «Me siento bien, aunque se hace cada vez más pesado por el laburo, la familia, y es difícil porque fueron muchos años y por lo que hablé con varios, a todos les pasa», confiesa. Con la dificultad extra de que este año, viendo que era difícil tener un lugar entre los titulares en Peñarol, emigró a Deportivo Peñarol de Guaminí.
    «Pensaba retirarme acá en Peñarol, pero se dió lo de Guaminí y como yo acá iba a tener muy pocas oportunidades, y como uno hace un sacrificio muy grande, opté por irme a Peñarol de Guaminí, donde estoy contento y agradecido porque a esta edad uno no sabe cuánto más va a jugar», afirma. Y también «gracias a Dios en lo personal me fue bien aunque no en lo colectivo».

    «Jugar»

    «Sinceramente pensaba retirarme después del Argentino C, porque era como un premio para mí. Yo lo había jugado con Sarmiento en el ’97 y es una linda experiencia», confió y que «había hecho una pretemporada dura, estaba bien físicamente, pero la verdad jugué muy poquito y me quedaron las ganas porque sinceramente estaba bien, y no tengo nada que reprocharle a nadie pero no sé si me bancaba ser suplente, y es difícil porque yo me siento bien y sé que todavía puedo jugar». Y remarca que «a lo mejor hace unos años no sé si podría hacerlo, pero hoy veo que los pibes no están tan entusiasmados con el fútbol».
    «Todos los años cuando llega enero me agarran ganas de volver a entrenar, y el día que no tenga ganas no iré, me gusta estar bien físicamente, pero las ganas de jugar todavía las tengo y por eso es difícil», remarca y también que le ha tocado jugar con los hijos de algunos de sus viejos compañeros, y recuerda «cuando salimos campeones en el 2003 una de las mascotas era el Luli Acosta, y ahora juega en Primera, y por ahí uno se pregunta ¿qué hago acá?»

    Sus inicios

    El flaco nació en Espartillar. No hizo inferiores y comenzó a jugar directamente en la Reserva de Sportivo Belgrano, «lo que más recuerdo fue una final que perdimos con Unión Pigüé», y en 1995 llegó a Peñarol donde hizo toda su carrera en Primera, salvo un breve lapso en el que volvió a Belgrano cuando el azulgrana estaba en la B, y una vez que reforzó a Sarmiento en un Regional.
    «Venir a Peñarol fue algo extraordinario, porque jugar un partido con la cancha llena era algo distinto. En Espartillar siempre jugábamos con muy poca gente, y venir acá y estar en un clásico fue algo sorprendente», destaca y también que otra experiencia fuerte fue cuando lo tentaron para reforzar a Sarmiento en un Regional, lo que hoy es el Torneo Argentino».
    «Pocho Barú era el técnico de Sarmiento, habíamos perdido el clásico 6 a 0, me llama después del partido y me dijo que me iba a tener en cuenta y yo pensé que me estaba cargando, pero Pocho era un tipo serio y fuimos con el gordo D’angelo, también estaba Juan Manuel Ibarra, Sebastián Deni y fue una muy linda experiencia, jugar con Liniers de Bahía Blanca, Quilmes de Tres Arroyos, jugar con tribunas llenas y con los bombos y eso es algo único. Yo siempre digo que un partido regional son diez o quince partidos de acá de la Liga», recuerda.

    «Acá también me tocó jugar con mucha gente, varias finales, de las que me tocó ganar pocas, porque es difícil salir campeón», dice con una sonrisa el Flaco.
    Su primer técnico en Peñarol fue Rubén Farruggia, también tuvo otros como Freddy Parada, los inicios de Eduardo Salvi «y la verdad no tengo muy buena memoria», afirma y que le tocó vivir momentos gratos y otros difíciles como el descenso «yo justo llegué ese año, y fue complicado, estuvimos hasta el último partido y justo nos tocó descender con Sarmiento aunque ese partido yo no lo jugué», recuerda. Y también que en la comisión directiva de entonces había «gente grande como Teobaldo Pradilla, Ricardo Campaña, Rubén Velasco, y hoy hay chicos más jóvenes», compara.

    Philipp no jugó en la B por el azulgrana «porque me quedé sin trabajo acá y me fui a Espartillar de vuelta donde jugué ese año, y al siguiente volví a Peñarol donde gracias a Dios viví muy buenos momentos», dice y que fue una gran alegría salir campeón en  el 2003 «porque hacía muchos años que no se salía campeón, y ese era un muy buen equipo, con unas individualidades bárbaras con Bahl, Montenegro el Tili, y hasta el 2006 siempre tuvimos buenos equipos. Ese año perdimos la final con Independiente pero la verdad llegamos con muchos jugadores lesionados y golpeados».
    Actualmente entrena con Unión Pigüé, y agradece el gesto de Javier Maya y Fernando Táccari que le permiten hacerlo y cuando puede participa de alguna práctica de fútbol.

    De «rabona»

    Al flaco le tocó batallar en una zona en la que también tuvo que luchar para mantener el puesto de titular. «En el 2003 yo estaba muy bien, después vino el uruguayo Cardozo, pero yo siempre estaba ahí, y desde el 2007 para acá empecé a ser suplente y no estaba acostumbrado», confiesa y que su mejor año fue en el 2003, y también en 2006 y 2008 cuando fue elegido futbolista del año.
    No tiene muchos goles en su haber, pero algunos como el de rabona a Deportivo Sarmiento son inolvidables. «Cada tanto me gusta tirar una rabona, porque es de lo poco que sé hacer, y contra Deportivo me tocó hacer uno desde afuera del área, lo tengo grabado, y me sorprendí porque me felicitaron el árbitro y el arquero al que le había hecho el gol», señala y que es algo espontáneo «me sale en el momento, y es una cosa que practiqué siempre y me sale bastante bien».

    Temperamento

    Los años pasan pero el temple y la fibra son principales características de su forma de jugar «yo soy así, aunque sea un amistoso o si jugamos entre amigos, me sale dejar todo, aunque a esta altura ya regulo un poco», manifiesta. Y  agrega que «en un momento me peleaba en todas las canchas, y con el tiempo con aquellos que me peleaba me fui haciendo amigo, porque el fútbol tiene eso, te da más amigos que enemigos», y también que esas peleas siempre quedaron dentro de la cancha.
    El flaco es sodero de profesión, y entre sus clientes tiene a rivales «como el buche Cance y el vasco Oraindi, con los que nos peleábamos mal adentro de la cancha, y al otro día, el lunes tenía que ir, poner la cara y lo tomábamos así, y fueron de los jugadores con los que más me peleé, y los tenía de clientes, pero teníamos en claro que las peleas eran adentro de la cancha» cuenta.

    En otros años «había jugadores más hombres. Hoy a los quince años ya juegan en Primera, y es distinto. Yo cuando debuté en Primera estaba Carlitos Sánchez, y otros como Balercia, Bonsignore, Pedro Sánchez, y entonces tenías 25 años y en un vestuario no abrías la boca porque hablaban dos o tres, y hoy eso se perdió. Los pibes toman la iniciativa, les decís algo, te contestan y tenés que ir a los golpes de puño».
    Y de los rivales recuerda también a Hugo Caldera «porque chocar con él era como chocar con una pared, era todo fibra, durísimo, unos brazos terribles, te mataba».
    «Yo reconozco que no soy fácil, pero siempre quedó adentro lo que pasó. Hoy estoy más tranquilo y noto que lo disfruto más y trato de jugar más y no pelearme tanto», afirma y también «siempre digo que en un plantel tenés que tener jugadores de buen pie y que raspen, y por ejemplo a Eduardo Salvi le gusta jugadores de buen pie, y yo tengo lo mío que pasa más por el quite, el despliegue. Y sé que un equipo con un buen ‘5’ tiene más posibilidades de jugar bien», y que no tiene referentes «miro fútbol todo el día, pero yo entro a la cancha y me olvido de todo».

    Amigos

    «Con Bahl tenía muy buena relación, también con Taquito Belleggia todavía nos hablamos por teléfono, y el fútbol me ha dado muchos conocidos pero los amigos amigos son pocos. Por ejemplo a Federico Pradilla lo conocí en el 2003, y hoy tengo una relación de amistad, se puede decir que me he hecho puesto de titular. «En el 2003 yo estaba muy bien, después vino el uruguayo Cardozo, pero yo siempre estaba ahí, y desde el 2007 para acá empecé a ser suplente y no estaba acostumbrado», confiesa y que su mejor año fue en el 2003, y también en 2006 y 2008 cuando fue elegido futbolista del año.
    No tiene muchos goles en su haber, pero algunos como el de rabona a Deportivo Sarmiento son inolvidables. «Cada tanto me gusta tirar una rabona, porque es de lo poco que sé hacer, y contra Deportivo me tocó hacer uno desde afuera del área, lo tengo grabado, y me sorprendí porque me felicitaron el árbitro y el arquero al que le había hecho el gol», señala y que es algo espontáneo «me sale en el momento, y es una cosa que practiqué siempre y me sale bastante bien».

    Temperamento

    Los años pasan pero el temple y la fibra son principales características de su forma de jugar «yo soy así, aunque sea un amistoso o si jugamos entre amigos, me sale dejar todo, aunque a esta altura ya regulo un poco», manifiesta. Y  agrega que «en un momento me peleaba en todas las canchas, y con el tiempo con aquellos que me peleaba me fui haciendo amigo, porque el fútbol tiene eso, te da más amigos que enemigos», y también que esas peleas siempre quedaron dentro de la cancha.
    El flaco es sodero de profesión, y entre sus clientes tiene a rivales «como el buche Cance y el vasco Oraindi, con los que nos peleábamos mal adentro de la cancha, y al otro día, el lunes tenía que ir, poner la cara y lo tomábamos así, y fueron de los jugadores con los que más me peleé, y los tenía de clientes, pero teníamos en claro que las peleas eran adentro de la cancha» cuenta.

    En otros años «había jugadores más hombres. Hoy a los quince años ya juegan en Primera, y es distinto. Yo cuando debuté en Primera estaba Carlitos Sánchez, y otros como Balercia, Bonsignore, Pedro Sánchez, y entonces tenías 25 años y en un vestuario no abrías la boca porque hablaban dos o tres, y hoy eso se perdió. Los pibes toman la iniciativa, les decís algo, te contestan y tenés que ir a los golpes de puño».

    Y de los rivales recuerda también a Hugo Caldera «porque chocar con él era como chocar con una pared, era todo fibra, durísimo, unos brazos terribles, te mataba».
    «Yo reconozco que no soy fácil, pero siempre quedó adentro lo que pasó. Hoy estoy más tranquilo y noto que lo disfruto más y trato de jugar más y no pelearme tanto», afirma y también «siempre digo que en un plantel tenés que tener jugadores de buen pie y que raspen, y por ejemplo a Eduardo Salvi le gusta jugadores de buen pie, y yo tengo lo mío que pasa más por el quite, el despliegue. Y sé que un equipo con un buen ‘5’ tiene más posibilidades de jugar bien», y que no tiene referentes «miro fútbol todo el día, pero yo entro a la cancha y me olvido de todo».

    Amigos

    «Con Bahl tenía muy buena relación, también con Taquito Belleggia todavía nos hablamos por teléfono, y el fútbol me ha dado muchos conocidos pero los amigos amigos son pocos. Por ejemplo a Federico Pradilla lo conocí en el 2003, y hoy tengo una relación de amistad, se puede decir que me he hecho amigo por nombrarte a uno que conocí hace poco, y el fútbol me dió ese amigo, a Fede, con el que compartimos cenas y muchas cosas», afirma.
    Siempre de buen humor en los entrenamientos, las bromas del flaco son un clásico, «es algo que me gusta y ahora en Unión también hago alguna joda, y en Peñarol hice muchas, y es algo que se extraña porque en Guaminí nos vemos nada más que los domingos y es otra cosa, si a veces ni los nombres les conozco».

    El final

    «No soy de guardar mucho sobre mí, mi vieja por ahí lo hace, y es que a mí no me gustan mucho las notas. En el 2008 tuve la suerte de salir futbolista del año y no fuí a retirar el premio, y no fuí porque  no me gusta. Tuve la suerte, les agradezco a quienes me votaron, pero a mí me cuesta mucho tener que ir y hablar, aunque adentro de la cancha hablo diez veces más», dice.
    «Creo que el día que deje de jugar al fútbol no sé si voy a volver a ir a la cancha por un largo tiempo, porque me parece que uno como que se satura.. Por ejemplo en este Repechaje donde nosotros quedamos afuera ni fuí a la cancha, porque el tema es que me agarran ganas de jugar, por eso creo que el día que deje voy a optar por otra cosa», afirma sobre lo que hará después del retiro.

    Y agrega que «ni siquiera creo que vaya a ir a jugar al Guillermo Palma, porque siempre digo que el día que deje voy a dejar, porque jugar en Primera es algo único, tuve la suerte de jugar muchos años. Y hoy todavía cuando no juego estoy nervioso, ansioso, todavía lo sigo sintiendo como cuando tenía veinte años. No hay nada más lindo que llegue el domingo e ir a jugar».
    Y sobre el hecho de ser el jugador con más edad en el torneo local confiesa «no me fijo en eso, sé que estoy bien, mis amigos y mi familia me apoyan, por eso el día que sienta que no doy más voy a dar un paso al costado, y siempre lo cargo a Hugo Caldera que creo jugó hasta los 41 años, y le digo que le voy a superar el récord, así que el año que viene voy a ver», afirma.

    «Gracias sobre todo a Peñarol, y a gente de Sarmiento, y más allá de las rivalidades, me tocó conocer mucha gente a la que le estoy muy agradecido porque conmigo siempre se han portado bien, y tener siempre presente a tus amigos y tu familia, a los que uno les dedica poco tiempo porque el fútbol te resta tiempo pero te regala muchas otras cosas», dice finalmente.

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