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martes, marzo 9, 2021
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    imagenes_bochaspor walter ditrich (walter@semreflejos.com.ar) Teodoro Di Benedetto, más conocido como Don Teo; era fanático de las bochas. Su vida, se dividía entre lisas y rayas. A lo único que se había arrimado los últimos 50 años que no fuera el bochín, fue a Doña Ofelia; su mujer. Quien, más que estar orgullosa de la pasión de su esposo por el «deporte blanco»; refunfuñaba porque a su marido nunca le importó otra cosa. «Primero están las bochas, y a mi que me parta un rayo!» se quejaba la mujer.

    Don Teo, asegura que trajo el juego de las bochas desde Europa; donde aprendió a jugarlo. En las mesas del club ; suele contar que vino a la Argentina jugando a las bochas en el barco. Aunque cuesta creer que el Capitán soportara un bochazo en la cubierta de un trasatlántico Y la verdad, es que canchas de bochas no se tienen vistas en los cruceros de ayer ni los de hoy.

    Junto a otros tanos tan laburadores como él, Don Teo fundó el club Sociedad Italiana. Donde; por supuesto; lo primero fue construir una cancha de bochas. Esa primer cancha era de tierra apisonada, y tablas de madera. Luego se fueron agregando arena y otros preparados para mejorar la superficie. Se agregó una segunda cancha,; se techó el predio y llegaron el gimnasio, la sede social y todo lo que con enorme esfuerzo la actual comisión directiva sostiene.

    Don Teo, fue durante décadas el mejor jugador de la primera de Sociedad Italiana. Además de Presidente algunas veces y dirigente desde hace medio siglo. La mayoría de los ladrillos que hoy cubren el club pasaron por sus manos. Porque cuando Teo se bajaba del andamio que le dio de comer toda la vida; venía al club a preparar la mezcla para edificar esa obra que tanto quiere.

    En la semana «el laburo»; los sábados los partidos de bochas y los domingos siempre algo había que hacer en club. De tal forma que Ofelia solía ver a Teo por las noches, si es que lo esperaba despierta.

    Las bochas y el club apasionaron tanto a Teodoro; que el tano fue relegando a su familia. Quizás por ello, su mujer y Ulises; su único hijo; no quieren ni escuchar hablar de lisas y rayadas. Nunca pisan el club, lugar que les produce una especie de alergia.  Todo el tiempo que les restó a ellos para dárselo a la Sociedad, Don Teo intentó recuperarlo  con su nieto Braian.
    Braian Di Benedetto aprendió a gatear en la arena de la tercer cancha que construyó su abuelo cuando el club compró el terreno del fondo. De chiquito fue aprendiendo los secretos del arrime; la destreza de un buen bochador; y fue un experto baqueano conocedor de todas las caídas de las canchas de Sociedad.
    Braian llegó a jugar junto a su abuelo con la camiseta; o mejor dicho la chomba  de Sociedad Italiana. Abuelo y nieto no sumaron trofeos grandilocuentes; pero siempre fueron rivales de temer.

    Los años fueron pasando y a medida que deshojó abriles, Don Teo fue perdiendo rendimiento en el deporte de sus amores; aunque nunca mermó su entusiasmo. Viviendo la adolescencia, Braian dejó ese «deporte de viejos» y pasa sus días «choteando en la computatora» como dice su abuelo; poco amigo de la tecnología. Probó con fútbol; con vóley y hasta con tenis; pero el nieto de Don  Teo pronto comprendió que lo suyo no era el deporte y se decidió a invertir horas de nada en el ciber espacio.
    Ese sábado, el club Sociedad Italiana se vestía de fiesta. Porque se estaba inaugurando la primer cancha de bochas sintética de la ciudad. En su mesa de siempre, sentado de piernas abiertas; Don Teo llevaba puesto el pantalón blanco, la chomba verde del club y las alpargatas blancas. Pero rezongaba por lo bajo.

    – Don Teo, déjese de renegar y disfrute este momento….-, le decía el cantinero
    -Má que disfrute,  ni disfrute!!! …. ¿Dónde se ha visto una cancha de bochas con piso de plástico?….-
    – Sintético!, don Teo, sintético, se llama….-
    – Se llame como se llame….. La bocha sale como un misil en ese plástico de porquería… Tirás un bochazo y no hace ni pozo!; no tiene caída; cualquier salamine juega en una cancha de esas,, Má de dónde la sacaron?; la inventaron los japoneses?- maldecía Don Teo.
    Casi se encadena al portón de club, cuando la comisión tomó la decisión de colocar superficie sintética sobre la cancha más antigua de la institución. Esa que Teodoro y sus amigos tanos apisonaron a sudor para iniciar Sociedad Italiana. Costó convencerlo. Pero cuando desde la asociación se intimó con la desafiliación sino se adecuaban a las nuevas disposiciones de la confederación nacional; don Teo cedió.

    Aunque, porfiado como él solo,  no juega en la «cancha de plástico». En rigor, hace rato que dejó de jugar oficialmente. Pero,  cuando puede juntar cuatro despunta el vicio con algún partido en «la cancha de verdad, donde hay que saber jugar; no en esa  cancha de goma donde juega cualquier tarambana!», se queja don Teo.
    Quien ya adivina que las viejas canchas de arena desaparecerán con su generación. Es que ya cuesta armar un partido por semana;. Porque los torneos se juegan en sintética y los jugadores que compiten deben entrenar para acostumbrarse a esa nueva superficie.

    – Cómo sigamos así con las canchas de plástico, en cualquier momento a lo único que se va a poder jugar es al tejo en la plaza, lo parió!», mascullaba Don Teo. En eso estaba, cuando vio ingresar a su nieto Braian por el buffet.
    -¡ Mio figlio!- . dijo contento el viejo; y se le iluminó la cara. El pibe lo saludó rápidamente. Se le notaba la incomodidad de un ambiente que no le resultaba agradable
    Don Teo,  rápidamente comprendió que el nieto no había venido a participar de ese día tan especial junto a él. El chico explicó rápido que quería ir a un fiesta en el otro pueblo y que necesitaba plata y bla bla bla. El viejo sacó su billetera con torpeza y sus manos callosas extendieron un billete hacia los dedos finitos del adolescente.

    – Gracias, abue – dijo él y se acomodó el flequillo por quinta vez en un minuto, Giró para irse, pero el viejo lo frenó con voz de compinche
    – Ya te vas?,… no te querés jugar un partidito con el Nono, como cuando eras bambino?… Hay un torneo en la cancha de plástico nueva. Así les demostrábamos cómo se juega!.. ¿Te quedás?, es a 15 nada más?- dijo Don Teo en gesto casi de ruego.
    – No puedo, abue,… Me tengo que ir.. Otro día, ¿Si?- se despidió el nieto y salió rápido.
    – Otro día, otro día…… Otro día que necesite plata me viene a ver y se va picando a la computatora…- se quejó el viejo y volvió a girar la cáscara de los maníes con los que jugaba desde hace rato.
    – Y?… ¿No va a jugar Don Teo?.. No me diga que justo hoy, no juega?… Déjese de embromar con que no le gusta la cancha nueva  y juegue…. Aunque sea para la foto…..-le pidió el Presidente del club al viejo fundador antes de empezar el torneo inauguración.
    – Mi compañero se me fue……. y además,  esas canchas modernas no son para mí… Capaz que chamboneo un bochazo y la rompo antes de empezar a usarla…Jueguen ustedes. Yo me quedo mirando un rato, – explicaba el viejo.
    En ese momento, su nieto Braian volvió a ingresar al club. Es que cuando pisó la vereda, recibió un sms de su madre recordándole que invitara a su abuelo a almorzar al otro día, porque sería su cumpleaños número 77.
    El pibe maldijo su mala memoria y volvió sobre sus pasos con desgano. Cuando vio a todo el club rogando a su abuelo dar el «bochazo» inicial; comprendió que algo importante pasaba. Recién ahí levantó la vista y vio un reluciente cartel con la leyenda: «COMPLEJO BOCHÓFILO TEODORO DI BENEDETTO». A los lados, el escudo verde de Sociedad Italiana sobresalía brillante y hermoso.

    Braian comprendió. Se abrió paso entre los asistentes y tocó el hombro de su abuelo,  quien lo miró con sorpresa.
    – Vengo a jugar el torneo con vos, abue… Pero no tengo alpargatas….-, dijo el pibe al oído del homenajeado.
    Conteniendo la emoción el viejo lo invitó a la cancha:. -No importa!, jugá en zapatillas.. Si la cancha es de plástico!- le dijo sonriendo.
    Al rato, le primer bochazo sonó estruendoso y Don Teo levantó la mano agradeciendo el aplauso. Detrás suyo, su nieto lustraba una bocha negra para intentar el primer arrime.
    Aún hoy, un recorte amarillento sobresale en el modular del living de Don Teo. Está encuadrado y colocado en lugar preponderante, delante de trofeos y medallas. «LA NUEVA CANCHA SINTETICA DE SOCIEDAD ITALIANA LLEVA EL NOMBRE DE TEODORO DI BENEDETTO»  dice el título del recorte del periódico. En la foto, se lo ve a don Teo en la cancha «de plástico»; esa que aborrece. Y se puede leer en la crónica que salió último en el torneo inauguración. Pero, a pesar de  todo,  la sonrisa de oreja a oreja del tano, se sale del recuadro.

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