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domingo, febrero 28, 2021
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    DSC07639• Para estos veteranos de guerra, un viaje postergado y necesario para curar las heridas de hace 30 años.

    Después de 30 años Alfredo Arley y Carlos Ortíz, veteranos de guerra de Malvinas volvieron al territorio que marcó un antes y un después en sus vidas, al lugar donde dejaron a compañeros y amigos enterrados y recuerdos, recuerdos que estaban ahí, esperando para aparecer, para ayudar a un fuerte proceso de revisión, para calmar una batalla interna  que afloró como una luz en una larga oscuridad en un torbellino de sentimientos. El viaje fue realizado entre el 10 al 18 de noviembre.
    Fue pensado y auto rechazado a veces, se dio ahora, en el 2012, cuando tenía que ser, lo fueron preparando de a poquito junto a veteranos de Coronel Suárez y un historiador.
    « Fue en marzo, abril cuando lo hablamos más en firme y conformamos el grupo que viajamos, Oscar Tevez de Coronel Suárez, que es historiador de la Causa Malvinas, Hugo Coronel, de Colina, veterano de guerra del batallón de Comunicaciones 181, un amigo: Horacio Capella y nosotros»; comenzó contando Carlos Ortíz, para añadir que el viaje fue financiados por ellos mismos.

    El regreso

    Alfredo Arley no era partidario de volver a las Islas Malvinas, pero sabía que una de las cosas con las que se iba a encontrar era esa bandera que sus ex compañeros habían dejado en su posición de guerra para que la busque él mismo. Esa bandera enterrada en el corazón de Monte Longdon, fue un incentivo para el retorno.
    «Después de mucho procesarlo a ver si quería volver o no, creo que más que nada lo necesitaba, me gustó el grupo que habíamos conformado, estuvimos siete días en las islas, recorrimos 600 kilómetros en auto, hicimos entre 70 y 80 kilómetros a pie, no dejamos de recorrer ningún campo de batalla, el cementerio y nuestras posiciones que era uno de los lugares que más necesitábamos estar, en mi caso fui dos veces, sentí la necesidad de volver solo, realmente me hizo muchísimo bien, nunca pensé que en lo personal me iba a ayudar tanto». «Venía muy en decadencia con el tema, cada vez lo recordaba más y me hacía mucho mal, siempre me  acordaba de las palabras de mi abuelo, que era un veterano de guerra, de la Primera Guerra Mundial, era inglés, una vez lo vi que se le caían las lágrimas, yo tendría 14 años y le dije que se quedara tranquilo, que la guerra había terminado, me miró y me dijo: con el tiempo más te acordás y más mal te hace, eso es lo que me estaba pasando, creo que a todos»; relató Alfredo Arley.
    Y reconoció que el estar en el lugar ayuda a revisar las acciones que se hicieron durante la guerra de 1982, responderse a preguntas con respecto a lo que se podría haber hecho y sacarse culpas.

    «Pincharse
    una herida»

    Arley reconoce también que, en alguna medida, volver al sitio donde combatieron fue como «pincharse en la herida», pero ahora sabe que fue absolutamente necesario para limpiarse y lavarse con millones de lágrimas derramadas en suelo malvinense.

    « Recorrí mi lugar de batalla unas veinte veces y es una película que volvés a ver porque te acordás de cada una de las personas donde estaban, de los gritos, de todo, realmente es como ver la película que viste hace 30 años. Pero hace mucho bien porque empezás a descargar un montón de culpas, es ir y rendirle a nuestro queridos centinelas, el homenaje que nunca habíamos podido. La carga que llevamos dentro es muy pesada, fuimos a abrazar un pedazo de nuestra historia, antes yo no podía hablar de esto, hoy lo veo desde otro punto de vista, pudimos descargar y nos dimos cuenta de que lo que hicimos, lo hicimos bien»; contó Arley. Y  agregó que lo vivido en estos ochos días y lo significa ahora en su vida, no lo pudo haber «descargado» en un consultorio de un Psicólogo.

    Muchos de los lugares que recorrieron los ex combatientes se encuentran igual que hace 30 años, incluso, con algunos elementos que dejan huellas de la guerra.

    «No quería ir»

    Por su lado Carlos Ortíz manifestó que, como muchos ex combatientes, él se había planteado no ir a las Islas Malvinas hasta que no se pudiera viajar sin pasaporte, pero al cumplir 50 años su idea cambió: « ahí me dije nadie la tiene comprada, hace 30 años Dios me dio la posibilidad de volver, pero no sé si mañana al cruzar la calle se termina todo.. Entonces pensé que no me quería ir del mundo sin haber vuelto, me hizo muy bien haber ido, cuando volvimos, en Río Gallegos, nos encontramos con unos amigos que hacía más de veinte años no veía, me dijo la esposa de mi amigo: tenés la misma sonrisa; a lo que respondí: no, recuperé la sonrisa».

    « El viaje me replantea muchas cosas ahora, volví al lugar donde hace 30 años me podría haber quedado, para siempre y recordar cosas que en todo ese tiempo, no me acordaba, soy católico no practicante, pero hay cosas que le adjudico a Dios, no hay casualidades.. Por ejemplo Alfredo se encontró con un oficial de su mismo regimiento, nosotros bajando un cerro y él subiendo con su hija el mismo cerro, ellos habían viajado en el mismo vuelo»; dijo Carlos Ortíz.

    Alfredo Arley dijo que el oficial con el que se reencontró había viajado en el mismo vuelo que ellos pero no se habían reconocido, la hija se acercó a preguntar si eran veteranos de guerra y así fue como se reconocieron: « cuando yo digo que era del Regimiento 7 de Infantería, me dice ¿no te acordás del  SubTeniente Dalmedo?» rememoró Arley.
    El veterano de guerra relató que el Monte Longdon, donde él combatió, lo encontró igual: « el día que estuve en mi posición no podía parar de llorar, parecía que al tocar la piedra que nos hacía de refugio, me hacía recordar a todos, éramos tres los que estábamos en ese lugar natural. Entonces cuando uno estaba de guardia, el otro dormía, y ahí guardábamos algunos utensillos, como antes no podía explicar lo que era una guerra,  tampoco puedo decir lo que es la post guerra, el pelear contra la oscuridad que hay en uno».
    « Porque no sabés lo que te hace mal, antes me despertaba en el mejor día, salía y mientras todo estaba bien, de pronto aparecía un click que cambiaba el día, ahora en dos semanas que volví, eso no me pasó en estas dos semanas, al contrario, puedo estar hablando de esto, con orgullo»; señaló Alfredo Arley para agregar que desea que todos los ex combatiente puedan volver al lugar donde combatieron.

    Si bien el grupo que viajó con Alfredo y Carlos había realizado un cronograma de recorrida en la isla, el primer día, al salir a caminar, bajan al muelle de la ría de Puerto Argentino: « yo no me acordaba de muchas cosas hasta estar ahí,  y ese lugar me trajo el  primer recuerdo, mirando el mar me acordé que hacía treinta años pensé que del otro lado de ese mar estaba mi casa, fue un momento muy fuerte para todos, fue volver a sentir ese viento frío, fue decir: acá estamos; Dios nos llevó en ese momento al muelle, no lo habíamos planificado, ahí estuvimos el último minuto en el ´82, porque fue de donde salimos para embarcar y volver al continente»; dijo Ortíz.

    Reconoció también que el momento más fuerte que vivió en Malvinas fue cuando fueron al Cementerio Argentino en Darwin, un lugar imponente, que no se ve desde Puerto Argentino ya que a los pobladores, según contó, les incomoda que hay argentinos enterrados en el lugar.

    «En el cementerio fue a ver a un soldado que murió el 12 de junio, Juan Domingo Riberger, que era de Tigre, y en el período de instrucción estaba en mi grupo, durante estos 30 años, para mí, era mi soldado que había muerto, porque lo había formado yo, entonces hablar con él, pedirle perdón por el olvido, el de la sociedad, de los gobiernos, y llorar ante su tumba y dejarle cosas significativas, para mí fue muy fuerte. Pero también me alivió el hecho de estar ahí, cuando uno está ahí, se siente más, interiormente siento que cierro un capítulo de mi vida, era una cuenta pendiente, la otra parte es la de continuar haciendo cosas para la causa de Malvinas para que el tema siga vigente, seguir hablando con los chicos».

    La bandera

    Como contamos en un párrafo anterior, en el 2010 compañeros de Alfredo Arley le habían dejado en su posición una bandera argentina para que él mismo vaya a buscarla; así lo hizo: « la bandera que me la habían dejado entre medio de unas piedras, envuelta en bolsas para que no se deteriorara, la pude traer, para mí fue muy lindo haberla encontrado y que me la hayan dejado mis compañeros para mí».

    Por otro lado Alfredo Arley contó que en la Isla había varios veteranos de guerra ingleses ya que, por esa fecha, se conmemoraba el Día del Veterano de Guerra Inglés, y destacó que son muy respetados. Asimismo se sintieron halagados al ingresar a un restaurante en la isla donde sólo había tres lugares, como ellos eran siete, los comensales isleños e ingleses se acomodaron para hacerles lugar.

    «Después de 30 años buscaba volver bien, necesitaba estar bien con mi familia, son ellos los que vienen soportando parte del peso, sólo otro veteranos de guerra sabe como nos quebramos, que hay días de silencio, a veces le arruinamos una pequeña fiesta que pueda haber en la familia por esa oscuridad, entonces fui por mí, para descargar tantas cosas, para poder llorar y hablar con cada uno de los compañeros que quedaron allí, no hay forma de explicar todo lo que se siente»; dijo Alfredo Arley.
    Para confiar que, a partir de este momento, su vida tendrá más claridad: «pude encontrar la paz que fui a buscar, quiero que mi esposa e hijos me vean bien porque sufrieron mucho también».

    Mientras que Carlos Ortíz manifestó que si bien se cierra un capítulo en su vida, se refuerza en él el sentimiento de que las Islas Malvinas son argentinas: « para mí ver las cruces y las placas refuerza más el sentimiento de la propiedad, el compromiso sigue más fuerte que antes, tal vez pueda volver con mi hijo o esposa, nos fue muy bien, a mí me hizo muy bien»

    ver el album de fotos en nuestro FACEBOOK100_1624100_1815DSC07496DSC07666DSC07671DSC07671DSC07730P1060589

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